Zumaia
Proteger la voz de las mujeres, una cuestión de futuroLa periodista y escritora Cristina Fallarás ofrecerá el jueves, en Zumaia, la charla 'El relato de las mujeres: una revolución'
Desde el surgimiento del movimiento #MeToo en 2017, las mujeres han protagonizado una revolución tan pacífica como radical. A través de sus propias experiencias ... y con la palabra como herramienta, millones de ellas han transformado la forma en que entendemos la violencia machista y, especialmente, la violencia sexual. En esa misma línea, la periodista, escritora y activista Cristina Fallarás (Zaragoza, 1968) impulsó en 2018 el hashtag #Cuéntalo, iniciativa con la que comenzó a recoger testimonios y dar voz a mujeres que, juntas, están tejiendo un relato colectivo de resistencia y verdad.
Cristina Fallaras estará este jueves, día 13, en Zumaia para ofrecer la charla 'El relato de las mujeres: una revolución', donde abordará, entre otras cosas, la importancia de preservar la voz colectiva femenina. La cita será a las 18.30 horas en Emakumeon* Etxea.
La periodista y escritora considera que la avalancha de testimonios de mujeres que relataron sus experiencias de violencia machista demuestra que «ya era hora» de que se abriera ese espacio de expresión colectiva. Explica que el hecho de que miles de mujeres irrumpieran a la vez para contar lo vivido evidencia que existía una necesidad profunda y contenida durante años. «Nos preguntan por qué no habíamos contado antes, pero ahí está la evidencia de que lo habían impedido», señala. Según explica, esa marea de relatos no surgió antes porque «no nos habían dejado hacerlo».
El propio sistema, apunta, «había impedido que las mujeres pudieran narrarse. Por eso, cuando se abrió una brecha -gracias a las redes sociales-, todas entraron en tropel». Fallarás admite que este proceso despierta sentimientos encontrados: frustración y furia, pero también una «alegría común y colectiva, más allá del dolor. Es una alegría que procede del hecho de poder relatar las vivencias juntas, porque se trata de un relato colectivo».
Fallarás recuerda que el movimiento #Cuéntalo nació desde su propia cuenta, y que el uso del hashtag permitió que cada mujer relatara su experiencia de manera autónoma, multiplicando su alcance de forma exponencial. Según señala, en apenas dos semanas se registraron cerca de tres millones de interacciones en más de 60 países. «Se echó una semilla y esa semilla brotó a lo bestia», afirma.
Por otro lado, explica que la iniciativa #SeAcabó fue distinta. En esta segunda ola, ella misma se encargó de recoger y anonimizar los testimonios, dando voz a mujeres que no podían hacerlo públicamente. Fallarás aclara que se trataba de mujeres que, por las consecuencias que podrían enfrentar, no pueden identificarse: víctimas de violencia dentro del hogar, en el trabajo o en situaciones aún vigentes. «Es muy difícil que puedan denunciarlo poniendo su cuerpo, su voz y su nombre por las consecuencias, porque el castigo puede ser brutal. El hecho de preservar o esconder su identidad permite que se relate desde otro lugar y con confianza, y a eso es a lo que me he dedicado».
Acompañada y sostenida
Cristina Fallarás recuerda que, a lo largo de su trayectoria, han intentado silenciarla de muchas formas, aunque afirma que no lo han conseguido. Considera que eso demuestra que no está sola, sino «muy bien acompañada y sostenida por muchas mujeres», por lo que no han conseguido doblegarla. Reconoce sentirse preocupada por la acción de la ultraderecha, «que cada vez es más violenta», aunque no por sus intentos de callarla. «No me preocupa que intenten silenciarme, lo entiendo. Es decir, si el patriarcado y el sistema en el que vivimos nos han silenciado toda la vida, no iban a dejar de hacerlo ahora», apunta. Sin embargo, considera que han dado un paso más: cuando hace unos meses VOX utilizó su imagen en una campaña pública para recaudar fondos y recabar apoyos. Fallarás subraya que lo verdaderamente preocupante es que un partido político -y, por tanto, parte del Estado- recurra a esas prácticas. «Ahí se dio un paso más. Esa violencia ya no es solo de la extrema derecha en general, sino de la extrema derecha institucional. VOX es un partido político, es institución, es Estado... Eso es lo que debería preocuparnos, así como el silencio del resto de partidos políticos». Confiesa, además, que recibe «amenazas de muerte casi a diario», tanto hacia ella como hacia su familia: «Da mucho miedo». La impulsora del movimiento #Cuéntalo opina que, cuando a alguien se le ocurre hacer algo que pueda mejorar la vida de las personas o su entorno, simplemente tiene que hacerlo. Para ella, actuar en favor de los demás o de las generaciones futuras es una responsabilidad ética.
