Sitges 2018, una cosecha excepcional

Con más de 50 años a cuestas, el evento catalán sigue superando el récord de venta de entradas | 'Mandy', 'Dragged Across Concrete', 'Clímax' y 'Assassination Nation' fueron algunas de las cintas más interesantes en un certamen marcado por el excesivo metraje de muchas propuestas

Nicolas Cage, en 'Mandy'./
Nicolas Cage, en 'Mandy'.
Borja Crespo
BORJA CRESPO

Finalizada la última entrega del Festival de Sitges, toca hacer balance de una edición que ha superado a su predecesora, a pesar de que el año pasado celebraba su 50 aniversario. Con más de medio siglo a cuestas, el evento catalán sigue superando el récord de venta de entradas. En algunas sesiones no cabe ni un alfiler. Ninguna proyección se queda desierta como en otras citas cinematográficas en la misma línea. La respuesta del público es esencial en este tipo de iniciativas, es su verdadera razón de ser. A este requisito fundamental, cumplido con creces, hay que añadir la calidad media de la programación. La cosecha de 2018 ha sido excepcional, con algunos títulos que se han convertido en clásicos de culto de manera instantánea. El tiempo colocará la etiqueta de obra maestra a alguna de las películas que citaremos a continuación. La presencia de talentos, cineastas y artistas, ha sido igualmente espectacular. Si hay que poner algún pero a la oferta es su excesiva parrilla. Es difícil encajar como espectador todo lo que interesa en una agenda caótica.

La 51ª edición del Sitges - Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya abrió fuego con la esperada 'Suspiria', con la presencia en el escenario de una hipnótica Tilda Swinton que conquistó emocionada a la audiencia al recoger el Gran Premi Honorífic de manos de J. A. Bayona. La reputada actriz interpreta cuatro papeles en esta estimable revisitación del clásico de Dario Argento que cuenta con algunas secuencias sumamente inquietantes. Perturbadora, con un envoltorio estético fascinante, peca de explicativa respecto a su predecesora pero se puede disfrutar a lo grande si nos olvidamos del material de partida. La propuesta de Luca Guadagnino ('Call Me by Your Name') ya nos avisó de una característica común en las piezas más esperadas del certamen: el excesivo metraje. Dos horas y media, o más, es la duración más compartida, un exceso convertido en lastre en algunos filmes que rozarían la perfección con un buen tajo en montaje. 'The House That Jack Built', del siempre inspirado Lars Von Trier, es el ejemplo más claro. 155 minutos, nada más y nada menos. Este año ha sido más complicado que nunca poder cuadrar las sesiones para poder ver el mayor número de películas posible debido al empeño de los autores en contar más de la cuenta.

Lo último del genial responsable de 'Melancholia' no deja indiferente a nadie. Matt Dillon, cuya presencia en Sitges estuvo en el aire -sin que se anunciase- hasta el último momento, se muestra inconmensurable en el papel de un asesino en serie maniático y excéntrico. El humor negro suaviza un relato macabro, un descenso a los infiernos que se puede entender como la lucha interna del propio Lars Von Trier, con la sombra de Dante y guiños evidentes a su propia vida y filmografía. El final es digno de aplauso, máxime en los tiempos que corren, al igual que el afán de revolvernos por dentro de Gaspar Noé, firma habitual en la cita catalana. No es difícil verle deambulando por las fiestas nocturnas, o en los stands de venta comprándose camisetas de 'La matanza de Texas'. La presentación de 'Clímax' en el auditorio principal ya fue antológica, con algunos de los protagonistas del filme bailando poseídos por el diablo, como si no hubiera mañana, una vuelta de tuerca insana al concepto 'Operación Triunfo'. Ganadora del premio a la mejor película del festival, cuenta con algunas imágenes de un preciosismo tan arrebatador como desconcertante. Angustiosa hasta la extenuación en su último tramo, se antoja una suerte de fusión entre 'Enter the Void' e 'Irreversible', un viaje alucinógeno a la zonas más oscuras de la mente humana.

