Una investigación saca a la luz la historia de las niñas ocultas de Sorabilla

Arruti junto a Petra Etxeberria, a la izquierda, una de las niñas del preventorio de Sorabilla, y Martina Mendibe, a la derecha,conoce dora de la historia de las niñas./
Arruti junto a Petra Etxeberria, a la izquierda, una de las niñas del preventorio de Sorabilla, y Martina Mendibe, a la derecha,conoce dora de la historia de las niñas.

Entre 1949 y 1952 existió un centro de la Falange en Sorabilla en el que estaban internadas 25 niñas que padecieron todo tipo de penurias

MARIVI OLANOANDOAIN.

Un artículo publicado por el historiador local Iñaki Arregi en 2012 en la revista Hementxe fue el punto de partida de la investigación que Xabier Arruti y Ander Otaño han puesto en marcha para sacar a la luz la historia oculta de un grupo de niñas internadas entre los años 1949 a 1952 en un centro ubicado en un caserío del barrio de Sorabilla.

La información que han recopilado hasta el momento, buena parte de ella a través de los testimonios de personas que tuvieron conocimiento de la historia y de varias de las niñas, hoy octogenarias, que estuvieron internadas en el centro, les ha permitido conocer que existió un preventorio o internado dirigido por un centro cultural femenino de la Falange Española en el que permanecieron durante tres años alrededor de 25 niñas, de entre 6 a 12 años. El centro estaba regido por seis seglares, aunque se habla también de monjas pertenecientes a una congregación religiosa.

Los testimonios que han aportado aquellas niñas hablan de sufrimiento, de castigos físicos, de penuria y hambre, y de abandono total. Xabier Arruti señala que la asociación que dirigía el centro recibía un dinero por cada una de las internas, un dinero que no revertía en el cuidado y atención de las pequeñas. «Se quedaban con la asignación que Falange les daba y mandaban a las niñas a pedir por las calles de Andoain», apunta Arruti.

Uno de los episodios relatados por una de aquellas niñas cuenta que los domingos las sacaban del caserío en fila india, de dos en dos, para acudir a comulgarse y confesarse en la iglesia de Sorabilla. Amparada por el secreto de confesión, una de las pequeñas contó al sacerdote que había robado porque tenía hambre y le habló de castigos físicos y malos tratos. El religioso pidió explicaciones a la superiora del centro, a quien las internas apodaban 'Echatortas', y se negó a darle la comunión. La consecuencia fue que al regresar al centro les obligaron a bajarse los calcetines y subirse las faldas y les golpearon con una vara de avellano hasta que la pequeña que había descubierto las penurias confesó. A raíz de aquel incidente el sacerdote de Sorabilla, que era sobrino del obispo de Gipuzkoa, denunció el asunto ante el Obispado y la iglesia movió los hilos hasta conseguir que el preventorio se cerrara en el año 1952. Las niñas serían trasladas a otro centro en la calle Juan de Bilbao, en Donostia, donde estuvieron en mejores condiciones aunque continuaron obligadas a trabajar para pagarse la manutención y el alojamiento. Tras un año en este centro pasaron a otro en Ategorrieta donde, según han relatado, les quisieron cortar el pelo y cambiar su nombre y apellidos. En un traslado más recalarían de nuevo en el centro de Donostia donde permanecieron hasta cumplir los 16 años.

Arruti y Otaño quieren ahora contactar con aquellas niñas y con todas aquellas personas que puedan apotar datos que permitan completar este puzzle sobre la historia negra de los años del franquismo. Para ello se puede llamar al teléfono 699 487 683 (Xabier Arruti).