Mike Newell: «Con el Bréxit los británicos hemos renunciado a la idea de prosperar»

El director británico Mike Newell./Efe
El director británico Mike Newell. / Efe

El director de 'Harry Potter' y 'Cuatro bodas y un funeral' estrena un cuento romántico ambientado en la Inglaterra de posguerra, 'La sociedad literaria y el pastel de piel de patata'

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Mike Newell (St. Albans, Reino Unido, 1942) es el primer director británico de la saga Harry Potter ('El cáliz de fuego) y el autor de un clásico de las comedias románticas: 'Cuatro bodas y un funeral'. Tan pronto rueda un vehículo al servicio de Julia Roberts en 'La sonrisa de Mona Lisa', como firma la adaptación del videojuego 'Prince of Persia'. Newell demuestra su tremendo oficio en 'La sociedad literaria y el pastel de piel de patata', un cuento ambientado en el Londres de posguerra que habla de algo tan hermoso como la posibilidad de que los libros unan a una comunidad. El director, que camina auxiliado con un bastón y suelta carcajadas de bon vivant, charló con EL CORREO en el pasado Festival de Cine de Barcelona.

- Usted era un niño entonces, pero ¿qué recuerdos tiene del Londres de posguerra?

Recuerdo la parte de abajo de un sofá en el salón de casa de mis padres. Yo se lo pregunté a mi madre antes de morir: mamá, ¿por qué me viene a la cabeza siempre esa imagen? Y ella me explicó que los alemanes disparaban dos clases de misiles. El V-2 que subía y bajaba, era un verdadero misil balístico, y otro que era una especie de misil crucero, el V-1, al que los británicos le dieron un nombre ridículo para tenerle menos miedo, lo que es algo muy nuestro: la bomba zumbadora. Hacía una especie de zumbido muy divertido antes de impactar. De vez en cuando, algún alemán de mierda ponía un poco más del combustible necesario en el depósito y el misil pasaba por encima de Londres. Mis padres colocaban mi cuna debajo del sofá cuando lo oían, y de ahí que conserve esa imagen. También recuerdo en los años siguientes el frío que hacía, lo miserable que nos sentíamos. Apenas había carbón, vivíamos un racionamiento y faltaba el pan, la ropa… Todo. De niño no eras consciente de eso, simplemente era la vida que te había tocado. Tenía una madre, una abuela y unas tías heróicas, que cooperaban para darte una vida normal y feliz, que no te marcara el resto de tus días. Ese es el verdadero heroísmo, las mujeres mantuvieron unido el país. Ocurrió en Francia, en todas partes… Dunkerque se explica por la misma razón.

Ya que saca a colación Dunkerque, viendo su película pensaba en el orgullo británico en estos tiempos de Bréxit.

La mitad del Reino Unido está por el Bréxit y la otra mitad no. Ganaron los partidarios de irnos de Europa, ya está hecho. La gente como yo no lo quiere, pero es un hecho consumado. Eso significa que somos un país muy poco importante. Hemos prescindido de la posibilidad de prosperar y sobre todo de la pertenencia a algún tipo de ideal, lo hemos tirado por la borda.

Hemos visto muchas series sobre ese periodo de posguerra, quizá el último periodo en el que su país se sintió importante.

Y con razón. Éramos importantes. Suena emocional y tonto, pero era una nación de héroes. Solamente nosotros y nadie más. Teníamos derecho y razón a serlo, pero después vino la imposibilidad de cambiar. Pero yo no soy un político, mis opiniones son simplistas.

¿No cree que el Bréxit puede ser una catástrofe para el cine británico?

Quizás. Para mí la guerra ha terminado, soy demasiado mayor. Pero para mis hijos es posible que sea una catástrofe. Dudo de que haya un gen inherente a los británicos que les obligue a decir: 'Vamos a ser libres'.

Hay una hermosa idea en la película: los libros uniendo a una comunidad y haciéndoles olvidar la guerra. Cuando la protagonista llega y los lugareños descubren que es escritora la reciben con admiración. ¿No cree que antes se respetaba más la cultura y el conocimiento que ahora?

