Los Coen se pasan al 'streaming' con 'La balada de Buster Scruggs'

Un fotograma del primer episodio de 'La balada de Buster Scruggs'./
Un fotograma del primer episodio de 'La balada de Buster Scruggs'.

Joel y Ethan reinterpretan el western con una película, formada por seis capítulos distintos, llena de humor negro

Borja Crespo
BORJA CRESPO

Con la llegada de las plataformas de entretenimiento en 'streaming' cada vez está más complicado estar al día con todos los lanzamientos de actualidad para ostentar el carnet de cinéfilo de pro. La pasada semana, sin ir más lejos, se estrenó de sopetón para muchos -abres la app en tu smart TV, o el dispositivo que toque, y te encuentras con material de aparente interés prácticamente cada día- la última propuesta de los hermanos Coen, 'La balada de Buster Scruggs', en la línea de 'Arizona Baby', 'El gran salto' o la delirante 'Oh, Brother!', cuyo peculiar tono no es plato para todos los gustos, como la propia filmografía de los responsables de la incontestable 'Fargo'. Llama la atención, de entrada, que Joel y Ethan hayan optado por estrenarse en Netflix con una película de episodios, seis concretamente, conscientes de que lo que se lleva entre el grueso del público de la conocida multinacional son las series (el proyecto lo era en su origen). Consumir imágenes, no necesariamente en movimiento, de forma fragmentada en el espacio-tiempo -o a mayor velocidad en el reproductor, lo que leen-, está al orden del día. Por tanto, una antología de relatos que juegan con los lugares comunes del western encaja perfectamente en la idiosincrasia del gusto vigente.

Con lo nuevo de Martin Scorsese a la vuelta de la esquina, disponible por la misma vía, queda claro que la Coca-Cola del audiovisual bajo demanda, la gran empresa que cotiza en bolsa, quiere hacerse también con el cine de autor. Copar el mercado es su principal objetivo y todo entra en un descomunal catálogo que atiende más a la cantidad que a la calidad, de ahí la necesidad más que nunca de la figura del prescriptor. Los hermanos Coen saben lo que hacen, lo suyo no es quedarse en la parra. Su carrera como cineastas es de las más interesantes de Hollywood. Con algún altibajo irremediable, con 'No es país para viejos' dieron un buen campanazo y reforzaron su amor por el cine de género. Con la excéntrica y recomendable 'Un tipo serio' exploraron temas habituales en su filmografía: la fe, el judaísmo, la responsabilidad familiar o la mortalidad. Con 'Valor de ley' se atrevieron a indagar en los mecanismos de la venganza, enarbolando una propuesta inusual desde el momento en el cual apostaban por el western, un género en horas bajas por aquel entonces, veneno para la taquilla, resucitado con cierta gracia últimamente.

El western sobrevive

Las películas del Oeste tuvieron su época dorada. Más de un realizador atrevido ha pretendido insuflar oxígeno al género en los últimos tiempos, a ver si retornaba con fuerza. Con 'Valor de ley' tamaño atrevimiento funcionó. Desde el punto de vista artístico peleó por los Oscar en varias categorías: Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Guión adaptado… Joel y Ethan, que ya habían tocado el western tímidamente en 'No es país para viejos', se basaron en la novela de Charles Portis, la misma que sirvió de punto de partida a un western clásico, protagonizado por John Wayne bajo la dirección de Henry Hathaway en 1969. Los hermanos no realizaron un remake del clásico, optaron por reinterpretar el libro. Un desvencijado Jeff Bridges, nominado al Oscar al Mejor Actor Principal gracias a un rol hecho a su medida, rifle en ristre, encarnaba a un tipo borracho y malencarado, aficionado a disparar su arma sin pensar demasiado. Su objetivo es un asesino sin escrúpulos interpretado por Josh Brolin, a quien deben dar caza antes de que lo capture un ranger de Texas con el rostro de Matt Damon. Los caminos de los personajes se cruzan, cada uno con su código moral y sentido de la justicia. Maldad, amor, tesón… Todo ello envuelto en una conseguida atmósfera.

Tres fotogramas de la película de Netflix.

'La balada de Buster Scruggs', otra reivindicación del género, juega, con mucho humor negro, con las convenciones del Lejano Oeste. Su reparto coral es excepcional, el formato lo permite, con las actuaciones de James Franco, Liam Neeson, Tim Blake Nelson, Zoe Kazan, y hasta Tom Waits, entre otras presencias estelares. Seis capítulos con la muerte como elemento en común conforman una divertida revisitación del western cuyo entrañable catálogo de personajes es una buena muestra del sello Coen. La manera de trabajar de los cineastas no es habitual. Ethan, el menor, figura en los créditos como productor, aunque ambos hacen el trabajo en conjunto. Dicen en Hollywood que cualquier pregunta que alguien les haga en un rodaje, la responden exactamente igual cada uno por su lado. Joel siempre firma como director. Roderick Jaynes es el seudónimo que utilizan en ocasiones como montadores. Con 'Fargo' ganaron el Oscar al Mejor Guión Original. Gracias a 'No es país para viejos', adaptación de la novela de Cormac McCarthy, ganaron el Oscar a la Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Guión Adaptado, además del Oscar a Javier Barden por Mejor Actor de Reparto. Su último trabajo, con un resultado notable, no se ha podido disfrutar en el circuito convencional de salas pero es inevitable hablar de su existencia. Tras un buen arranque, no todas las piezas funcionan igual, el nivel fluctúa, pero la obra en su conjunto deja un buen sabor de boca al espectador entregado. La puesta en escena es lo más destacable, marca de la casa, en la sucesiva narración personal de los dispares «cuentos del Oeste». Así, se suaviza la idea de que las películas de episodios nunca van bien, aunque el cine de terror lo haya desmentido en más de una ocasión a lo largo de la historia del séptimo arte.

Las películas originales de Netflix no suelen cumplir con las expectativas. 'La balada de Buster Scruggs' se lleva un aprobado más que alto y se sitúa entre las mejores propuestas estrenadas por la plataforma online hasta la fecha con la sonada etiqueta. Vivimos tiempos en los que no se vende un título por el nombre de su máximo responsable, «la última de...», ahora es «lo nuevo de Netflix o HBO». El cine de autor todavía sobrevive en la selva audiovisual actual a machetazos, abriéndose entre la maleza con iniciativas como la que nos ocupa: la última de los Coen. ¿Por cuánto tiempo?

 

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