Mafiosos de cuello blanco

James Norton y Juliet Rylance, en 'McMafia'./
James Norton y Juliet Rylance, en 'McMafia'.

'McMafia' demuestra que algunos ejecutivos de la City pueden llegar a dar bastante más miedo que un matón de la periferia de Moscú

Jorge Barbó
JORGE BARBÓ

En 'Promesas del Este', Viggo Mortensen nos enseñó, entre otras –ejem– cosas, que acudir a una sauna cuando sabes que alguien te quiere hacer picadillo no es la mejor de las ideas. También que el mafioso ruso medio es un tipo que se viste por los pies y, sobre todo, con tinta bajo la epidermis. Son tíos con una forma patológica de entender el honor. Que dan miedo. En apariencia, nada que ver con esos ejecutivos de traje de impoluto corte 'slim fit' de Savile Row, de camisas almidonadas, de zapatos lustrosos, de engominados peinados de 100 libras. La superproducción seriéfila de la BBC 'McMafia', basada en el libro del periodista Misha Glenny, demuestra que esos son, precisamente, los más peligrosos. Lo mismo se saldan una deuda con sangre que aprietan el gatillo del FTSE 100, el índice de referencia de la Bolsa británica.

Conste que en este caso, el 'pasó desapercibida' es un decir. Un dato. Su capítulo de estreno fue seguido por diez millones de espectadores en la televisión pública británica. Sin embargo, en España 'McMafia' sí ha acabado sepultada entre toneladas de títulos, en parte porque en su día se difundió a través de la (todavía minoritaria) plataforma Amazon Prime Video. Con todo, fue sin lugar a duda, una de las propuestas más interesantes de todas cuantas se estrenaron el pasado año. Haga caso, merece mucho la pena rescatarla del olvido.

Alex Godman (James Norton), hijo de un exiliado ruso con un pasado y un entorno tirando a turbio, es uno de esos tipos que parecen obsesionados con sacudirse sus raíces. Lleva años puliendo su acento hasta olvidar su ruso materno, cambió el rudo vodka a palo seco por el sofisticado Dry Martini, pasó del oso siberiano disecado y el dorado para abrazar el minimalismo chic. Y, sobre todo, se empeñó en mantener alejados de sus negocios a los billetes pringosos de su familia. Le sirvió de poco. Ya sabe, dicen que la cabra siempre tira al monte.

El asesinato de su tío hace que Alex, el respetado 'business man', el yerno perfecto, vaya mutando, poco a poco, en un siniestro camorrista de las transacciones financieras. Mientras trata de salvar el honor de su familia, a su alrededor se va tejiendo una compleja maraña de remotas conexiones con el narcotráfico, la trata de blancas, la falsificación y la extorsión a escala internacional. Crea empresas pantalla. Desvía fondos a paraísos fiscales. Levanta un entramado que bien podría aparecer en los papeles de Panamá. El protagonista se esmera en mantener sus asuntos en secreto hasta que su novia, la banquera Rebecca Harper (Juliet Rylance) empieza a olerse algo tan turbio, tan putrefacto, que ni el after shave que acostumbra a utilizar puede disimular.

Una de las grandes virtudes de 'McMafia' es que no cae en la manida y burda caricatura de los rusos. Que el padre de Alex es un bebedor empedernido (lleva a todas partes un botellín de agua rellenado con vodka), pues sí. Que la familia vive en una casa de una opulencia rayana en lo 'kitsch', pues también. Pero todos los personajes resulten creíbles. Tanto, que más de un oligarca ruso se ha visto (demasiado) retratado en la ficción. Aunque el matón se vista de traje y lea el Financial Times, matón se queda.