En cartelera

La reportera de guerra más brava

Rosamund Pike es Marie Colvin, tuerta desde 2001 por una granada.

En 'La corresponsal', Rosamund Pike se mete en la piel de Marie Colvin, una leyenda del periodismo que murió en la Guerra de Siria

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

La reportera estadounidense Marie Colvin es una leyenda en el periodismo de guerra. Inmortalizada en la memoria colectiva con su parche negro de pirata, consecuencia de haber perdido el ojo izquierdo en una explosión por granada en Sri Lanka en 2001 (aquel día también envió su crónica desde la cama del hospital), la corresponsal del 'Sunday Times' informó de toda suerte de conflictos bélicos de Zimbabue a Chechenia, de Libia a Kosovo, de Irak a Timor Oriental. Murió en 2012 con las botas puestas, alcanzada por uno de los obuses lanzados por las fuerzas de Bachar el Asad en la ciudad de Homs. Escribió que Siria era la peor guerra que había cubierto nunca.

Rosamund Pike se mete en la piel de una mujer adicta al trabajo, que solo parece sentirse bien entre bombas. Durante los primeros años se muestra cómoda compartiendo martinis con la élite de Londres, mientras combate desde las páginas del periódico a dictadores en todo el mundo. Pero los distintos traumas que va acumulando en cada nueva misión acaban tomando el control de su vida personal, que poco a poco se va desmoronando.

La auténtica Marie Colvin, que murió a los 56 años en la ciudad siria de Homs bombardeada por Bachar el Asad.
La auténtica Marie Colvin, que murió a los 56 años en la ciudad siria de Homs bombardeada por Bachar el Asad.

«'La corresponsal' celebra el periodismo y la figura de Marie, que arriesgó su vida una y otra vez para contar una verdad que muchos no queremos oír», explica el director Matthew Heineman. «Para mí ha sido muy importante detenerme en su vida personal y por ello he intentado analizar también sus conflictos internos. No quería plantear la película como un biopic, sino estudiar cómo esas adicciones tan paradójicas hacían de ella una periodista brillante y un alma torturada, que a menudo se preguntaba si al mundo le interesarían las cosas que ella contaba».