«La diócesis de Gipuzkoa nunca fue indiferente al dolor de las víctimas»

Jon Odriozola, Juan María Uriarte y María Setien, en la charla que se organizó recientemente en Sandiusterri./MARÍA
Jon Odriozola, Juan María Uriarte y María Setien, en la charla que se organizó recientemente en Sandiusterri. / MARÍA

Juan María Uriarte señaló el «gran trabajo» hecho por su antecesor, José María Setién, ante el tema del conflicto vasco

MARÍA CORTÉS DVHERNANI@GMAIL.COMHERNANI.

Sandiusterri acogió recientemente una charla ofrecida por el obispo emérito de Donostia, Juan María Uriarte, en el primer aniversario del fallecimiento del hernaniarra José María Setién, su antecesor en el cargo. La ponencia la organizó la fundación Etikarte, con la colaboración de las asociaciones Oreki y Elkarbizi, y trató fundamentalmente de la labor de Setién en el tema de la Iglesia vasca y la reconciliación. Junto a Uriarte estuvieron Jon Odriozola, moderando el acto, y María Setién, sobrina del que fue durante dos décadas obispo titular de la diócesis de Donostia.

Uriarte aseguró ante el público presente en Sandiusterri que «sufrimos sobre todo la diócesis de Gipuzkoa que nos acusaran de ser indiferentes al dolor de las víctimas de ETA, y eso nunca fue así. Lo que sí es cierto es que en general se ha tardado mucho tiempo en dar el reconocimiento mediático, social... que las víctimas se merecían. Nosotros siempre estuvimos en los funerales y asistíamos a los familiares».

Asimismo, Juan María Uriarte añadió que «es importante dejar claro el papel real que desempeñó Setién y no la imagen negativa que ha existido de nuestra intervención. Es un equívoco que la historia debe deshacer. Setién merece un estudio por su valor intrínseco. Me encantaría que un doctor dotado de comprensión abierta con el entorno en el que vivimos en esos 50 años pudiera hacer una tesis doctoral sobre el pensamiento de Setién. Es una tarea necesaria. Sería dichoso sí la viera encauzada o hecha realidad».

El obispo emérito quiso dejar claro es que «ante cualquier conflicto grave, olvidar no es nunca la solución. Hay que recordarlo de otra manera, sin sentimientos desbordados, exageraciones... recordar de manera más sana. En este sentido, los jóvenes de ahora viven este conflicto desde un pasado remoto, del que han oído hablar, pero no les afecta. Pero se debe recordar porque los jóvenes corren el riesgo de infravalorar lo que sucedió. Olvidemos esa fase, pero extrayendo las lecciones que hay que sacar».

El moderador de la charla Jon Odriozola habló sobre los espacios de sanación y Uriarte señaló que «son muy necesarios. Tanto la sanación colectiva e individual de las víctimas, de cualquier índole, para que puedan convertir ese sufrimiento en dolor y éste, aunque nunca desaparece, se apacigua y permite vivir con más serenidad. Las víctimas han necesitado ser escuchadas, exponer lo que han vivido, dejar de lado el resentimiento, porque es negativo y les hace daño. También los mismos agresores, algunos por los menos, también tienen necesidad de hablar, han pasado de la heroicidad/inocencia a una soledad mal llevada. Personalmente, ETA mató a un primo carnal, un taxista en Bermeo, y uno de sus asesinos quiso hablar conmigo. Pude hablar con él y al acabar se levantó y me dio un abrazo y estuvo un buen rato sollozando. Para él fue una liberación, porque ese remordimiento interior no le dejaba vivir. También es necesario este encuentro entre víctimas y agresores, como ya se ha hecho en algunos casos, y hay que seguir fomentándolo».

En cualquier caso, el ponente aseguró que «aunque de momento es imposible que haya un relato único de los hechos sucedidos, hay que trabajar siempre por llegar a un acercamiento de posturas, al diálogo, llegar al respeto... No tengo demasiadas expectativas en mi vida, ni en la eterna, de que pueda llegarse a un relato único de lo que pasó pero si a entendimientos».