El día que murió la madre de Buffy

Kristine Sutherland, como Joyce Summers./
Kristine Sutherland, como Joyce Summers.

El plano secuencia, la actuación de Sarah Michelle Gellar y el silencio que envuelve toda la acción son claves en esta escena

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

Fue uno de los momentos más angustiosos de 'Buffy, la cazavampiros' y tuvo lugar al inicio del capítulo 16 de la quinta temporada, titulado 'El cuerpo'. Buffy llega a casa y ve a su madre tirada en el sofá del salón. «¿Qué estás haciendo?», le pregunta extrañada. La cámara entonces se acerca a Joyce (Kristine Sutherland), que tiene los ojos abiertos y una postura extraña. «¿Mamá? ¿Mamá? ¿Mami?», dice Buffy asustada. Un plano corto de varios segundos muestra su mueca rígica y la evidente pérdida de color. No hay duda, está muerta.

A partir de ese momento, un plano secuencia gobierna toda la acción. La cámara sigue a Buffy, que se arrodilla y agita el cuerpo de su madre repitiendo como un mantra «¡Mamá!». Sin consuelo, acude a la cocina y coge el teléfono para marcar el número de emergencias. «Es mi madre, no respira», dice Buffy, cada vez más angustiada. Al otro lado, la operadora trata de tranquilizarla y le pide que le dé su dirección para enviar una ambulancia. La escena resulta descorazonadora no sólo por el trabajo de la cámara, temblorosa y precipitada como la propia Buffy, o por la labor de Sarah Michelle Gellar -está brillante en toda la serie, pero la fragilidad que exhibe aquí conecta directamente con el espectador, que tampoco entiende muy bien qué está pasando-, sino por el silencio que envuelve toda la escena. No hay música, ni apenas ruido ambiente, tan sólo los pasos y la angustia de una adolescente que trata de devolver la vida a su madre. Por eso cae como un mazazo ante el espectador.

«¿Estás sola en casa? ¿Viste que ha pasado? ¿Se ha caído?», la operadora martillea a preguntas a Buffy, que lo único que alcanza a decir es que acaba de llegar a casa. «¿Sabes cómo hacer la reanimación?», pregunta de nuevo la mujer al otro lado del teléfono. «No lo recuerdo», responde Buffy entre sollozos. Tras explicarle la técnica, la cazavampiros se pone manos a la obra, pero en la segunda tanda de compresiones, le rompe un hueso.

Buffy coge de nuevo el teléfono y dice «le he roto algo». «¿Respira?», pregunta de nuevo la operadora. «No», responde Buffy. «La ambulancia llegará en un momento», trata de tranquilizarle desde el teléfono. «Ella está fría», insiste la joven. «¿El cuerpo está frío?», pregunta la operadora. «No, mi mamá. ¿Debería darle calor?». «No, si no responde es mejor que espere a los médicos», continúa la operadora. En ese momento, Buffy escucha el rumor de un motor, mira por la ventana y con aparente calma dice a la mujer: «Tengo que hacer una llamada». A su encuentro llega Rupert Giles (Anthony Stewart Head), su mentor, que trata de reanimar a la mujer. «¡Se supone que no debemos mover el cuerpo!», grita Buffy. Y es en ese momento cuando se da cuenta de que su madre ha muerto.

Acostumbrada a bregar con las fuerzas del mal y con lo sobrenatural, a Joss Whedon se le ocurrió que Buffy debía afrontar algo quizá aún más terrible: la muerte de forma natural de un ser querido. Es un ejemplo más de por qué la serie forma parte imprescindible de la historia de la televisión.

Tres fotogramas de la secuencia.

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