En cuanto a la posibilidad de tirar la toalla, admite que alguna vez lo ha pensado, aunque nunca se le ha pasado realmente por la cabeza. Señala que su labor implica tanto trabajo que ni siquiera dispone de tiempo para plantearse detenerse. «Esto conlleva mucho trabajo, y para tirar la toalla tienes que tener tiempo para parar. Quizá dentro de poco tenga que parar un poco».
Cristina Fallarás cree que, desde el #Cuéntalo, que se lanzó en 2018, «la sociedad ha avanzado muchísimo, pero, por otro lado, también ha retrocedido muchísimo». En su opinión, una parte de la sociedad, y especialmente las mujeres jóvenes, ha avanzado en cuanto a la comprensión de lo que se considera agresión sexual y en denunciarlo. «Ahora una mujer a la que su marido le obliga a una penetración anal o a una felación no consentida sabe perfectamente que a eso se le llama violación; o cuando un chico penetra a una chica estando completamente borracha se sabe que a eso se le llama violación», explica. Añade que, en 2018, esa conciencia no estaba tan clara: «Teníamos claro que no nos gustaba, pero no que era una violencia sexual y que además es punible».
La periodista relata que se están narrando vivencias sobre violencia sexual, incluyendo comportamientos que no siempre son punibles por la ley. Sin embargo, señala que este avance ha generado una reacción cada vez más agresiva por parte de la extrema derecha y de un sector de la población masculina, que no solo niegan la existencia de la violencia machista, sino que actúan con violencia contra quienes trabajan por visibilizarla. Para la periodista, la sociedad se está polarizando cada vez más: «Uno de los bloques está cada vez más alejado del otro». Rechaza, además, la idea de equiparar la extrema derecha con la extrema izquierda, y es contundente al afirmar que no se puede poner al mismo nivel a la extrema derecha y al feminismo. Recalca que «el feminismo, la izquierda y las mujeres movilizadas contra la violencia machista representamos el bien; ellos (la ultraderecha), el mal. Esto debe quedar claro y no deben vendernos otro relato».
Discursos de los jóvenes
La periodista expresa su preocupación por los discursos que están asimilando los hombres jóvenes en la actualidad. Considera que la negación de la violencia sexual y la oposición al feminismo están teniendo consecuencias preocupantes: «El hecho de oponerse al feminismo y de negar la violencia sexual hace que no solo la ejerzan, sino que también los lleva a poner en cuestionamiento la democracia».
Según explica, se tiende a pensar que las extremas derechas son movimientos democráticos, pero en realidad «no lo son: son absolutistas, autoritarias y totalitarias». Advierte que el hecho de que los jóvenes se identifiquen con esas corrientes supone que pongan en cuestión la democracia. Recuerda, además, una encuesta reciente del CIS de Cataluña en la que se señalaba que solo cuatro de cada diez hombres de entre 18 y 24 años (de Cataluña) consideran preferible la democracia a cualquier otro sistema, un dato alarmante.
Dirigiéndose a las chicas jóvenes que comienzan a alzar su voz, Fallarás quiere transmitir un mensaje de fuerza y acompañamiento: les recuerda que «no están solas», que detrás de cada una «hay muchas otras mujeres sosteniéndolas». Subraya, asimismo, que una de las cosas más valiosas que ha aprendido es «la importancia de reconocer a quienes vinieron antes, porque gracias a ellas se pueden seguir dando pasos hacia adelante. Yo lo aprendí pronto, y fijándome en las que habían estado antes he podido avanzar. Una es mucho más guapa, mucho más lista y mucho más brillante, y tiene una vida mucho más plena siendo activista que todo lo contrario», afirma.
Por último, adelanta que en su intervención de mañana abordará todos estos temas y la necesidad de preservar la voz de las mujeres. Advierte que esa voz, hoy narrada en Internet, corre peligro porque «las redes son propiedad de machos, generalmente blancos, heterosexuales y ricos». Por eso insiste en la urgencia de proteger esos relatos femeninos: «Tenemos que sacarlas de ahí y preservarlas», señala, convencida de que «en ello nos va el futuro».
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