¿Por qué nos enganchan tanto las películas 'basadas en hechos reales'?

Un fotograma de 'The Rider'.

Tres de los títulos más impactantes de la temporada son tan auténticos, dolorosos y emocionantes como la misma vida

LUIS GÓMEZ

Es normal que uno se ponga a temblar o por lo menos a tomar ciertas precauciones cuando los títulos de crédito nos advierten de que la película que vamos a ver 'está basada en hechos reales'. Generalmente, no auguran nada bueno ni tampoco suelen ajustarse muchas veces a los hechos ocurridos. Nada que ver, sin embargo, con lo visto en la temporada cinematográfica recién estrenada.

Tres de los títulos más desgarradores son historias auténticas, protagonizadas incluso por personajes de carne y hueso al llevar a la pantalla su vida o la de sus difuntos padres. Una advertencia: 'The Rider', 'Cold War' y 'El capitán', las tres sin excepción, suponen un golpe en el estómago. No son fáciles de ver. La imposibilidad de conducir a buen término una trágica historia de amor, la amoralidad de un falso capitán nazi que se regodea con el despiadado ejercicio del poder y la muerte y, sobre todo, la desgraciada vida de un joven 'cowboy' al que un caballo salvaje aparta de lo que más quería –el mundo de los rodeos– (no supone ningún spoiler porque se avanza desde el principio) estremecen por lo que se ve en la pantalla. Pero más aún por lo que dejan entrever lo que padecieron (y en algunos casos siguen sufriendo) esas personas. Ninguna de las historias es fruto de la imaginación de un guionista. Surgieron sin necesidad de inventarlas y son auténticas, dolorosas y emocionantes como la misma vida.

'The Rider', el ocaso de una forma de vida

Este western clásico y crepuscular es uno de los títulos más sobresalientes y tristes de los últimos años. La cineasta china Chloé Zhao aborda la historia de un joven vaquero que deberá aceptar después de una grave caída que no podrá seguir dedicándose a la doma y la monta de caballos, ni, por supuesto, hacer realidad sus sueños de gloria en el mundo del rodeo. Brady Jandreau creció junto a caballos y entregó su vida a cuidarlos en la reserva de Pine Ridge (Dakota del Sur), donde vive la tribu de indios Nube Roja. Donde el deporte más popular, para más señas, no es el baloncesto o el béisbol, sino el rodeo

Pero la fatalidad se cruzó en su destino y dejó de cabalgarlos. En abril de 2016 un equino le arrojó al suelo y le fracturó el cráneo con una pezuña. Se salvó de milagro, pero, pese a los consejos médicos que desoyó, siguió entrenándolos. Quedó incapacitado para todo lo que daba (y da) sentido a su mundo. Seis meses después del accidente, colgó una foto en las redes, donde se le veía adiestrando otra vez caballos. La cineasta, amiga del 'cowboy', la vio y se alegró. El jinete caído volvía a los ruedos. Para saber durante cuánto tiempo deben ver el film (de los que más ha impresionado a este periodista en los últimos años). «Pensé en hacer un largometraje sobre él, para mostrar la vida de un jinete de rodeos», reconoce Zhao. Y la hizo.

Y es descorazonada, conmueve las entrañas. Jandreau, con una enorme cicatriz en la cabeza, se pregunta '¿qué somos cuando ya no somos nada de lo que fuimos?' sin obtener respuesta. Se pasa la película entre charlas con su hermana, Lilly, aquejada del síndrome de Asperger, y su padre, Wayne, un tipo que mata el tiempo entre tragos y tragaperras y que se gasta el dinero que gana su hijo. Tampoco ahorra las visitas a su mejor amigo, Lane, un jinete que acabó parapléjico. No hay actores profesionales en 'The Rider'. Casi mejor. Todo suena a autenticidad. Los vaqueros son vaqueros que interpretan a vaqueros. Brady, su padre Tim y su hermana Lilly son Brady, Tim y Lilly Jandreau. O al revés. Y el domador de toros tetrapléjico Cat Clifford es Cat Clifford. Es una película con muchas heridas que tardarán en cicatrizar entre los espectadores. Advertidos quedan.

'El capitán': un ser abyecto

En 'El capitán ', el realizador alemán Robert Schwentke reflexiona y muestra de forma descarnada las atrocidades que puede llegar a cometer el ser humano. El final de la Segunda Guerra Mundial está a la vista y el orden social en Alemania está en ruinas. Y con la moral cuesta abajo, la tropa se desintegra. Las deserciones aumentan tan dramáticamente que a los soldados dispersos se les dispara automáticamente.