Maratones, gore y zombies

Los maratones nocturnos son una parte fundamental en la programación del evento dirigido por Ángel Sala y su entregado equipo. Los espectadores que se dejan llevar por su pasión más allá de los irracional pueden entrar a las salas de madrugada y salir al exterior cuando amanece. Puede ser un problema que una de las películas que ansias ver esté prevista en un extenso programa de noche. El primer pase solo para supervivientes estuvo dedicado a 'Operation Red Sea', una excesiva cinta bélica de origen chino que deja a 'Rambo' a la altura del barro. A los orientales les va el gore a mansalva, como también dejó claro el primer fin de semana la proyección de 'The night comes for us', un cruce ultraviolento entre 'The Raid' y 'The Story of Ricky' pergeñado en Indonesia. El body count no tiene fin. La sangre fluye en cada plano en una sinfonía de salvajismo no apta para estómagos débiles. La excusa es una pelea entre triadas.

'Cl´max', 'Superlópez' y 'Under the Silver Lake'.

La australiana 'Nekrotronic', con Monica Bellucci ejerciendo de villana endemoniada, fue uno de los primeros fiascos del evento. No funciona la idea de mezclar demonios e internet. Todo lo contrario a la frenética 'Inuyashiki', propuesta made in Japan protagonizada por un hombre de edad sumido en la mediocridad que se convierte en un robot letal tras un curioso incidente. Premio a los mejores efectos especiales, es de obligado visionado para todo otaku que se precie. Detrás está Shinsuke Sato, responsable de la versión cinematográfica del sugestivo manga 'I Am a Hero'. Igualmente recomendable es 'Aterrados', una historia de fantasmas con sello argentino que se mueve entre la comedia negra y el cine de terror doméstico. A pesar de abusar de clichés, algunas secuencias con muertos que regresan de la tumba merecen la pena. 'Piercing' se agradeció por su duración, 81 minutos que supusieron un soplo de aire fresco en el festival. Aunque acaba donde debería empezar, su estética y planteamiento es de una exquisitez formal encomiable. Le falta ir más allá en su talante enfermizo pero habrá más de un espectador que se quedará en shock con su jugueteo sadomaso. 'Summer of 84' confirmó que la atracción por los años 80 continúa, la nostalgia alimenta la industria audiovisual, mientras la irregular 'Apostle', ya disponible en Netflix, dividió a la audiencia con sectas de por medio. La nipona 'One Cut of the Dead', el rodaje de una película de muertos vivientes interrumpido por un auténtico apocalipsis zombi, arrasó entre el los fans fatales del género y apuntaba a llevarse el preciado premio del público, galardón que finalmente se quedó la curiosa 'Upgrade', ¿inspirada en 'Robocop'?, cuyas escenas de acción rompen moldes.

Thriller, cine de autor, serie b

'Dragged Across Concrete', lo último de S. Craig Zahler, la mente detrás de 'Bone Tomahawk', cumplió con las expectativas. Mel Gibson borda el papel de policía en franca decadencia acompañado por un Vince Vaughn igualmente inspirado. Ambos se mueven en un retrato hiriente de la realidad estadounidense escupiendo diálogos afilados. Los thrillers también tienen hueco en Sitges con su sección propia. La ganadora en este apartado ha sido 'American Animals', la historia de un robo muy peculiar que merece un vistazo, todo lo contrario a la fallida 'Journal 64', cuarta entrega de 'Los casos del Departamento Q', la peor del lote. 'Under the Silver Lake', uno de los hypes del festival, obra de David Robert Mitchell, autor de la controvertida 'It Follows', de obligado visonado para todo amante del terror, desconcertó al público presente. Puede epatar con sus constantes referencias a la cultura popular pero también puede disfrutarse como un festín cinéfilo (y cinéfago). Dará mucho de qué hablar esta temporada cinematográfica en los círculos de entendidos, donde los fanáticos y detractores ya son legión.

