Spike Lee se infiltra en el Ku Klux Klan

John David Washington y Laura Harrier, un policía y la líder de un sindicato universitario en 'Infiltrado en el KKKlan'./
John David Washington y Laura Harrier, un policía y la líder de un sindicato universitario en 'Infiltrado en el KKKlan'.

El director de 'Haz lo que debas' dibuja con trazo grueso la América racista de los 70 y constata que las cosas no han cambiado con Trump

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

¿Un negro infiltrado en el Ku Klux Klan? Parece una broma pero sucedió en la realidad. A comienzos de los 70, Ron Stallworth, un policía de Colorado Springs, contactó por teléfono con los líderes locales de la organización racista y acabó ganándose su confianza. Cuando tocó verse en persona, Stallworth, por supuesto, no acudió a la cita, sino que lo hizo un compañero suyo judío. Un material goloso para Spike Lee, que aceptó el encargo del director Jordan Peele ('Déjame salir') y vio en este episodio de la lucha contra el racismo una oportunidad de condenar la política del presidente Trump.

'Infiltrado en el KKKlan' no es el peliculón que uno podía esperar del autor de 'La última noche' y 'Plan oculto'. Recupera a un cineasta combativo, cuyo discurso no le impide renunciar al chiste pop. El filme transcurre en los 70, lo que da pie a un festival de peinados afro, pantalones de campana y música discotequera. Hasta hay discusiones sobre iconos de la comunidad negra en la época ('Shaft', Pam Grier). Spike Lee se permite dividir la pantalla para mostrar dos puntos de vista de la acción, tal como se hacía en las películas de aquellos años.

La intriga policíaca que sigue el proceso de infiltración y la desarticulación del clan no renuncia a golpes de comedia. John David Washington, hijo de Denzel Washington, encarna a Stallworth, un personaje del que no terminamos de saber si es muy listo o muy tonto y que hubiera necesitado de un actor con más carisma. El siempre impecable Adam Driver es el compañero que se juega la vida entre la patulea de racistas, que odian tanto a los judíos como a los negros. Laura Harrier da vida a la líder del sindicato universitario, de quien el protagonista queda prendado.

Dos documentos reales: el único carné de un negro en la historia del Ku Klux Klan y la identificación como agente de policía de Ronnie Stallworth, retratado en la actualidad.

Spike Lee dibuja con trazo muy grueso a los miembros del clan, retratados de manera zafia como palurdos sin muchas luces. Hasta el Gran Brujo del clan (Topher Grace) tiene cara de chiste, lo que rebaja la sensación de peligro que corre el protagonista. Los 130 minutos del filme pesan, como si el director, maestro en dotar de ritmo sus filmes, alargara en exceso cada escena. El mitin inicial del líder negro que llega al pueblo es buena muestra de ello.

La prueba definitiva de que 'Infiltrado en el KKKlan' no es la gran película que podía haber sido llega en la escenas finales, donde Spike Lee introduce imágenes reales de los disturbios de Charlottesville (Virginia) el año pasado, en el que un supremacista atropelló a los manifestantes en contra de los neonazis matando a una mujer. El filme cobra entonces una fuerza de la que había carecido hasta entonces. La extraordinaria partitura de Terence Blanchard, compositor habitual de Lee, tiene también buena parte de culpa.

«'Infiltrados en el KKKlan' es un estudio del mundo en que vivimos», sostiene Spike Lee. «Muestra que existe una lucha cultural del amor contra el odio, como los anillos de Radio Raheem en 'Haz lo que debas', inspirados en los tatuajes que llevaba Robert Mitchum en 'La noche del cazador'. El amor contra el odio. Cruzo los dedos, espero y rezo para que el público conecte con la película».

La mala leche del realizador destaca en dos momentos puntuales, en los que introduce sendas escenas de 'Lo que el viento se llevó' y 'El nacimiento de una nación', un amargo recordatorio de cómo Hollywood ha contribuido a la segregación. El mejor Spike Lee brilla en el montaje paralelo en el que Harry Belafonte detalla el linchamiento de un chico negro ante un auditorio cautivado.

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