Tebeos populares, ¿películas de éxito?

La enorme fama de un personaje de cómic no garantiza arrasar en taquilla. 'Dragon Ball' o 'El capitán Trueno' son ejemplos de que las adaptaciones no siempre funcionan

'Superlópez', 'Las aventuras de Tintín', 'Spawn', 'Valerian y la ciudad de los mil planetas', 'El capitán Trueno' y 'X-Men'./
'Superlópez', 'Las aventuras de Tintín', 'Spawn', 'Valerian y la ciudad de los mil planetas', 'El capitán Trueno' y 'X-Men'.
Borja Crespo
BORJA CRESPO

La enorme fama de un personaje de cómic, o serie de historietas en las que se basa una película, no garantiza el éxito de taquilla de su adaptación cinematográfica. Una prueba cercana en el tiempo fue el estreno el pasado año de 'Valerian y la ciudad de los mil planetas', dirigida por Luc Besson. La versión de las populares viñetas de Pierre Christin y Jean-Claude Mézières, un clásico de la ciencia-ficción multivent

as en el mercado franco-belga, transmite el espíritu aventurero del material de partida, recoge su esencia, pero difiere en muchos aspectos de los tebeos originales. El cómic va por un lado y la película por otro, siendo ambos caminos válidos en pos del entretenimiento. Por similar senda se mueve 'Superlópez', cuyo lanzamiento este fin de semana acapara la atención de la cartelera. En Francia son habituales los saltos del papel a imagen real. En el país vecino el noveno arte goza de un peso notable, con resultados dispares, tanto creativos como de recaudación. No hay una fórmula perfecta. La maquinaria publicitaria de Marvel sí está funcionando de manera imparable en los últimos tiempos, pero también ha habido casos en los cuales no se ha cumplido con las expectativas. DC, la competencia directa de La Casa de las Ideas, pincha una y otra vez sin aparente arreglo (tremebunda 'Escuadrón suicida', aunque acumuló buenas cifras). ¿Qué suerte correrá estos días Dani Rovira vistiendo el pijama azul y la capa roja con una letra gigante en el pecho? La criatura nacida del lápiz de Jan espera conquistar a los espectadores gracias al tirón de la nostalgia, pero el peso de la memoria sentimental no es, necesariamente, un aval de victoria teniendo el terreno ganado en el ámbito de la promoción.

Un ejemplo directo que nos permite bucear en el tema planteado, nunca el éxito está asegurado, es la primera entrega de 'Las aventuras de Tintín', con dirección de Steven Spielberg y producción de Peter Jackson, curiosa pareja artística que anunció desde el principio su intención de intercambiarse los papeles en sucesivas propuestas que se han quedado congeladas. De momento se ha estrenado un solo capítulo firmado por el padre de 'E.T.' que adaptaba dos títulos indispensables pergeñados por Hergé: 'El secreto de Unicornio' y 'El tesoro de Rackham el Rojo', con alguna referencia, según marcaban los especialistas, a 'El cangrejo de las pinzas de oro'. El mejor álbum de la serie para muchos seguidores, 'Las joyas de la Castafiore', sigue esperando. No era la primera vez que Tintín se movía en el medio audiovisual. Ya tenía su versión en dibujos animados y dos cinematográficas en carne y hueso, una de ellas rodada, curiosamente, en España, concretamente en Xàtiva. 'Tintín y el misterio de las naranjas azules' (1964) llamó poco la atención en su día y hoy es considerada una producción de culto trash. De entrada, no se basaba en ninguna historia firmada por Hergé, al igual que 'Tintín y el misterio del Toisón de Oro' (1961), anterior intentona.

Cuando se anunció la conversión de Tintín en una cinta de animación en 3D de alto presupuesto salieron tintinófilos de debajo de las piedras: amantes de las aventuras del intrépido reportero y sus inseparables compañeros de fatigas, el Capitán Haddock y el perro Milú. De repente, muchos eran los que llevaban un fan fatal del héroe de papel dentro, ¿adormecido?, ¿esperando el momento para manifestarse en grado sumo? Tintín hasta en la sopa. La culpa fue del Rey Midas de Hollywood, el todopoderoso Spielberg, que se había aliado con otro que tal baila, el mismísimo Mr. Jackson, la mente detrás del salto a la gran pantalla de 'El Señor de los Anillos', para adaptar el cómic al celuloide por todo lo alto. Ambos inauguraron una franquicia que prometía pingües beneficios y se ha quedado parada en el tiempo. La expectación generada en todo el planeta devino un gran entusiasmo en los medios y convenció a los más escépticos. Entradas más caras en taquilla, más posibilidades de recaudación, más merchandising, más todo… Sin embargo, el siguiente movimiento tarda en llegar porque la repercusión real en términos económicos fue moderada. Recientemente hemos sabido que la producción de la secuela de 'Las aventuras de Tintín: el secreto del Unicornio' (2011), la continuación de la supuesta trilogía, con el responsable de 'Mal gusto' a los mandos, puede echar a andar en 2019. Los álbumes 'Las siete bolas de crista','La isla negra', y 'El asunto Tornasol' suenan como inspiración.

