'Historias de miedo para contar en la oscuridad', terror para el gran público

Un fotograma de 'Historias de miedo para contar en la oscuridad'.

El responsable de 'La autopsia de Jane Doe' apuesta por una película con cierto regusto ochentero y rematadamente convencional, para bien y para mal

Borja Crespo
BORJA CRESPO

'Historias de miedo para contar en la oscuridad' es un canto de amor al cine y los relatos de terror, con cierto regusto ochentero, como mandan las tendencias actuales, aunque la acción transcurra en los años 60, concretamente en 1968, un año vital para el género de horror. Fue cuando se estrenaron títulos indispensables en las historia del séptimo arte en general y el fantástico en particular, entre ellos 'El planeta de los simios', '2001: Una odisea del espacio', 'La semilla del diablo' o 'La noche de los muertos vivientes'. A esta última cinta de culto, obra de George A. Romero, rinde homenaje de manera directa el estreno que nos ocupa, de la mano de una secuencia en un autocine donde se proyecta el filme que dio el primer paso en la carrera al estrellato de la figura del zombi como icono de la cultura pop. Los guiños a los aficionados al pánico en la sala oscura en pantalla grande son continuos en una película para no dormir producida por un auténtico fan del movimiento, el cineasta mexicano Guillermo del Toro, cuya trayectoria nunca ha dejado de estar ligada a las raíces del miedo ('The Strain', 'La cumbre escarlata', 'Mimic', etc.).

Del Toro apadrina 'Historias de miedo para contar en la oscuridad', dirigida por André Øvredal, responsable de 'Troll Hunter', un found footage por encima de la media, y la simpática 'La autopsia de Jane Doe', un relato siniestro cuya modestia formaba parte de su encanto. En la línea de series de terror y suspense como 'Tales from the Crypt', comenzaba con el cadáver de una bella joven, muerta en extrañas circunstancias, sobre la mesa de disección y acababa en un caos exquisito por obra y gracia de los giros de guión, algo que no se repite en la última apuesta del realizador de origen noruego, rematadamente convencional, para bien y para mal. Con el ascenso al poder total de Nixon, antes de su caída, y la guerra de Vietnam de fondo, el filme atiende a una premisa sugestiva que ha dado pie a multitud de cuentos y piezas audiovisuales: aquello que está escrito en un cuaderno, o en un libro ajado por el paso del tiempo, pasa a ocurrir en la realidad. Así, como en 'Pesadillas', la visita de un grupo de adolescentes a una mansión misteriosa acaba en una sinfonía de sucesivas muertes que cuentan con su versión escrita. Uno a uno los protagonistas van cayendo, víctimas de fenómenos paranormales, como en 'Destino final' pero en formato literario, saltando de la ficción expuesta en las hojas de un antiguo mamotreto, encontrado en la excursión a la casa encantada, a los hogares y calles de Mill Valley, un pueblo típicamente americano que sufre el peso de una maldición. No se libra ni la comisaría de la visita de un espeluznante ser de otro mundo (que canta a CGI).

Ecos del maestro Stephen King pueden dilucidarse en esta adaptación de los libros de Alvin Schwartz, con las escalofriantes ilustraciones de Stephen Gammell. El guión se inspira en la serie y apuesta por un terror clásico, para todos los públicos, que se deja llevar por los sustos efectistas en detrimento de la atmósfera. Inevitable no pensar en 'It', la versión reciente, o en 'Stranger Things', cuya sombra es alargada. Zoe Colletti ('Annie'), Michael Garza ('Los juegos del hambre: Sinsajo. Parte 1'), Austin Zajur ('Pelea de profes'), Natalie Ganzhorn ('Make It Pop'), Gabriel Rush ('El gran hotel Budapest'), Austin Abrams ('Ciudades de papel') y Gil Bellows ('Cadena perpetua') nutren el reparto de un producto aprisionado por su objetivo comercial. Lo deja claro el tráiler oficial, donde aparecen los monstruos exactos y las únicas situaciones de desasosiego que se extienden en el largometraje, resultón en su comienzo hasta que decide contar al espectador el porqué de las cosas.

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