Txapelaundi para el comercio de barrio

Encuentro. Vecinos que son o que fueron de la Parte Vieja irundarra charlan en la explanada de la ermita, minutos antes de la entrega del Txapelaundi Saria. / FLOREN PORTU
Encuentro. Vecinos que son o que fueron de la Parte Vieja irundarra charlan en la explanada de la ermita, minutos antes de la entrega del Txapelaundi Saria. / FLOREN PORTU

Juan Miguel Lasa Aldanondo recibió ayer el premio que otorga la A VV Alde Zaharra San Juan | A sus 86 años, el galardonado visita a diario la carnicería familiar «porque es lo que me mantiene aquí»

MARÍA JOSÉ ATIENZA IRUN.

El Txapelaundi Saria, premio que concede la Asociación de Vecinos Alde Zaharra San Juan a personas que han contribuido con su trabajo a la mejora del barrio, celebró ayer su quinta edición. Al término de la misa, oficiada con motivo de la festividad de Santa Elena, patrona de la Parte Vieja, la explanada de la ermita se convirtió en un emotivo lugar de encuentro entre vecinos actuales y antiguos del corazón de la ciudad. Como cada año por estas fechas, los más mayores desgranaron recuerdos de sus juegos de infancia y juventud por las calles de Alde Zaharra, y entre esos vecinos, se encontraba el que iba a recibir el Txapelaundi Saria 2018.

Sentado junto a su esposa, Feli Irigoyen, y rodeado por sus hijos y nietos, Juan Miguel Lasa Aldanondo escuchaba atento la actuación del Coro Atzokoak, que después de intervenir en la misa de la ermita amenizó el acto social con varias piezas festivas y con el canto de un 'Zorionak!', que emocionó a toda la familia del premiado y a muchos de los asistentes.

El presidente de Alde Zaharra San Juan Auzo Elkartea, Koldo Susperregui, dio lectura a los méritos del galardonado, quien nació «un 8 de agosto de 1932 en el caserío Matxinborda del barrio de Meaka». Juan Miguel dedicó «gran parte de su vida a trabajar y trabajar, primero como aprendiz en una carnicería especializada en carne de caballo, ubicada en la calle Iglesia, 10 y, después, con Roxario, en la calle Iglesia, 2. Luego, pasó trece años en Donibane Loi-tzune, trabajando en la Casa Remy y, desde 1972, en la Carnicería Lasa de la calle Korrokoitz, 21. Este local se lo arrendó Eusebio Txapartegui Telletxea, a razón de 4.000 pesetas al mes, es decir 24 euros mensuales». Eran otros tiempos.

Generaciones de irundarras y bidasoarras han pasado por la Carnicería Lasa y han degustado algunas de las cuidadas elaboraciones de Juan Miguel, quien siempre, incluso después de su jubilación, ha estado pendiente del negocio.

«Mantener el comercio de barrio es importante y el esfuerzo de Lasa y su familia es de agradecer y reconocer», añadió el presidente de la A VV de la Parte Vieja. Hoy en día, es Juan Miguel Lasa hijo quien está al frente del negocio en la calle Vega de Eguzkitza, 2 «y quien sigue el ejemplo de sus padres: trabajo y trabajo, pero también implicación con el barrio y la ciudad».

La A VV entregó al galardonado la gran txapela enmarcada, que simboliza el espíritu amplio, magnánimo y liberal de los Txapelaundis del Bidasoa que popularizó Pío Baroja.

Este es «un premio para un gran tipo, como agradecimiento por tantos años de trabajo a favor del barrio y de sus gentes», dijo Susperregui. «Queremos que este premio sirva para darte más energía y vitalidad para seguir luchando y trabajando desde vuestro negocio familiar, que da vida y carisma a nuestro barrio».

Juan Miguel Lasa recibió el premio con agradecimiento y, aunque dicen que de joven levantaba piedras de 100 kilos, ayer uno de sus nietos le liberó pronto del peso del galardón, que colocó sobre un atril para hacerse las fotos de familia con el aitona.

«Sigue vigilando»

«Él no se esperaba nada de esto», comentó Juan Miguel Lasa hijo, tras la entrega del Txapelaundi Saria. «Nos preguntaba: '¿por qué me dan a mí el premio, si yo no soy nadie importante?'. Pero está muy contento. Hoy en día, sigue viniendo a diario a la carnicería, a vigilar. Le gustan las cosas bien hechas y siempre intenta que mejoremos. Todavía me ayuda a hacer txistorra y salchichas. Creo que la carnicería le da vida».

«Sí, sí voy todos los días a la carnicería y pienso seguir», apuntó el nuevo Txapelaundi. «Eso es lo que me mantiene. Si no, ya me habrían llevado de aquí».

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