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La conquista de Astigarraga

Cada sábado un ejército de sidreros de todas las edades invade las calles de la localidad varias generaciones coinciden en el pueblo. Los maduros son los dueños de la tarde. Los jóvenes los relevan por la noche

Las calles de Astigarraga se convierten los sábados en una pequeña Magaluf solo que sin ingleses y bastante más civilizada./Unanue
Las calles de Astigarraga se convierten los sábados en una pequeña Magaluf solo que sin ingleses y bastante más civilizada. / Unanue
Javier Guillenea
JAVIER GUILLENEA

Acaban de salir al exterior y allí se quedan, frente a la puerta, a la espera de pasar a la acción. Forman un corro, debaten opciones, reparten consignas y aguardan instrucciones; tienen un aire de conspiradores, de miembros de un ejército a punto de lanzar el asalto final. Son grupos de entre veinte y treinta personas, no muchas, apenas un par de pelotones, pero son numerosos y están diseminados por todas partes. Es imposible abandonar Astigarraga sin toparse con uno de ellos. El pueblo está sitiado.