El recuerdo de las primeras letras

Estreno. Los profesores bailan el aurresku, tras el descubrimiento del nuevo rótulo. / FOTOS F. DE LA HERA
Estreno. Los profesores bailan el aurresku, tras el descubrimiento del nuevo rótulo. / FOTOS F. DE LA HERA

Familias, alumnos, profesores y trabajadores de diferentes épocas del centro, celebraron ayer el centenario del colegio Lekaenea

MARÍA JOSÉ ATIENZAIRUN.

Los hermanos Juncal y Esteban Miqueleiz, de 78 y 79 años, respectivamente, tiraron ayer con fuerza de la cuerda para descubrir el nuevo rótulo del colegio público Lekaenea. Les ayudaron en esta feliz tarea sendos representantes de la AMPA, el profesorado y el personal del comedor. Varios miembros del claustro bailaron después un aurresku para dar la bienvenida oficial a la celebración del centenario de la escuela del barrio San Miguel. Numerosas familias, alumnos, profesores y trabajadores del centro, en distintas etapas de su historia, se acercaron para participar en los actos festivos, organizados con motivo de la efeméride.

Los hermanos Miqueleiz acudieron en representación de los exalumnos del centro y fueron recibidos con especial cariño, por ser los más veteranos. Ambos estaban emocionados cuando el director del colegio, Joxemi Zabalo, pronunció la palabra «prest!» para que, a su señal, el flamante rótulo con la leyenda 'Lekaenea gure eskola' quedara al descubierto.

Juncal recordaba así sus primeros días de clase, cuando la escuela, un pequeño edificio de piedra, se ubicaba en la finca Leka Enea, en el solar que hoy ocupan los apartamentos tutelados para mayores. «Nosotros entonces vivíamos donde el Munantxo y desde allí, veníamos solos andando hasta la escuela. Había militares donde ahora está la Sindical. Éramos muy pequeños, parvulitos. Allí aprendimos nuestras primeras letras. Doña Leoncia, que luego fue directora, fue mi primera maestra. Me acuerdo de ella y también del patio, donde jugábamos al corro, a saltar a la cuerda...».

Filminas y probetas

«Pasábamos mucho frío», añade Esteban. «Teníamos una de aquellas estufas negras y la chimenea pasaba por toda la clase. Me acuerdo de un libro que leíamos. Creo que era 'Valentín o el niño bien educado'. A mediodía íbamos a la Palmera a comer, porque había un comedor para los hijos de los obreros y luego volvíamos a la escuela. Cuando nos enteramos de que se iba a celebrar el centenario, nos hizo ilusión. Quisimos venir y trajimos una foto que guardábamos de la escuela».

José Antonio Santano, alcalde de Irun y exalumno de Lekaenea, se acercó tanbién ayer al colegio. Cursó los años de parvulito en el viejo edificio de la calle Lekaenea, aunque ya no conoció la estufa de la que hablaba Miqueleiz. «Recuerdo que, a media mañana, nos daban botellas de leche, que colocábamos junto a los radiadores», comentaba. «Tengo un gran recuerdo de mi primera maestra, la señorita Margarita. Estuve en aquel edificio dos años. Después, nos llevaron a Pasionistas, luego a unos locales en la trasera de Luis de Uranzu y de ahí, a la curva de Larrea. Hicimos todo ese recorrido, hasta terminar la EGB».

Durante estos días, varios paneles con imágenes y textos, instalados en el vestíbulo del colegio, recorren la historia centenaria de Lekaenea. Junto a ellos, se exponen objetos que muestran la evolución del material y mobiliario escolar. Un viejo pupitre, antiguos proyectores de cine y filminas, probetas de laboratorio, ordenadores de diferentes décadas, vinilos, disquetes, CDs...

«Con este centenario, todos hemos aprendido un poco de historia», decía Joxemi Zabalo, que en la actualidad dirige un centro con 200 alumnos y 25 profesores. «Nuestra intención, con esta celebración, ha sido la de impulsar el colegio, darlo a conocer, porque hay iruneses que no lo identifican por el nombre, que no saben dónde está. Hemos intentado atraer a la gente para que conozca la historia del colegio, su evolución y cómo se ha ido adaptando a los cambios».

El director dio las gracias a todos los asistentes «por venir y por compartir juntos con los que vivimos Lekaenea nuestros recuerdos y experiencias».

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