'Dantza': el baile de la vida

Uno de los números de baile y música de 'Dantza'./
Uno de los números de baile y música de 'Dantza'.

Telmo Esnal firma un musical sin palabras, en el que se suceden escenas de baile rodadas de forma sofisticada con la vocación de hacer universal el folclore vasco

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

'Dantza' es un musical en estado puro, esto es, renuncia a la palabra y se rinde a la música y el baile en una sucesión de estampas hiladas por el ciclo de la vida. Puede que solo se escuche una palabra, «¡txotx!», el grito con el que se descorcha una kupela que reparte sidra a un pueblo que festeja bailando su felicidad. Más de 250 bailarines de 15 compañías evolucionan en algunos de los parajes más bellos del País Vasco y Navarra.

Telmo Esnal, bailarín antes de ser cineasta, dirige este experimento atrevido y ambicioso, que le ha llevado siete años y en el que comparte autoría con el folclorista y coreógrafo Juan Antonio Urbeltz. La alboka, el tamboril, el txistu, la txalaparta y otros instrumentos tradicionales vascos suenan en la banda sonora de Pascal Gaigne. De las Bardenas Reales habitadas por bailarines dignos de Mad Max pasamos a una tribu que ara la tierra. Estalla la tormenta y germina el fruto. Un hechicero desafía a la naturaleza en una cueva mientras los hombres entablan la batalla. Con la paz llegará la recolección de la cosecha, simbolizada en una manzana de la que se extrae sidra. A los bailes cortesanos en el pórtico de la Basílica de Arantzazu se sucede la romería en la plaza mayor de Leitza.

'Dantza' es una cinta de factura técnica elaboradísima, efectos visuales incluidos, en la que ha participado buena parte del equipo de 'Handia'. Lógicamente, su capacidad hipnótica no se mantiene a lo largo de la hora y media larga de metraje. Puede verse como un tratado de folclore vasco, pero las simbologías de las diferentes danzas son universales, lo que le garantiza un fructífero recorrido internacional.

Una película de tres cabezas

El mayor obstáculo al que debieron enfrentarse los responsables de 'Dantza' tuvo lugar en los despachos, mucho antes del rodaje. «El reto fue convencer a los financiadores para que nos apoyaran, porque se trataba de una idea abstracta, difícil de trasmitir», explica su director, que siempre tuvo claro el objetivo del proyecto. «Quería contar una historia sin palabras, la de un pueblo agricultor que se expresa mediante la danza folclórica, pero desde cierta visión novedosa. En suma, crear algo contemporáneo desde algo tradicional»

La intensa plasticidad es una de las características de esta singular creación. «Yo soy el director, pero estoy convencido de que se trata de una película de tres cabezas», arguye Esnal y menciona al investigador Juan Antonio Urbeltz y al pintor y escultor Koldobika Jauregi como las otras mentes implicadas en la iniciativa. «El primero ha desplegado el significado simbólico del baile y el segundo le ha dado cuerpo, pero desde una cierta deconstrucción», explica. «Los individuos parecen esculturas en movimiento, como las que elabora Jauregi».

Otro espectacular momento de 'Dantza'.
Otro espectacular momento de 'Dantza'.

La narración huye de localismos evidentes y, a menudo, se despliega en escenarios que parecen huir del espacio y tiempo. «Porque las referencias son universales», alega y señala que la ezpatadantza no es exclusiva del País Vasco, que los metales también chocan en las danzas ancestrales inglesas o balcánicas.

La ausencia del diálogo no ha resultado cuestionada en todo el proceso, iniciado hace siete años. «El cine tiene su propio lenguaje y la danza posee otros código», alega y, asimismo, señala la escasez de referencias fílmicas. Esnal menciona 'Bodas de sangre' de Carlos Saura, aunque en este caso la historia tiene lugar en un local de ensayo, 'Sueños' de Akira Kurosawa y, sobre todo, 'Pina' de Wim Wenders. «Porque no se trata de un documental clásico. Me sirvió para afianzarme en la idea de que mi película era posible».

Rodar coreografías resulta complejo. «Cada una era un mundo» admite. A la dificultad técnica, por el uso de grúas y drones, se sumaba la humana. «Se hace difícil trabajar con bailarines que no son actores, que están acostumbrados a llevar a cabo su actuación durante hora y media ya está, pero me siento muy orgulloso de los resultados».

La apetencia por salir de la comedia, el género que le hizo popular gracias a títulos como 'Aupa Etxebeste!', incentivó a Esnal para emprender esta singular iniciativa. «Quería abordar un proyecto potente visualmente en el que se narrara de otra manera», aduce. El público disfrutará con la experiencia de contemplarla. «Es muy intensa tanto a nivel de imagen como sonido», advierte. Muchos saldrán de la sala con la impresión de que 'Dantza' requiere otro visionado para captar sus múltiples matices. «Me sentiré muy satisfecho si muchos piensan que deben volver a verla».