Año 1918

MANUEL CABRERA

Nuestra propia vida y nuestras relaciones intersociales están -hasta extremos que el poder quiere que sean poco conocidos- permanentemente predeterminadas en el limitado ejercicio de nuestra libertad. Tanto en la industria como en el comercio son impagables los programadores informáticos. Ellos crean mecanismos que, mediante impulsos electrónicos, establecen cómo nuestra lavadora ha de funcionar limpiando la ropa en medito frio, o en caliente o en modo plancha; cómo un mando de televisión, con tan solo determinar un especifico botón, pone en la pantalla un programa de acción, de pastelón amoroso o de inaceptables juegos bélicos para la infancia, o se nos dice a qué hora pasa nuestro autobús.

Cierto que nacemos libres, pero nos desarrollamos bajo el yugo ya predicho por Albert Einstein, al significar su «temor a la que tecnología sobrepasase nuestra humanidad. Entonces el mundo tendrá una generación de idiotas, pues se apagará la creatividad, que no es otra cosa que la inteligencia divirtiéndose». Precisamente, en ese mundo de la inteligencia humana, o sea la esencia de la creatividad, que encuentra su máxima expresión en el arte y, en concreto, en la música, es donde más ha de brillar el intelecto de la programación . Programar en el campo musical no es fácil, pues hace falta ingenio -que no abunda- y dedicación. Cinco meses al año de presencia efectiva, con otras preocupaciones de rentabilidad aparte, hace que a quien tiene que programar se le vaya el peso de una sombra por entre los dedos de la mano y quien tiene que controlar atienda a lo más cómodo. En este año 2018 se cumplen dos importantes centenarios: el fallecimiento del gran compositor Claude Debussy y el nacimiento del mago de la música que fue Leonard Bernstein. De ninguno de ellos se han acordado en nuestro festival donostiarra de música clásica. No hay ningún concierto de piano monográfico con la creación del genial galo, como tampoco existe una programación de homenaje al genial compositor norteamericano. Todo viene empaquetadito con programaciones que nos hacen desde fuera de casa.

 

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