'Robin Hood' quiere ser un superhéroe

Taron Egerton, como Robin Hood.

Llega a la cartelera otra demostración de la falta de ideas en el marco del cine hollywoodiense

Borja Crespo
BORJA CRESPO

Llega a la cartelera otra demostración de la falta de ideas en el marco del cine hollywoodense. Remakes, reboots, secuelas, franquicias y enésimas partes de sagas interminables. Ahora toca lavar la cara y rejuvenecer a Robin Hood, un personaje popular del folclore británico medieval que ha dado pie a innumerables versiones cinematográficas con resultados creativos dispares. Bajo el lema publicitario «robar a los ricos para dárselo a los pobres» se repite la historia de siempre bajando notablemente la edad al legendario arquero, convirtiéndole en una suerte de superhéroe, acorde a la moda, que brinca disparando su arco como en las series de acción de moda que emiten los canales especializados o se devoran bajo demanda. No en vano está detrás de las cámaras Otto Bathurst, realizador televisivo que firmó el primer capítulo de 'Black Mirror', el del famoso cerdo, además de colaborar en productos estimables como 'Peaky Blinders', aunque su salto al largo no se ha quedado con lo mejor de estos títulos.

Taron Egerton, el Kingsman de Marc Millar en carne y hueso, es Robin Hood, azote del injusto rey de Inglaterra. Acompaña en sus hazañas al singular ladrón un antiguo guerrero enemigo, ahora aliado, interpretado por Jamie Foxx. La actriz irlandesa Eve Hewson ('El puente de los espías') aorta el toque femenino al reparto de una película de acción a la que se le nota demasiado su interés en arrimarse al actual auge del cine de Marvel que tanto fans capta. Las imágenes rozan la velocidad de la luz en un montaje sin respiro que puede ahogar la atención del espectador. Buscar el presunto toque moderno en la imitación de estéticas videocliperas del pasado a golpe de anacronismo parece ser la obsesión de un proyecto –con Leonardo DiCaprio en los créditos de producción- cuyo indiscutible deseo de liderar la taquilla es su mayor problema. Por querer ser actual se queda lejos de resultar novedoso al aplicar un barniz de trillados recursos francamente preocupante. «No hay nada de época o tradicional en esta película, y eso fue lo que me atrajo, porque no es el Robin Hood que hemos visto todos antes», comenta un entusiasmado y despistado Egerton. «Nuestro deseo era ir más allá de eso y crear algo que resultara muy actual. La película que hemos hecho avanza a un ritmo vertiginoso y es sumamente amena... hay una gran relación de amistad, un elemento romántico e innumerables secuencias de acción espectaculares». Nada que no hayamos visto ya con mayor eficacia en el Robin Hood de Disney o el de Errol Flynn. Lo arreglan desde producción, es un decir: «De igual manera que Bruce Wayne no pretendía convertirse en héroe, pero se convirtió en uno porque Gotham necesitaba a Batman, Robin no se propone convertirse en Robin Hood, pero Nottingham necesita que lo haga».

El Robin reinventado de Egerton es un veinteañero veterano de guerra que regresa a casa en busca de paz y descubre cómo la lucha no ha hecho más que empezar. «Aquí no hay hombres con mallas retozando por el bosque de Sherwood», exclama. «Robin regresa del campo de batalla de Siria con una gran angustia emocional y distanciado de su antigua vida, que ya no tiene sentido para él. Se encuentra una Nottingham que ya no reconoce, llena de una espantosa desigualdad e injusticia. Intenta mantenerse al margen en su soledad pero, en última instancia, su conciencia no le permite ignorar lo que ve suceder a su alrededor». El público juvenil es el target, las multisalas su hábitat natural y aquellos que ya han visto más de un capítulo de 'Arrow' bostezarán.

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