'Suspiria', un aquelarre visual

Un fotograma de la película.

Dirigida por el realizador italiano Luca Guadagnino y protagonizada por Tilda Swinton, la cinta es una visión renovada del clásico de Dario Argento

Borja Crespo
BORJA CRESPO

La presencia de la siempre impresionante Tilda Swinton en el plantel principal de la nueva 'Suspiria', visión renovada del clásico de Dario Argento de 1977, aporta el interés suficiente para pasar por taquilla, además de presagiar un alto grado de inquietud dada las características físicas y el poderío artístico de la reconocida intérprete, poco dada al encasillamiento. Dirigida por el realizador italiano Luca Guadagnino ('Call Me by Your Name', 'Cegados por el sol'), el terrorífico estreno de este fin de semana cuenta con la protagonista de 'Sólo los amantes sobreviven' y 'Tenemos que hablar de Kevin', dos magnas piezas, por cuadruplicado. Encarna cuatro roles, nada más y nada menos. Transformarse físicamente atrae sobremanera a Swinton, aficionada a emplear su atractivo inusual para defender personajes excéntricos, hasta el punto de compaginar varios papeles en una misma película . En esta ocasión se entrega por completo a la causa, probablemente con una petición personal por contrato, afrontando el reto con decisión y riesgo, enarbolando su habitual capacidad hipnótica para con el espectador.

La camaleónica Swinton hiela la sangre con una simple mirada, enfrentada a Dakota Johnson, verdadera reina de la función en una interesante muestra de terror emocional, tan imperfecta y sugestiva como el material de partida de Argento. 'Suspiria' inauguró la 51ª edición del festival de Sitges despertando filias y fobias. De evidente cuidado formal, lastrada únicamente por un metraje excesivo y un subrayado innecesario en algunos pasajes, algo que no importaba lo más mínimo en la cinta original, la propuesta de Guadagnino se apunta al cine de sensaciones, fiel a su trayectoria. Más cuidada estéticamente que 'The Lords of Salem', el delirio de Rob Zombie, en la línea de la reciente 'Hereditary', con puntos en común con la excepcional 'The Witch', 'Suspiria' describe un majestuoso aquelarre, una ceremonia diabólica que pretende desconcertar al espectador desde la primera secuencia. Zooms que recuerdan al cine de los años 70, encuadres desconcertantes, un uso meditado del salto de eje y un desprecio consciente del raccord permite al director retratar el horror en estado puro, con un clímax aniquilador que se apunta al videoarte sin dudarlo.

Dakota Johnson, con una interpretación entre la inocencia y la oscuridad, pulveriza cualquier duda sobre su talento actoral. Guadagnino ya sacó chispas de la joven actriz en 'Cegados por el sol', recalcando la importancia de la dirección de actores. No hay sustos de sopetón, con subidas de volumen y demás recursos habituales en el taquillero cine de terror actual, manido y domesticado. De Palma, Kubrick y Lynch están presentes. Y el propio Argento, especialmente en las escenas pasadas de rosca. El giallo italiano sirve para trazar las escenas más incómodas. 'Suspiria' es un ejercicio de estilo visualmente impactante, con imágenes oníricas que queman la retina. Quizás está de más una subtrama política que despista y se echa en falta algo más de valentía en su desenlace. Lucen especialmente las coreografías -el relato es acogido en una singular academia de danza en la Alemania en los años 40- y la angustiosa música de Thom Yorke, el líder de Radiohead, aportando melodías sensibles y desasosegantes.

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