No. Yo vivo entre jóvenes, con mis hijos. Y van al teatro, al cine, leen… Les preocupa la cultura.

¿Cómo se considera a sí mismo? ¿Un contador de historias, un director de encargo?

Como un vejestorio. Me tienen que atrapar las historias que cuento, tienen un papel rejuvenecedor. Puedes revisitar las grandes historias que te atraparon, como 'La isla del tesoro', y siempre encontrarás algo distinto. Hace poco disfruté de la más maravillosa producción teatral de 'Hamlet' que haya visto jamás, un montaje moderno en el que aparece un fantasma en una cámara de seguridad. Brillante. Podía ver 'Hamlet' hasta el infinito.

¿Adapta con el mismo respeto a Charles Dickens que un videojuego?

Ja, ja, Si puedo encontrar dinero me gustaría adaptar una novela de Dickens que cuenta hasta qué punto es criminal y brutal el negocio de la banca. Ya lo era en el Londres victoriano y lo sigue siendo ahora. Me encantaría rodar esa película.

He de confesarle que mi película suya favorita es 'Donnie Brasco'.

Estoy muy orgulloso de ella. Me encantó trabajar con Al Pacino y sobre todo con los auténticos gángsters que encontré en Queens, se portaron maravillosamente. No había referencias a 'El padrino' ni a los mafiosos de Scorsese. Uno de los gángsters me reconoció que en la realidad todos intentaban actuar como Michael Corleone -fríos, racionales-, cuando en realidad eran como su hermano Sonny. Pacino había sido Michael Corleone y ahora tenía que ser un don nadie que no sabe nada de los de arriba. Fue alucinante ver cómo construyó su personaje, cómo elegía la ropa. Le dimos a elegir cientos de gafas de sol, y enseguida supo cuáles le daban ese lado grotesco y cómico al personaje. Yo intento no ver las películas que he hecho, pero con 'Donnie Brasco' me lo he pasado muy bien. No queríamos hacer 'El padrino', una ópera veneciana del siglo XVIII… Este don nadie hace lo que le dicen que tiene que hacer. Conocí bien a unos cuantos mafiosos neoyorquinos, tíos muy carismáticos que pasan el día en clubes sociales. El sábado por la tarde siempre se emborrachan. Un día vi cómo traían a un cura a rastras y le daban un puro para convencerle de que una chica tenía que casarse en la catedral de San Patricio. Acabaron llamando al cardenal y, efectivamente, se casó en San Patricio.

El club de lectura que plantó cara a los nazis

Casi 8 millones de euros recaudados en el Reino Unido certifican el éxito de 'La sociedad literaria y el pastel de piel de patata', un filme que lo tiene todo para repetir su éxito entre el público maduro que acude puntualmente a las multisalas del centro de las ciudades.El nuevo trabajo de Mike Newell, director de 'Cuatro bodas y un funeral' y 'Harry Potter y el cáliz de fuego', destila amor por los libros y sitúa una historia romántica en el marco de la Inglaterra de posguerra. ¿Quién da mas?

El título se explica en los primeros compases de la película, que nos sitúan en la pintoresca isla de Guernsey, en el Canal de La Mancha, que fue ocupada por los nazis durante la II Guerra Mundial. Allí los lugareños se unirán en un club de lectura, que tomará su nombre del mísero pastel con pieles de patata que les alimentaba. Una escritora de Londres en plena sequía creativa (Lily James, la última Cenicienta de Disney en imagen real), se intrigará por las cartas que recibe de la isla contándole la existencia del peculiar club.

Todo funciona a la perfección, sin el más mínimo sentido del riesgo, en este cuento con una puesta en escena de la época tan impecable como nos tiene acostumbrado el país de 'Downton Abbey'. Por supuesto, se basa en un best seller (de Annie Barrows y Mary Ann Schaffer) que se reedita con el póster del filme en su portada.

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