Se han cumplido 10 años desde la recuperación de la Calera de Ugarte

La calera, de estructura avanzada técnicamente para su época, está ubicada en lo que fueron dominios de la casa Ugarte Igara./SUDUPE
La calera, de estructura avanzada técnicamente para su época, está ubicada en lo que fueron dominios de la casa Ugarte Igara. / SUDUPE

La sacaron a la luz las obras de las piscinas descubiertas del entorno de Ugarte Igaran y la adecuación de la zona

JOAQUÍN SUDUPEAZKOITIA.

En julio se cumplieron 10 años desde que las obras realizadas para las nuevas piscinas descubiertas en la zona de Ugarte Igaran y la adecuación del espacio de su entorno sacaron a la luz, bajo la Residencia San José, una calera o 'karobi' que la maleza y el tiempo habían dejado en el olvido.

Esta construcción se utilizaba para la obtención de la entonces preciada cal. Éste es un producto natural cuya utilidad ha sido tan importante en el pasado como lo es ahora.

Su uso más antiguo y extendido ha sido la elaboración de mortero o argamasa, empleado en la construcción de edificios. El proceso aprovecha la propiedad que tiene la cal para adquirir gran dureza al contactar con el aire.

Esta calera u horno de cal se utilizaba para la obtención de cal mediante la calcinación de rocas calizas a una temperatura entre 900 y 1.200 °C, durante varios días.

Requisitos indispensables

Ubicado en los dominios de la casa Ugarte Igara, el sitio elegido tenía que cumplir dos requisitos indispensables, que la piedra a utilizar estuviese los más próxima posible, y el segundo, que en las proximidades hubiese leña suficiente para la quema o proceso de combustión, con el cual se quemaba la piedra.

Aunque todavía existen vestigios de diversas caleras en las estribaciones del Izarraitz, ésta era de las más avanzadas técnicamente en su momento y podría situarse entre los siglos XVIII y XIX. Hay que señalar que había otra calera más pequeña y de funcionamiento más tradicional junto a ésta que no se ha conservado.

De estructura de 'calera francesa', contaba a su lado la cantera de 'Aizbe', que funcionaba en Azkoitia desde la Edad Media y con un suministro suficiente de madera para la combustió.

Armador del horno

En aquellos tiempos, se recogía la piedra necesaria y se acarreaba y colocaba junto al pozo para armar el horno. Después, el calero y sus ayudantes acometían una tarea que requería sabiduría y destreza, que era la de 'armar' el horno, y consistía en llenar el horno de piedras.

El lento y laborioso trabajo del calero hacía que el horno se fuera colmando de piedras, cuidando que a medida que éstas iban subiendo se fuera formando una bóveda que permitiría que las piedras se sostuvieran apoyándose unas sobre otras.

Además, debía cuidar al colocar ordenadamente las piedras, no sólo de fabricar una bóveda resistente, sino que el calor producido por el fuego en el hogar del horno se extendiera por igual en toda la masa pétrea que ocupaba la totalidad del espacio del horno.

Era clave que entre las piedras se dejaran huecos por los que pasaran las llamas y lograr así en su conjunto hacer de chimenea. Todas las piedras debían entrar en contacto con el fuego para oxidarse por incandescencia.

Una vez lleno el horno, la parte externa de la piedra, que aparecía al nivel de la superficie del terreno en forma de bóveda, era recubierta por cascotes y tierra a modo de tapadera, con el objetivo de aprovechar al máximo el calor.

Armado ya el horno, era costumbre encender el horno en época de buen tiempo, ya que la lluvia era un gran enemigo, y por la noche si era verano, ya que era cuando más soportables se volvían las altas temperaturas que tenían que soportar en la boca del horno.

Enfriada la piedra, había que sacarla del horno y apilarla lentamente en la superficie. Los días siguientes, con los serones cargados sobre los borricos o sobre las mulas, acarreaban la cal que previamente habían repartido, para venderla a los vecinos del pueblo o compradores de la comarca.