Lecciones del Caso Alcàsser

Fernando García, padre de Miriam, una de las tres niñas asesinadas, en 'El caso Alcàsser'./
Fernando García, padre de Miriam, una de las tres niñas asesinadas, en 'El caso Alcàsser'.

Cabe preguntarse si la apasionante serie documental de Netflix no recurre al mismo morbo y truculencia que pretende criticar para atrapar a la audiencia 27 años después de los crímenes

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

«A veces en el sufrimiento la gente también disfruta», se escucha en 'El caso Alcàsser', la serie documental de Netflix sobre el crimen que despertó a un país de la borrachera de los Juegos Olímpicos y la Expo del 92. Nada hemos aprendido en estos 27 años. Las locas teorías que mantuvieron Fernando García, el padre de una de las tres niñas asesinadas, y el periodista Juan Ignacio Blanco en el 'Mississippi' de Pepe Navarro regresan a los medios. El morbo y sensacionalismo que la serie pretende criticar vuelve a ser un reclamo para atrapar audiencia. Menos mal que su director, Elías León Siminiani, es un cineasta inteligentísimo, al que le basta mostrar los rostros de ambos para certificar que el paso del tiempo les ha convertido en dos seres devastados. Hay muchas estrategias de puesta en escena 'taimadas' en un documental apasionante, que no busca precisamente la objetividad.

Recuperar imágenes del año cero de la telebasura en España se antoja casi una labor de servicio público. Dos provocan especial vergüenza ajena: Olga Viza irrumpiendo en el plató-velatorio de Nieves Herrero para anunciar la captura de dos sospechosos entre aplausos y gritos de pena de muerte. Pepe Navarro golpeando ufano un taco de 4.000 folios: el sumario del caso robado del despacho del abogado defensor. La carrera de Herrero nunca se recuperó de aquel circo de pornografía sentimental, pero su empeño en buscar la lágrima y la truculencia a cualquier precio crearon escuela. ¿Qué es, si no, cualquier debate de 'Supervivientes', 'Sálvame' y similares?

'El caso Alcàsser' defiende que somos un país de plañideras que disfruta en los entierros, condenado a no engancharnos al progreso. Un espacio de violencia atávica que, bajo un barniz de modernidad, sigue sin confiar en sus instituciones. Por mucho que veamos la serie en Netflix, ¿no nos sigue moviendo el morbo de saber qué ocurrió con Miriam, Toñi y Desirée? Después de todo, no hemos cambiado tanto desde los tiempos de '¿Quién sabe dónde?'. Y el 7 de julio, en la modernísima HBO, otro ejercicio lampedusiano de nostalgia y reafirmación de nuestras raíces: Jesús Gil.