'Mortal Engines', el inicio de una saga steampunk

Hugo Weaving deja atrás su papel de rey elfo en 'El Señor de los Anillos' para erigirse como el gran villano de la función

BORJA CRESPO

A la espera del estreno de 'Alita, Ángel de combate', cuyas adrenalíticas imágenes de avance alimentan el hype, 'Mortal Engines' parece querer competir en la misma liga, aunque se abre camino en la cartelera navideña sin tan altas expectativas. Si la propuesta dirigida por Robert Rodriguez con la producción de James Cameron viene del manga, el estreno de este fin de semana, dirigido por el experto en efectos visuales Christian Rivers -apadrinado por Peter Jakson-, se mira en el steampunk, una corriente surgida en los años 80 en el marco de la ciencia-ficción que imagina un mundo retrofuturista donde la tecnología funciona a vapor e impera la estética victoriana.

Un mundo postapocalíptico es el atractivo escenario, rendido a la infografía, donde dos figuras, interpretadas por Robert Sheehan ('Geostorm') y Hera Hilmar ('Medidas extremas'), se cruzan en el camino para cambiar el curso de la historia. Un cataclismo ha hundido a la civilización. Ciudades en movimiento van acabando con los recursos que todavía quedan. A su paso sobre ruedas, siembran la muerte y la destrucción. Hugo Weaving deja atrás su papel de rey elfo en 'El Señor de los Anillos' para erigirse como el gran villano de la función, recordando 'Matrix'.

'Mortal Engines' está basada en la premiada novela fantástica de Philip Reeve. El director del filme debuta en el formato largo tras coquetear con el cortometraje (cuenta con una pieza en la obra colectiva de terror 'Minutes Past Midnight'). Con amplia experiencia en el terreno de los efectos visuales, baza fundamental en esta ópera prima, se nota su sobrada pericia en este campo, una virtud que no casa con su desenvoltura al narrar, asignatura pendiente en un alto porcentaje de realizadores actuales que anteponen la imagen a todo lo demás. A años luz de la referencial 'Steamboy', de Katsuhiro Ôtomo, un anime de obligado visionado situado en una sociedad similar, apuesta por un entretenimiento basado en el exceso y la dispersión que puede funcionar con un buen cubo de palomitas junto a la butaca. Explosiones, piruetas y máquinas de guerra que actúan como apisonadoras no faltan. Los sonidos de Junkie XL, el reconocido DJ y compositor de música electrónica, dan un toque especial a la banda sonora.

Por si no ha quedado claro qué significa el término steampunk, añadimos datos: ciudades flotantes, locomotoras imposibles, dirigibles con brazos neumáticos, complicados mecanismos de relojería, engendros mitad máquina mitad humano (animatrónicos), seres mitad hombre mitad animal (anihombres), corazones alimentados con carbón y vapor... Aires de época victoriana mezclados en un hábil turmix con aspectos tecnológicos de última hornada, dando como resultado una inquietante atmósfera de carne y acero, corrosiva y contaminada, claramente influenciada por la imaginería de grandes clásicos de la literatura como Julio Verne y H. G. Wells., o los delirios visuales de Terry Gillian, el ex-Monty Python, cineasta de culto responsable de 'Brazil' o '12 Monos'. «La sociedad que se muestra en el libro ha reconstruido una semblanza de lo que era en un pasado, solo que ahora las ciudades se mueven literalmente», cuenta Jackson sobre el material de partida. «Son ciudades gigantescas de tracción. Londres tiene más de un kilómetro y medio de longitud, y persigue y engulle a ciudades más pequeñas a lo largo y ancho del Gran Territorio de Caza, que es esencialmente Europa».

Hugo Weaving encarna al villano del filme.
Hugo Weaving encarna al villano del filme.

«En su forma más simple, las ciudades más grandes devoran a las pequeñas», continúa en responsable de la trilogía de 'El Hobbit' y 'Mal gusto', aquí en los créditos como productor. «Las ciudades pequeñas engullen a las más pequeñas, y las más pequeñas a las minúsculas. Lo ven como una evolución muy natural. Cuando nos unimos a esta historia, el sistema ya lleva en desarrollo más de 1000 años, así que está muy asentado». Está clara la metáfora que conecta con la actualidad, aunque la evasión es lo primero. El pez grande se come al chico.