Capitán truño

Las primeras adaptaciones audiovisuales de Tintín, antes de ser tocado por la barita mágica de Spielberg & Jackson, pasaron sin pena ni gloria. La popularidad del cómic permite gozar de una promoción añadida a la inevitable campaña de márketing, pero, insistimos, no confirma el éxito. El mismo año del estreno de 'Las aventuras de Tintín: el secreto del Unicornio' por fin vio la luz la esperada versión del Capitán Trueno, uno de los iconos más reconocidos del tebeo español, ideado por Víctor Mora. Sus numerosos lectores no acudieron en masa a ver uno de los grandes fiascos de nuestra cinematografía reciente. El proyecto llevaba tiempo pasando de mano en mano, de Juanma Bajo Ulloa a Daniel Calparsoro, de productora en productora, con nombres menos conocidos, hasta caer en la responsabilidad de Antonio Hernández, artífice de 'En la ciudad sin límites' y 'Los Borgia'. Los medios recogieron los mil y un problemas de financiación de la cinta y el complicado rodaje de un proyecto que merecía más atención desde el punto de vista artístico. La evocación no sirvió como aliciente para que las butacas se llenasen mínimamente.

Sonado fue el fracaso estrepitoso de la conversión en fotogramas de la archiconocida saga 'Dragon Ball', hit de hits. Manga y serie de dibujos animados de gloria mayúscula, tuvo un subterráneo primer salto al celuloide, de divertida serie Z, para caer en las fauces del negocio hollywoodense y convertirse en un espanto kitsch que poco tenía que ver con la materia prima. Un insulto para los adictos a la deslumbrante creación de Akira Toriyama. En la misma línea hortera, 'Green Lantern' fue uno de tantos intentos soporíferos por parte de la editorial DC de crear otra saga cinematográfica. El público no tragó con la experiencia y Marvel se jamó la tostada sin apenas esfuerzo. La dura pugna entre ambas empresas, las más grandes del planeta en temática superheroica, se extendía entonces del papel al celuloide. Sólo el Hombre Murciélago hace sombra, de vez en cuando, a los héroes creados por Stan Lee y compañía. La ofensiva exprimiendo al máximo Los Vengadores está dando muchos frutos.

A DC tampoco le funcionó como se esperaba la adaptación de 'Watchmen', la obra magna de Alan Moore y Dave Gibbons, aunque era una propuesta estimable. Los espectadores no la comprendieron tanto como '300', el anterior filme de su director, Zack Snyder, también basado en una novela gráfica, esta vez firmada por Frank Miller, un reputado autor de historietas que la cagó soberanamente con su puesta de largo como director en solitario con la infumable 'The Spirit', otro trastazo en la taquilla –apenas recaudó unos 19 millones de dólares en Estados Unidos- que pretendía emular a 'Sin City', con similar génesis pero mejor resultado en pantalla grande, probablemente, mal que les pese a algunos, gracias a la mano del irregular Robert Rodriguez, que pronto estrenará la esperada 'Alita: Ángel de combate', un manga de cabecera.

La saga 'X-Men' suele ser citada por los aficionados al cómic como un ejemplo de adaptación ejemplar, a excepción de la tercera entrega, en la que no estaba Bryan Singer detrás de las cámaras (posteriormente se pasó de listo con 'Superman Returns'). El clásico 'Conan el bárbaro', de John Milius, también está en la lista de los títulos más apreciados, pero su reboot, léase relanzamiento, no gustó a nadie. En el lado de las obras más apaleadas, al margen de títulos de antaño, hoy entrañables por su estética camp accidental, están 'La sombra', un horror sin parangón, y 'Dick Tracy', donde Warren Beatty y Madonna hacían lo que podían, entre látex y colores chillones, con un look «de cómic» que hizo mucho daño a la simbiosis entre cine y viñetas. 'Catwoman' y 'Elektra' hicieron flaco favor a las heroínas de armas tomar y más de un lector habitual de tebeos aún tiene pesadillas al recordar el non sense de 'Spawn'. En todos estos casos el público demostró que no se la daban con queso tan fácilmente al comprar la entrada animado por el exceso de publicidad.

En España no le fue mal a las versiones en movimiento, y también de animación, de 'Mortadelo y Filemón', pero… ¿alguien se acuerda de cuando fueron cartoons en televisión el torpe dúo de detectives ideado por Ibáñez? ¿Y de 'Las aventuras de Zipi y Zape' con actores que vio la luz en los años 80? El bilbaíno Oskar Santos ha dado vida a las criaturas de Escobar en dos ocasiones este siglo, mientras Anacleto y Superlópez cuentan con versiones cinematográficas con Javier Ruiz Caldera en la dirección, autor del anuncio de la lotería de navidad de este año. Muchos éxitos y fracasos de ayer y hoy en la fusión entre el arte secuencial y el séptimo arte (si nos ponemos a hablar de los Pitufos, Garfield y demás abominaciones no acabamos nunca). Superlópez, el superhéroe más patoso de la historia de nuestro cómic, una parodia muy personal del género, cuenta con guión de Borja Cobeaga y Diego San José en su conversión a imagen en movimiento. A ver qué pasa.

 

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