Hambriento y aterido de frío, el soldado Willi Herold encuentra un uniforme de capitán, cambia su identidad y, al mando de unos soldados perdidos que actúan a sus órdenes, se dedica a «sembrar el horror entre la población inocente en un viaje hacia la degradación moral, el mesianismo nazi, la perversión y la barbarie», han subrayado algunos críticos. El largometraje dispara y alcanza. No da tregua. Vale, muchos pensarán que solo es una película. Y aunque así es retuerce las tripas y conciencias por su humor negrísimo. Pero es más. La película rescata la figura de Willi Herold, también conocido como 'El verdugo de Emsland'. Existió. Formó, en abril de 1945, un pequeñísimo ejército, engañó a cientos de personas y, lo que es peor, orquestó la ejecución de 170 compatriotas: soldados, granjeros, niños... No tuvo conmiseración con nadie. Mandaba matar, cuando no apretaba él mismo el gatillo. Se mofaba de sus víctimas antes de quitarles la vida. Un ser abyecto que saca lo más turbio del ser humano.

¿Pero esta película y otras basadas en hechos reales son fieles a lo que realmente pasó? Hay historiadores que cuestionan el cine y hasta recelan de su valor como fuente para conocer el pasado. Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza, sostiene que ayuda mucho a «comprender la historia» y que es un instrumento básico, sea verdad o mentira, «para conocer los olores, los contextos, los discursos de la época. El cine, cuando es bueno y transmite imágenes de buena factura, es una fuente histórica, una fuente más». Es verdad que el cine «histórico» ayuda a comprender, pero también a «distorsionar o falsear la historia sobre hechos remotos que el espectador no ha vivido».

José María Caparrós, profesor de la Universidad de Barcelona y autor del libro 100 películas sobre historia contemporánea, justifica el aluvión de películas basadas en hechos reales porque «cada vez se leen menos libros y una forma de conocer el pasado es a través de las películas. El problema es que el cine que evoca la historia es a menudo parcial». Al igual que Casanova, sostiene que los largometrajes históricos reflejan también lo que piensan los guionistas y el director sobre el contexto, «de cómo se ve el pasado desde el presente». De ahí que enfatice en que las películas, igual que los libros, «no son inocentes» y que se les debe «exigir rigor».

De lo que no hay duda es que el personaje en el que se inspira 'El capitán' y el real son igual de deplorables.

'Cold War': un gran amor

Ni una migaja de desprecio cabe en la trama amorosa de 'Cold War', una historia alejada del cine comercial que proyecta el París más estiloso filmado en mucho tiempo. Es una obra maestra, igual que 'Ida', con la que el realizador polaco Pawel Pawlikowski dio a conocer historias íntimas bañadas en alcohol y humillaciones. 'Cold War' es una desgarradora y bella historia de amor y música inspirada en sus padres. Describe en blanco y negro la relación de una atractiva pareja a lo largo de 14 años en una Europa devastada por el exilio y la miseria tras la Segunda Guerra Mundial. La típica pareja que no puede vivir bajo el mismo techo, pero tampoco separada. En ese continuo tira y afloja de ni contigo ni sin ti, Pawlikowski saca a relucir lo violentos (y tóxicos) que pueden llegar a ser los amores difíciles, los más bellos también en ocasiones.

El realizador polaco llevaba tiempo trabajando con la idea de acercar a los espectadores la relación íntima de sus padres, aunque esgrime que no sabía cómo abordarla. En cualquier caso, en las distintas entrevistas que ha ofrecido con motivo del estreno, ha insistido, sin demasiada convicción, en la idea de que no es exactamente la historia de sus progenitores. «Su relación fue complicada. Se enamoraron cuando ella tenía 17 años y él 27. Se juntaron, se casaron, se separaron, se volvieron a juntar, se volvieron a separar. Los dos tuvieron que huir de Polonia. Mi madre se instaló en Inglaterra y mi padre en Alemania. Su historia duró 40 años. Al final se volvieron a unir y murieron juntos. Tenía necesidad de contar todo eso, la historia de mis padres, pero también de alejarme para que no fuera tan personal, por eso decidí introducir el elemento de la música, el tercer personaje», aclara.

Y la música hila una sorprendente sinfonía difícil de digerir en su último tramo. «Parece siempre imposible, pero, al final, el amor es hermoso. Mis padres se juntaban y se separaban, pero sabían que solo se tenían el uno al otro. Eso es un gran amor». Eso es lo que cuenta 'Cold War', un amor de difícil aceptación por parte seguramente de una inmensa mayoría de espectadores, pero es lo que tienen las películas basadas en hechos reales.

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