Alfonso Cuarón: «El poder en México depende del color de tu piel»

El director mexicano Alfonso Cuarón./
El director mexicano Alfonso Cuarón.

El director denuncia que la brecha clasista y racista en su país se ha ensanchado desde los años de su infancia, que retrata en blanco y negro en 'Roma', una de las películas del año

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Alfonso Cuarón (Ciudad de México, 1961) ha pasado de la inmensidad del espacio a los resquicios de su memoria. El director de 'Gravity' –siete Oscar– ha echado la vista atrás para viajar al México de su infancia y homenajear a la nana que cuidaba de él y de sus tres hermanos en la Colonia Roma, el barrio burgués del DF del que toma nombra la película del año. Cleo es el trasunto de Libo, su segunda madre, mujer, sirvienta e indígena en un país que, como defiende el realizador, ha agudizado sus problemas de racismo y clasismo.

León de Oro en Venecia, mejor filme de 2018 para las asociaciones de críticos de Nueva York y Los Ángeles, 'Roma' reconstruye en hipnóticos planos en blanco y negro un universo en el que se cuelan las convulsiones históricas del país, como la matanza de un centenar de estudiantes a manos de paramilitares el Jueves del Corpus de 1971. El filme se exhibe actualmente en unas pocas salas de Madrid y Barcelona antes de llegar a Netflix.

– ¿Cómo se construye una película a base de recuerdos?

– Es un proceso muy intuitivo, nunca había hecho nada así. Fueron meses de investigación interna, básicamente mi herramienta de trabajo fue mi sofá. Se trataba de abrir puertas en la memoria y entrar en esos corredores llenos de puertas, que a su vez daban a otros corredores. Así pasé meses. Eventualmente empecé a cotejar esas memorias con Libo, que es la persona en quien está basada el personaje de Cleo. A partir de entonces tuve pláticas muy extensas con ella, describiéndome milimétricamente su vida cotidiana, su día a día. Mucha de esa rutina la conocía, formaba parte de mi misma burbuja. Momentos fascinantes como la intimidad en su cuarto, donde hacía ejercicio a la luz de la vela porque mi abuela se enojaba si tenía la luz encendida y gastaba electricidad; eso en una casa donde las luces estaban siempre encendidas... Lo más sorprendente vino cuando su narración salía de mi burbuja, en esa vida social la historia tomó más complejidad. Empezó un reconocimiento muy fuerte a algo que realmente sabía, pero donde nunca había querido adentrarme, como no nos queremos adentrar en muchas cosas de nuestros padres. Descubrí su realidad como mujer perteneciente a una clase social sin privilegios y con un bagaje indígena.

– En ese proceso de reconstrucción de la memoria descubrió cosas de su propia familia que no sabía.

– Sí. Algunas no muy agradables y otras que ya me las esperaba. No fue fácil cotejar los hechos, mi hermano mayor decía que no se acordaba y el pequeño tenía unos recuerdos que corrían de un lado a otro y se contradecían entre sí. Mi hermana en cambio sí cotejaba y era un muy buen termómetro de esas memorias.

– ¿Por qué dice que algunas cosas no eran muy agradables?

– Bueno, quedaba clara la complicidad social a una cadena que obedece a una jerarquía social bastante perversa. No necesariamente tu familia o una persona es cómplice de esa cadena por maldad, sino porque es el 'status quo', son cuestiones arraigadas social y culturalmente.

– ¿Cómo hizo para evitar la nostalgia, que tiñe todo cuando echamos la vista atrás?

