Gaztelu resultó ser de la Edad de Hierro

Varios de los miembros de la excavación, junto a uno de los círculos de Larte, el pasado noviembre/
Varios de los miembros de la excavación, junto a uno de los círculos de Larte, el pasado noviembre

Intrigada por el nombre de lugar, Mertxe Urteaga ha dado con un poblado de hace 2.500 años

FELIX IBARGUTXISAN SEBASTIÁN

La Fundación Arkeolan ha descubierto otro poblado fortificado de la Edad de Hierro en territorio guipuzcoano, en la cima del monte Erroizpe y en sus aledaños de Larte. Ambos enclaves están en el pueblo de Gaztelu, en Tolosaldea. Se trataría de un poblado habitado hace ahora 2.500 años.

Como en otras tantas ocasiones, la primera pista la dio la toponimia, el nombre de Gaztelu (vocablo euskérico para designar el castillo). «Hace mucho tiempo que estaba interesada por ese nombre de lugar. En el siglo XIX, el historiador Pablo Gorosabel, en su 'Diccionario Histórico-Geográfico', habla de unos restos de un castillo, que todavía eran visibles en esa época. Luego, bastante más tarde, un vecino de Berastegi me dijo que Gorosabel se había basado en un dato que aparece ya en el siglo XVII, en los Fueros de Gipuzkoa», nos ha comentado Mertxe Urteaga, de la Fundación Arkeolan, y directora de las excavaciones que ahora son noticia.

Así pues, la tradición de un castillo existía en Gaztelu desde hace muchas generaciones, pero cuando hace más de un cuarto de siglo Mertxe Urteaga apareció por allí no encontró nada. «Luego seguí trabajando, y si trabajas siempre acabas sabiendo cosas. Seguí investigando en torno a lo que se llama Castellum -que es nominativo neutro- y su plural: Castella. Cuando el imperio romano se desintegró, se desmoronó aquella red de ciudades unidas por carreteras y puertos, y entonces surgen las 'castella', es decir, fortificaciones que marcan la transición del mundo romano al medieval. Yo creía que ese topónimo de Gaztelu podía responder a una edificación de esa época premedieval. Mucho después -en 2011, revisando ortofotos de la Diputación y cartografía LIDAR- localizo un emplazamiento muy peculiar en la cima del monte Erroizpe y en sus aledaños, en un lugar llamado Larte», relata Mertxe Urteaga.

A partir de ahí, todo fue bastante rápido. Al año siguiente, en 2012, se realizaron varias catas arqueológicas, y descubrieron cimentaciones de muros que parecían estar destinados a fortificaciones. Se reconocieron tres anillos circulares de unos diez metros de diámetro, y muros de un metro de anchura. Además, se realizó una pequeña excavación en uno de esos círculos.

Un año más tarde, en otoño de 2013, y con la colaboración de vecinos de Gaztelu, a los que se sumaron varias personas de Berastegi y de Tolosa, se trabajó en 'auzolan' en uno de los anillos, y se descubrió gran parte de su planta. También se abrió una cata arqueológica, que permitió reconocer sedimentos de origen humano con restos de carbones, cerámica y huesos.

«La ausencia de un museo de arqueología es algo muy negativo. Lo he dicho ya tantas veces... Yo me esfuerzo siempre en trabajar la vertiente social de las excavaciones, y en este caso también hemos incidido en esa vertiente social y pedagógica. La gente se apuntó a colaborar en auzolan después de que yo diera una conferencia allí mismo, en Gaztelu», prosigue la arqueóloga.

«Muchísima suerte»

«Tuvimos muchísima suerte -añade Mertxe Urteaga-. Bastó con levantar el tepe, la capa de hierba con raíces, para dejar a la vista tres cuartas partes de uno de los círculos. Y a los treinta centímetros de profundidad encontramos sedimento arqueológico con carbón suficiente para hacer la datación. Enviamos una muestra muy pequeña -ni siquiera tres gramos- a la Universidad de Uppsala, y nos dío una antigüedad de 2.500 años». Las labores han contado con la ayuda económica de la Diputación Foral de Gipuzkoa.

El viernes de la semana pasada, la arqueóloga acudió a la sociedad cultural Txispiri de Gaztelu, para dar noticia de la datación llegada desde Uppsala. La noticia fue recibida con agrado por los vecinos.

Urteaga quiere proseguir este año con una nueva campaña: «Apuesto por mirar los otros dos círculos». No es una zona fácil para llevar a cabo trabajos arqueológicos de envergadura, porque los accesos son complicados.

Además de los tres círculos de Larte, a pocos metros de allí, en la cima de Erroizpe, también hay restos. «Es un mismo complejo. No se puede entender Larte sin Erroizpe, y al revés», manifiesta Urteaga, quien cree que es muy posible que el lugar fuera habitado también más tarde, en la llamada época oscura, la que va de los siglos V al X. Urteaga es la cabeza visible de Arkeolan y la fundadora del museo romano Oiasso de Irun. Buena parte de sus investigaciones han sido en torno a la civilización romana en el País Vasco, pero siempre mirando de reojo a épocas anteriores: «Si quieres estudiar lo romano no tienes más remedio que investigar también lo anterior. Ahora mismo estamos detrás de la Oiasso prerromana, y también hemos trabajado en la época prerromana de Urbia y de Aralar».

Ahora, en Semana Santa, Urteaga irá a trabajar a la ciudad de Pompeya, al igual que lo ha hecho en los tres años anteriores, y siempre en coordinación con una universidad chilena. Luego, en verano, seguirá excavando en una ferrería del siglo XI de la zona de Arditurri.

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