Tu voto está hackeado

El profesor y activista David Carroll, uno de los protagonistas del documental 'El grab hackeo'./
El profesor y activista David Carroll, uno de los protagonistas del documental 'El grab hackeo'.

El documental de Netflix 'El gran hackeo' demuestra cómo la labor de Cambridge Analytica alteró las elecciones presidenciales de EE UU en 2016 que dieron la victoria a Trump y el referéndum del 'brexit'

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

'El gran hackeo' comienza con uno de sus protagonistas en uno de esos cafés cuquis de Brooklyn. Paga con la tarjeta, que vuelve a utilizar para abonar el metro de camino a casa. En el trayecto, trastea con su móvil: consulta el correo electrónico, navega por internet, tuitea, clica un me gusta en Facebook… «Todo comenzó con el sueño de un mundo interconectado, un espacio donde todos pudiesen compartir sus experiencias y sentirse menos solos», narra el profesor y activista David Carroll. «No pasó mucho tiempo hasta que este mundo se convirtió en nuestro casamentero, verificador de datos instantáneo, animador personal, guardián de nuestros recuerdos e incluso nuestro terapeuta». Y es que los datos de nuestra actividad digital no se evaporan. Dicen cómo somos, dónde y con quién estamos, qué tememos y cuáles son nuestros sueños. Esa huella digital es rastreada y analizada hasta el último detalle por las industrias más lucrativas del planeta. Estábamos tan embelesados por el regalo de la conectividad gratuita que no nos dimos cuenta de que la mercancía éramos nosotros.

Carroll demandó judicialmente a Cambridge Analytica para exigir que le devolvieran sus datos. La crónica de ese proceso sustenta este apasionante documental de Netflix, que también otorga el protagonismo a Brittany Kaiser, que empezó de becaria llevando el Facebook de Obama y acabó en Cambridge Analytica recopilando los datos que Facebook cedió de manera fraudulenta para manipular las elecciones de Trump y el referéndum del 'brexit'. Hablamos de una empresa que crea y difunde 'fake news' para crear estados de ánimo y alterar el sentido de una votación. Presumían de contar con 5.000 fuentes de datos de cada votante estadounidense. Así podían predecir su personalidad, que, como explica el CEO de la compañía, es la que impulsa el comportamiento y el voto. El siguiente paso era enviar mensajes personalizados, por ejemplo tachando de corrupta a Hillary Clinton, aunque no lo fuera. No hablamos de algoritmos, sino de una fabulosa máquina de propaganda. 'El gran hackeo' abre los ojos a quienes piensan que wasapear vídeos de Santiago Abascal a caballo antes de las últimas elecciones no iba a ninguna parte.