Las travesuras de un niño de barrio y el 'exilio' de la calle Uranzu

Rafa González Merino agradeció el premio con un emotivo discurso cargado de buen humor

M. J. A.IRUN.

Con permiso del párroco y del presidente de la A VV, el discurso de Rafa González Merino fue el mejor recibido por cuantos ayer se dieron cita en la ermita de Ama Xantalen. Al menos, las carcajadas se escucharon en varias ocasiones. Emocionado «porque falta mucha gente», Rafa abrió su intervención asegurando que «aquí no haces nada y te dan un premio enseguida ¿no? He hecho nada más dos cosillas y mira...», dijo señalando su txapela de Txapelaundi.

«Nací un 21 de junio, en fiestas, y así he salido, un jotero terrible», añadió. «Nací aquí enfrente, en el hospital, luego fui aquí al colegio, que ya no está y vivo en esa casa de ahí. No he visto más Irun que esto. Algún día iré a Oiartzun por ver un poco de mundo».

Rafa volvió a emocionarse al señalar qué es lo que echa de menos en el barrio. «Una vida de cuadrilla de chavales, una calle Larretxipi que tenía un comercio impresionante. No había que ir a Irun para hacer nada. Ahí teníamos de todo: panadería, pastelería, tienda de alimentación, zapatería. Había hasta una relojería, que reparaba los relojes y los despertadores. Ahora hay una tienda de marihuana. El tiempo pasa volando».

Sin móviles, ni consolas

Estos días, Rafa se ha acordado mucho «de los vecinos que faltan». Aquellos vecinos «que me pinchaban el balón», cuando lo colgaba en sus balcones, «que me tiraban agua, si bajábamos con la goitibera, por el ruido que hacíamos. Luego, les devolvíamos la faena atándoles la puerta con una cuerda al barandado de la escalera y no la podían abrir. En fin... las cosas del barrio y de aquellos tiempos en los que todo era calle y no había móviles, ni consolas. Todo el mundo te conocía y era imposible hacer alguna pifia. De hecho, a mí me han acusado de alguna, hasta cuando no estaba».

El Txapelaundi 2019 recordó que cuando se casó, «mi mujer, que vivía en la calle San Marcial, y yo nos pusimos en la plaza buscando casa. Y decíamos. Bueno, del frontón para aquí, de la ermita para aquí, del ayuntamiento para aquí..., con lo cual el núcleo era muy reducido. Como no había nada que nos viniera bien, fuimos a la calle Uranzu tres años de exilio, hasta el 99, que vinimos a la casa de la calle Santa Elena. Ahí seguimos y creo que ahí seguiremos. No puedo deciros mucho más».

González Merino dio las gracias «a todos los que que habéis venido, a la A VV, que hace un trabajo bastante duro» y volvió a emocionarse al referirse a la Tamborrada. «Recuperarla ha sido bonito. Tenemos una canción que la hizo Primitivo Azpiazu en el año 85 y ha estado mucho tiempo sin tocarse y tenemos una Diana nueva que ha hecho el amigo Esteban. Esperemos que esto dure otros 30 años. Gracias a todo el mundo y hasta el año que viene».