– No me interesaba hacer una película acerca del pasado como una 'romantización', eso no es realmente memoria, sino una idealización. La única manera que existe de asociarte a la memoria es a partir del presente. El presente tiñe tu memoria con su entendimiento, con tus limitaciones y tus prejuicios. Al describir las cosas no lo haces con esa candidez y calidez de un recuerdo de infancia. En cuestión de memoria ha habido maestros del cine que lo han bordado en el pasado. Siempre sale 'Los 400 golpes', de Truffaut, donde no hay nostalgia. O 'Amarcord' de Fellini y 'Fanny y Alexander' de Bergman. Los directores son casi observadores de ese universo. La película que más me fascina en cuestión de memoria es 'El espejo', de Tarkovski. Él es el único que se ha adentrado en la abstracción de la memoria.

Escenas de 'Roma'; abajo, Cuarón en el set de rodaje.

– ¿Ha cambiado la relación de la burguesía mexicana con los pueblos indígenas?

– El problema se ha agudizado, la brecha se ha ensanchado infinitamente. Después de lo que se narra en 'Roma' tuvimos la fantasía de cinco minutos de la modernidad con la Administración de Carlos Salinas de Gortari. Al mismo tiempo que se firmó el tratado de Libre Comercio con EE UU y Canadá vino el levantamiento zapatista, que despertó a una burguesía dormida. Fue una llamada de atención para recordarnos cómo vive la mayoría. México le tiene una deuda muy grande a ese movimiento. Desde entonces, las cosas no han mejorado. Hay grupos indígenas con falta de liderazgo y una discusión que no se quiere tener sobre la autonomía o el integracionismo. Es un problema que no se limita a los grupos indígenas, se refleja de una manera más ampliamente racial. El poder en México depende del color de tu piel. Mientras va variando tu espectro de piel y es más morena, desciende el nivel económico, hasta que llegas a los pueblos indígenas, que son los más olvidados. En México existe un racismo absolutamente asumido. La hipocresía del mexicano es que no se considera racista, los gringos sí. Es algo muy desagradable. Precisamente hace unos días los jueces declararon por primera vez discriminatorio no pagar la seguridad social a las empleadas de hogar. Es el primer paso para crear una legislación en defensa de esas trabajadoras. No sabes la cantidad de comentarios racistas y clasistas de gente de clase media, que dice que entonces tendrá que despedirlas. Mira, Yalitza Aparicio, la actriz que interpreta a Cleo, salió en la portada del 'Vogue' mexicano. Y todos los comentarios fueron racistas. Ahí está el verdadero problema, que venimos heredando desde la colonia, una relación de castas.

– En España vivimos sorprendidos estos días por la irrupción de la ultraderecha en un parlamento, algo que no ocurría desde 1982.

– Lo sé, lo sé... Es muy preocupante, pero es consecuencia de algo, una reacción. Toda esa democracia liberal europea ha sido el detonante de estos populismos. Se ha dado prioridad al desarrollo económico y a las finanzas, antes que al servicio social y la democracia. Hablamos de México, pero no es más que un microcosmos de lo que ocurre en el resto del mundo. Los contrastes están en casa. Muchos países no tienen estos problemas, porque en vez de tener una fábrica con malas condiciones laborales optan por la deslocalización y la llevan a Bangladesh. La actitudes raciales son las mismas.

– Le llamo desde Bilbao, donde el cine más cercano para ver 'Roma' está a 400 kilómetros...

– Conozco muy bien Bilbao. Me da mucha pena... Es un conflicto entre dos modelos económicos. No hablamos de que un lado defienda el cine y otro no. 'Roma' se estrena en Italia en 60 salas por todo el país, y en 70 de Polonia. En algunos territorios la película se está pasando tres semanas antes de llegar a Netflix. Es una discusión de modelos económicos muy rapaces que no beneficia al público ni al cine. Tampoco les beneficia a ellos, a ninguna de las dos partes. Netflix flexibilizó sus exigencias, permitiendo esas tres semanas de explotación en salas. La ironía es que los cines donde están proyectando 'Roma', en todos los países, han vendido todos los boletos. Que no me digan que compatibilizar los dos modelos no es negocio, porque lo estamos demostrando. Yo defiendo el cine en las salas de cine, lo haré siempre. Pero también la diversidad del cine.