2 de abril de 1918... la revolución

Zinkoenea fue el epicentro de la movilización que tuvo lugar en abril de 1918./
Zinkoenea fue el epicentro de la movilización que tuvo lugar en abril de 1918.

San Joan Konpartsa recrea lo sucedido hace 100 años, parte de la historia de Hernani. Una pequeña revolución de un pueblo valiente.

JUAN F. MANJARRÉS HERNANI.

2 de abril de 1918. Seguro que a muchos nos les dice nada esta fecha. Si le sumamos Hernani y epidemia de viruela. ¿Todavía nada? Zinkoenea, alzamiento del pueblo y protagonismo de las mujeres... ¿Tampoco? A los que no estén muy puestos en el tema, no les quedará otra que seguir muy atentos a la representación que realicen los miembros de San Joan Konpartsa, para conocer en profundidad un hecho histórico que debería estar escrito en mayúsculas en el recorrido del último siglo en el municipio.

Como si de una novela se tratara, hace cien años en Hernani se vivieron unas jornadas únicas, que unieron todos los ingredientes de un buen best seller. La aparición de una epidemia de viruela en Lasarte y la actuación del Gobierno Español para hacerle frente, acabó desembocando en un capítulo que realza lo que ha sido Hernani a lo largo de su historia.

A finales de marzo de 1918 aparecieron alredor de cinco casos de viruela en la zona del hipódromo de Lasarte, que para la sociedad de la época suponía toda una epidemia y un peligro para la salud pública. Pocos meses antes, Hernani había sufrido una epidemia de tifus, que se había llevado varias vidas por delante y la sensibilidad en la villa ante posibles epidemías era muy alta. Era un condimento más para sumar a un coctel que explotaría el 2 de abril. Pero vayamos por partes.

Desde el Gobierno Central se decidió que los enfermos fueran trasladados al hospital de Hernani, que se encontraba en la zona de La Milagrosa. Pero, ¿por qué se tomó esa decisión? En la zona del hipódromo se movía la alta sociedad de la época, muchos llegados desde distintos puntos de España. Una epidemia de viruela era algo impensable para la clase alta, por lo que se decidió que lo mejor sería llevarlos a Hernani.

Pero la villa no lo veía de la misma manera, y si algo tenían claro los vecinos de la época era que la medida no era justa y que impedirían la llegada de los enfermos al municipio. Por las buenas o por las malas.

El primer paso fue buscar la negociación. Así lo hizo el entonces alcalde, Jose María Ubarretxena, en una entrevista con el Gobernador Civil. Pero no fue efectivo. Además, los vecinos de Hernani se ofrecieron para realizar un barracón que sirviera como hospital en Lasarte, levantándolo en tan solo 24 horas, lo que tampoco tuvo éxito. En último extremo, se hicieron gestiones con la propia reina María Cristina. Pero la decisión estaba tomada: los caballos de la Guardia Civil escoltarían a los vehículos que traerían a los enfermos hasta el hospital de Hernani.

Pero los vecinos de Hernani no estaban dispuestos a ceder, y decidieron seguir defendiendo sus derechos. Colocaron vigilantes en el campanario de la parroquia y en Santa Bárbara para avisar de la llegada de los enfermos. E incluso se mostraron partidarios de llegar a quemar el propio hospital para evitar el internamiento de estos.

El día 2 de abril de 1918 llegó el aviso de que el contingente llegaba a Hernani por Anziola, bajando por la Cuesta de la Muerte. Todo el pueblo se echó a la calle. Les esperaron en Zinkoenea y allí impidieron su paso. Hubo barricadas y un enfrentamiento duro, con un capítulo en el que las mujeres tomaron un especial protagonismo. Dos vecinas de Hernani, Mikela Garmendia y Asuntxion Errazkin, se colocaron delante de los caballos de los guardias civiles y lograron coger sus fustas y, así, frenarles. El mando de la Guardia Civil, con buen criterio, vista la situación, decidió dar la vuelta y dar cuenta de lo sucedido a sus superiores. De esta forma, el Gobernador Civil tuvo que dimitir y Hernani se libró del traslado de los enfermos, en una postura que desde otros lugares cercanos llegó a catalogarse como insolidaria.

Un suceso que ha pasado a la historia como la revolución de las mujeres de Hernani y que, como no podía ser de otra manera, contó con su propia fiesta de celebración. Esta fue el 1 de junio de 1918, durante la cual Josepa Zubeldia narró todo lo sucedido por medio de 24 bertsos. Cien años después, sigue siendo ejemplo.

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