El infierno de Pepe Mujica

Antonio de la Torre en la piel del expresidente uruguayo Pepe Mujica.

'La noche de 12 años' reconstruye el atroz cautiverio del expresidente uruguayo y sus compañeros tupamaros

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

¿Cómo se sobrevive a doce años de cautiverio? El cineasta Álvaro Brechner representa a Uruguay en los Oscar con este durísimo drama que reconstruye el calvario de tres guerrilleros tupamaros durante la dictadura militar. Uno de ellos, José Mujica, acabaría años después como presidente del país. De presos pasaron a rehenes de los militares, que los mantenían incomunicados en prisiones remotas, casi abandonados a su suerte y sin visitas de sus familiares.

'La noche de 12 años' se inscribe así en el subgénero carcelario que desgrana la agonía de reclusos a los que se trata como animales. Mauricio Rosencof, Eleuterio Fernández Huidobro y Pepe Mujica tuvieron que sobreponerse a las penurias físicas y mentales. Atados, encapuchados, vejados y sin contacto físico con nadie, idearon la manera de comunicarse entre ellos a base de golpecitos en la pared. «No les vamos a matar, les vamos a volver locos», les anuncia un mando en los primeros compases de un filme que encuentra el alivio de un cielo contemplado por los protagonistas, un lápiz con el que escribir unas líneas o los recuerdos de la familia y la lucha por traer la democracia al país.

«¿Qué queda de un hombre cuando le han quitado todo?», se interroga Brechner, que lleva veinte años afincado en España. «El filme relata la historia de tres personajes despojados durante doce años de todo lo que los constituía como individuos. Más allá de la meticulosa recreación histórica de los hechos, lo que quise es trasladar un viaje estético y sensorial, en donde poder experimentar cómo se sobrevive a dicha batalla interior».

'La noche de los 12 años' pretende poner al espectador en la piel de un preso sin asideros. El protagonismo se reparte entre los tres reclusos, a cargo de actores que se dejan el alma y los kilos en la labor. Nadie va a descubrir a estas alturas a Antonio de la Torre, que más allá del acento asume la difícil labor de recrear a un hombre que lucha por no caer en los abismos de la locura. El gran descubrimiento es Chino Darín, que da un paso de gigante en su carrera. La conmovedora escena en que recibe a sus padres y a su hija en prisión demuestra su gran madera de actor.

Brechner no pretende una hagiografía de Mujica ni una lección de historia sobre el periodo negro de Uruguay, que comprende de 1973 a 1985. De la agonía de los protagonistas se desprende una lección universal tristemente aplicable a regímenes dictatoriales en cualquier parte del mundo: por mucho que se veje a las víctimas no se doblega la voluntad política de un pueblo.

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