'Cómo vender drogas online', el manual que hubiera firmado Steve Jobs

Maximilian Mund, caracterizado Moritz./
Maximilian Mund, caracterizado Moritz.

El desconocido Maximilian Mund protagoniza esta serie adolescente, una suerte de 'Breaking Bad' en clave de humor y llena de cinismo

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

Pocas cosas hay tan placenteras como darle al 'play' sin esperar gran cosa a cambio y descubrir un entretenimiento brillante y divertido. Es lo que me ha sucedido con 'Cómo vender drogas online (a toda pastilla)', una sencilla producción de la división alemana de Netflix que rebosa humor y originalidad. Ya desde el inicio, uno tiene la sensación de estar viendo algo distinto. Las cámaras recogen una redada en el interior de un aparcamiento mientras una voz en off explica lo que está sucediendo: «Un tipo que vende droga por internet. ¿Lo imaginabais así? Lo siento, ese delincuente de poca monta no soy yo. Es uno de mis imitadores. Al ligar presumía sin cesar de su 'trabajillo extra'». Acto seguido quien pronuncia esas palabras aparece ante el espectador. Se trata de Moritz, que, ahora sí, se dirige a cámara: «Si vendéis grandes cantidades de droga por internet hay algo que nunca debéis hacer: contarlo a desconocidos. A menos que llame Netflix y te diga que quiere hacer una serie de tu vida. Babammm». Sí, reproduce el característico soniquete de Netflix con la boca. Y, entonces, empieza la serie.

Pero, ¿de qué va? Interpretado de forma exquisita por un desconocido Maximilian Mund, Moritz es un joven estudiante de unos 17 años, muy inteligente y bastante pardillo, una mezcla entre el Michael Cera de 'Juno', el Jesse Eisenberg de 'Zombieland' y el Christopher Mitz-Plasse de 'Kick-Ass'. Reside en Rinteln, un pueblo de algo menos de 30.000 habitantes, junto a su hermana y su padre, un agente de policía bastante incompetente, y lleva un año esperando a que su novia Lisa (Lena Klenke) regrese de EE UU, donde ha participado en un programa de intercambio con otro instituto. Cuando ella aterriza en el aeropuerto de Düsseldorf, Moritz, entusiasmado, inicia una videollamada. Pero la joven, algo seria y distante, le pide que se den un descanso. Pronto, Moritz descubrirá que, en su periplo por norteamérica, su exnovia ha empezado a coquetear con las drogas. No en vano, a la fiesta de bienvenida que ha organizado, y a la que ni siquiera ha sido invitado, acudirá Dan (Damian Hardung), el 'malote' del instituto que trapichea con sustancias y dedica el resto de su jornada a cultivar su cuerpo. Celoso hasta la médula, Moritz tejerá un plan: poner en marcha la mayor tienda de venta de drogas en la 'dark web'.

¿Una suerte de 'Breaking Bad' en clave cómica y adolescente? Algo de eso hay. Estructurada en seis capítulos de menos de media hora cada uno, la serie se beneficia de un montaje ágil y picadito con constantes rupturas de la cuarta pared, una de ellas, incluso -la que hace un alto en el camino para explicar qué es el MDMA o éxtasis-, da la opción al espectador ducho en la materia de saltarse un fragmento, descubriendo un botón emergente como el que la plataforma destaca cuando permite al usuario saltarse los títulos de crédito de cualquiera de sus obras. Con la ayuda de Lenny, su mejor amigo y 'empollón' marginado como él, trata de dar vida a su rocambolesca idea.

Tres fotogramas de la serie.

Y es ahí donde reside gran parte del encanto y el humor del serial. Moritz trata de desenvolverse por los bajos fondos de Rinteln como si fuera su día a día, pero claro, las cosas no funcionan así. Encontrará en el atípico Buba, un camello de poca monta al que da vida Bjarne Mädel y que atesora algunas de las mejores frases de la ficción -impagable el momento en el que abre su portátil y saltan todas las ventanas del navegador llenas de porno y spam-, un primer socio para su negocio.

Pero que 'Cómo vender drogas online (a toda pastilla)' apueste fundamentalmente por el humor no significa que no toque temas de actualidad con un punto crítico. Al contrario. Uno de los aspectos más sorprendentes del título aleman es cómo la narración, y hay un excelente trabajo audiovisual ahí del del director de fotografía Armin Franzen y el equipo de edición, se ve interpelada constante por el uso y abuso de las redes sociales entre los adolescentes. Moritz carga a menudo contra la idiotez imperante en la red de redes -«No es la vida real», llega a decir-, y se aprovecha de esas debilidades para ir un paso por delante. No es la única crítica a esa generazión Z a la que pertenece el protagonista. La serie aborda la puesta en marcha de un negocio tan poco ético como es una tienda de drogas online con referencias constantes a gurús de los avances tecnológicos pero también figuras llenas de sombras como Elon Musk, Steve Jobs, Mark Zuckerberg y Jeff Bezos -sí, hasta en dos ocasiones se habla de forma negativa del jerifalte de Amazon, uno de los competidores de Netflix-. ¿La doble crítica? Bueno, el mismo señala que son malas personas y que quiere ser como ellos: «Empollón hoy, jefe mañana».

La ficción reflexiona también sobre las relaciones entre los adolescentes y la fina línea que separa los celos de una relación de posesión o tóxica, si bien no parece querer tomar parte en este aspecto. Dibuja, en cambio, las consecuencias del uso y abuso de las drogas, aunque no lo hace de forma paternalista e incluso da consejos para realizar un consumo más seguro, lanzando reflexiones interesantes acerca de su legalización.

Dirigida a medias entre Arne Feldhusen y Lars Montag y creada por Julian Gaupp-Maier, Philipp Käßbohrer, Valerie Lasserre, el final de 'Cómo vender drogas online (a toda pastilla)' deja abierta la posibilidad de que haya continuidad y esperamos que así sea porque es uno de esos productos entretenidos y muy muy divertidos.

'Cómo vender drogas online (a toda pastilla)' está disponible en Netflix.