La recuperación de las manzanas sidreras arrancó en la comarca

Recogiendo manzanas con una 'kizkia' en la finca Zubieta, en una imagen de archivo. / MIKEL FRAILE
Recogiendo manzanas con una 'kizkia' en la finca Zubieta, en una imagen de archivo. / MIKEL FRAILE

La Diputación creó en Zubieta, en los años 80, un vivero de variedades del país que puso las bases del «renacimiento pomológico de Gipuzkoa»

J. OCHOTECO IRUN.

Allá por la década de los 70, las sidrerías no tenían mucho que ver con las de la actualidad. Eran escasas, poco rentables y los manzanales de Gipuzkoa estaban en pleno retroceso. Surgió entonces Euskal Sagarraren Ikerle Taldea, con el objetivo de investigar la manzana sidrera. A principios de los 80, la Diputación Foral de Gipuzkoa comenzó a impulsar las investigaciones sobre la manzana sidrera y la plantación de manzanos.

Pero la apuesta por la regeneración pomológica se remonta a principios del siglo XX: fue entonces, en 1916, cuando la Diputación «creó la Comisión Pomológica», explica Lourdes Odriozola, historiadora y autora de la monografía 'Cien años de la Comisión Especial de Pomología de Gipuzkoa'. Volviendo a los años 80, una de las actuaciones más importantes de esta comisión fue «la puesta en marcha del Programa Pomológico». Y ahí, la comarca del Bidasoa jugó un papel fundamental.

El punto de partida de ese Programa Pomológico fue «la creación de un 'vivero de variedades de manzanas del país, injertadas sobre distintos patrones, con el objeto de fomentar su plantación en la Finca Zubieta de Hondarribia. Es decir, en Zubieta comenzó y se pusieron las bases para el renacimiento pomológico de Gipuzkoa», señala Lourdes Odriozola.

Las mejores para hacer sidra

Allí, en Zubieta, «se plantaron 383 manzanos de 36 variedades autóctonas que, precisamente, eran las consideradas por los sidreros como las mejores para la elaboración de sidra. Estas especies fueron rescatadas en los caseríos guipuzcoanos a modo de conservatorio vegetal o reservorio de los recursos genéticos». De este modo, como explica la historiadora, «los manzanos del vivero experimental de Zubieta se pusieron a disposición de todas las personas interesadas que, además, contaron con un programa de subvenciones para su plantación que se puso en marcha en 1982».

Pocos años después, «comenzaron a tomarse sistemáticamente datos en el manzanal, se realizaron ensayos en patrones, se adecuaron sus locales para el establecimiento de un laboratorio de campaña y una pequeña bodega, se comenzó a elaborar sidras de diferente composición, se impartieron cursos sobre poda, se organizaron catas de sidra experimental con el fin de obtener un producto de calidad... Por todo ello, Zubieta fue en Gipuzkoa un centro pionero en la moderna pomología, jugó un papel fundamental en la recuperación y conservación de las especies autóctonas, y apostó por la investigación para obtener una sidra de calidad con las manzanas autóctonas», concluye Odriozola.

Las sidrerías del centro de Irun

Durante la primera mitad del siglo XX existieron muchas sidrerías en Irun, ubicadas en pleno núcleo urbano. En la pasada Euskal Jira, el Foro Irun Hogeitabat-XXI Kultur Elkartea dedicó su gurdia a la producción de sidra y divulgó los establecimientos que existieron en la ciudad: la de Olazabal en la calle Mayor, la de Pikabea en la calle Peña, la de la viuda de Arraiza en la plaza Urdanibia, la de Celaya en la calle Mayor, la de Rosario Gaztelumendi en la calle Santa Elena... Otra más en la calle Jesús, al final de las escaleras, y nada menos que cuatro hubo en la calle Larretxipi: la de 'Berio' de Olaizola, la de 'Chomiñenea' de José Aguinaga, la de Anitua de Arzac y la de Julián Bereciartua.

Fuera de la Parte Vieja, se encontraba, en Beraun, la de Salís. En las proximidades del Stadium Gal se establecieron, posteriormente, la de Juan María Zabalza y Carmen Udaondo. Martín Gaztelumendi y Francisco María Ayestaran expedían sidra en la calle Santiago. En la calle Juan Arana también existió otra sidrería; en la calle Aduana estaba la de 'Camiñero' y, cerca de la Estación, se encontraban las de Aquilino Rodríguez y otra más en la calle Ferrocarril.

Además de todas estas sidrerías 'urbanas', en la zona rural de Irun, como explicó el Foro Irun Hogeitabat, «era muy habitual que cada caserío tuviera sus kupelas de producción propia para uso doméstico». No obstante, «también había productores mayores como Legarre, Belaskoenea, Primatua, Elizatxo, Olatze, Puyana, Mendelu, Ibarla, Estebenea o la 'Totua' de Behobia». Existió otra sidrería, también, muy cerca del paso a nivel del ferrocarril del Bidasoa.

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