'Rojo': cine negro con mensaje envenenado

Darío Grandinetti, en 'Rojo'.

La cinta, que se alzó con tres grandes premios en la pasada edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastían, es un thriller con trasfondo político, como mandan los cánones

Borja Crespo
BORJA CRESPO

A pesar de alzarse con tres grandes premios en la pasada edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, mejor director, actor y fotografía, 'Rojo' no se ha estrenado en nuestro circuito de exhibición hasta el pasado viernes. Es decir, casi un año después, aprovechando las fisuras de la cartelera en la temporada veraniega, pasto de estrenos complicados de colocar el resto del año, generalmente producciones independientes alabadas por la crítica, difíciles de vender a la gran audiencia. El palmarés rara vez ayuda a reforzar realmente un lanzamiento en condiciones, lo que no quita que el filme merezca mayor atención mediática, aunque el espectador medio se decante generalmente por devorar el catálogo de las majors, convenientemente publicitado con un presupuesto holgado. Razón de más, lo ya expuesto, para reivindicar la existencia de las celebraciones en torno al cine que reflejan la diversidad de un arte en constante movimiento en su programación, informativa o a concurso.

'Rojo' ha encontrado finalmente su merecido hueco en nuestro mercado y, probablemente, la venta de sus derechos de distribución se ha topado con el camino más allanado gracias a su buena acogida en San Sebastián. Estamos ante un thriller con trasfondo político, como mandan los cánones, aunque evita la mímesis de sus constantes estéticamente. El género negro en el cual se fija el filme, sin pretender fusilarlo, es propenso a servir de excusa para hablar de otros temas además de la intriga que vertebra el relato. La resolución del crimen de turno es lo de menos y Benjamín Naishtat ('El movimiento', 'Historia del miedo'), responsable del guión y la dirección, lo sabe. Su apuesta se sitúa en Argentina a mediados de los años 70, a las puertas de una dictadura. Darío Grandinetti, al que últimamente hemos podido ver en la serie 'Hierro' de Movistar +, borda una vez más su papel. Da vida a un abogado que tiene una trifulca en un restaurante con un extraño. La bronca deriva en un conflicto mayor, una espiral de secretos y mentiras con la muerte de por medio. Andrea Frigerio, vista en 'El Ciudadano Ilustre', y Alfredo Castro, partícipe en 'El Club', completan el reparto principal de un noir excéntrico que esquiva toda fórmula manifiesta para retorcerse sin remedio, perdiendo cierto cariz en el intento.

Dramáticamente, 'Rojo' no afina el tiro en su desarrollo. Comienza sembrando la confusión y se' confunde a sí mismo según avanza la trama, lo que no le debilita del todo su fuerza y entrega. Bajo una estética costumbrista se esconde una metáfora de la sociedad argentina y un retrato del mal que habita en el corazón del hombre. No queda mucho para el golpe militar que acabó con la libertad del país en la historia que se nos cuenta. Hay una sensación inquietante de que algo va a explotar, como los problemas del protagonista, que en base a su comportamiento amoral va dejando claro de qué pie cojea y en qué bando estará cuando estalle el conflicto en el territorio. El silencio cómplice es uno de los grandes aliados de la barbarie, bien lo sabe la figura del detective privado que interpreta Castro, un personaje secundario memorable que nos deja con ganas de más ficción (ante la corrupción).

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