No arrebató 'I think we're alone now', un capítulo de 'Black Mirror' alargado, con mejores intenciones que resultado. Lo mejor son su protagonistas, Peter 'Juego de tronos' Dinklage y Elle Fanning. La actriz hizo doblete en Sitges con 'Galveston', el enésimo thriller protagonizado por un criminal en las últimas que busca redención, aquí un Ben Foster iluminado por momentos, lo más jugoso del menú. Se agradeció la presencia de un horror film en toda regla, 'Ghostland', lo último de Pascal Laugier, el cineasta que destrozó cerebros con 'Martyrs'. Esta vez se muestra más calmado pero igualmente desasosegante, con sustos certeros. Para contrarrestar tanta agresividad, 'Lazzaro feliz' -premio especial del jurado, de la crítica y jurado joven- nos recordó que en un festival tan personal como el de Cataluña todo es posible. Afortunadamente, tienen cabida un amplio espectro de propuestas que incluye el rescate de clásicos del género y cult-movies como 'El espanto surge de la tumba', 'Maniac' o 'Nueva York bajo el terror de los zombies'. Un lujazo.

En Sitges lo mismo puedes ver una película de zombies diferente, como la cinta gala 'La nuit a dévore le monde', original en su planteamiento, que un found footage siniestro como 'The invocation of Enver Simaku'. Hay hueco para una sobria propuesta coreana como 'The Spy Gone North', emocionante en su conclusión, y sitio para una deliciosa película de animación de título incontestable, 'I Want to Eat Your Pancreas'. Pinchó el slasher 'He´s out there', más de lo mismo, pero agitó al patio de butacas 'Assassination Nation', pura diversión con trasfondo de crítica social que se mira en la estupenda 'Spring Breakers'. Harto recomendable la coreana 'Burning', de la que es mejor no saber mucho, y sorprendió para bien la controvertida adaptación a imagen real de 'Superlópez'. Su humor costumbrista, marca Cobeaga-San José, funciona bien si nos olvidamos de los tebeos. El personaje torpón queda bien retratado. Cojea en el apartado de efectos especiales. Atención, por cierto, a 'Lords of Chaos', un filme basado en hechos reales, escalofriante e irrisible a partes iguales, reflejo de la génesis del black metal escandinavo.

Nicolas Cage y John Carpenter

La nueva 'Halloween' dejó fría a la platea, demasiado televisiva y poco cruenta. Afortunadamente, el apoteósico concierto de John Carpenter hizo olvidar el desaguisado (del que se libra una emponderada Jamie Lee Curtis). El maestro lo tuvo fácil con una actuación medida, apoyada con imágenes de sus películas. El público estaba vendido de antemano y la gozó al escuchar la banda sonora de algunos grandes clásicos del género como 'Christine', 'Asalto a la comisaría del distrito 13' o 'En la boca del miedo'. La presencia de rostros populares es una de las grandes bazas de Sitges. Artistas de culto como Jack Taylor, Helga Liné o Traci Lords recibieron un cumplido homenaje. Todo un puntazo contemplar a una incombustible Pam Grier en vivo y en directo presentando la proyección en celuloide de la indispensable 'Jackie Brown'. Uno de los platos fuertes fue la llegada de Nicolas Cage para presentar el mejor filme del festival, 'Mandy', dirigido por Panos Cosmatos, premiado como mejor director. Inconmensurable trabajo el de ambos, que no se hablaban ni quisieron coincidir en el mismo espacio más allá de la rueda de prensa. Cosas de divos. Menos mal que el filme está ahí para ser degustado sin prejuicios. Imposible que no despierte filias y fobias una propuesta tan extraña y lisérgica. Jodorowsky y Lynch se dan la mano con Clive Barker en una verbena para los sentidos. Brutal es decir poco.

John Carpenter ofreció un concierto repasando la música de sus películas.
John Carpenter ofreció un concierto repasando la música de sus películas. / Efe

Para coronar la presencia de grandes nombres del cine de género, una lista interminable, el mismísimo Douglas Trumbull dio una master-class de quitarse el sombrero y M. Night Shyamalan, simpático a rabiar (sus bailes en la discoteca Pachá ya son historia del festival) mostró los geniales primeros veinte minutos de 'Glass', el cierre de su particular trilogía sobre superhéroes inaugurada con la sensacional 'El protegido'. Mucho cine, y mucho más, en una cita indispensable que este año ha dejado el listón muy alto.