«Todo empezó con un profesor del colegio Dunboa que nos daba cursos de fotografía»

El irunés Javier Aguirre Erauso, feliz con su premio Goya, en el escenario del Madrid Marriott Auditorium./EFE
El irunés Javier Aguirre Erauso, feliz con su premio Goya, en el escenario del Madrid Marriott Auditorium. / EFE

Irun estuvo presente en el discurso que el director de fotografía de 'Handia' pronunció en el escenario del Marriott Auditorium

MARÍA JOSÉ ATIENZAIRUN.

Javier Aguirre Erauso (Irun, 1975) no se siente cómodo delante de las cámaras. Lo suyo es estar detrás, así que lleva unos días muy feliz, pero un poco fuera de sitio. Las llamadas, mensajes y recepciones no han cesado desde que el pasado sábado saliera a recoger el Goya a la Mejor Dirección de Fotografía, uno de los diez 'cabezones' que se llevó el gran equipo de 'Handia'.

Todavía con la resaca de la celebración a cuestas, Javier Aguirre volvió ayer por la mañana al trabajo. Tiene dos películas casi terminadas y otra a punto de empezar y ni los Goya sirven de excusa para el más mínimo retraso. Por la tarde, toda su familia le esperaba en casa de su madre para felicitarle y escuchar de primera mano el relato del momento en el que subió al escenario del Madrid Marriott Auditorium.

-¿Cómo fue ese momento?¿Llevaba el discurso preparado?

-Fue muy emocionante. Estaba muy nervioso. Había muchos nervios, en general. Hasta los nervios eran muy compartidos. Yo no había preparado nada. No me parecía lógico, porque ¿qué haces con un discurso preparado, si luego no te dan el premio? Me parecía un poco absurdo. Pensé: 'si me lo dan, bienvenido y que sea lo que Dios quiera'. Y así fue. Estaba muy nervioso y bajé al escenario como pollo sin cabeza, pero creo que conseguí decir algo con cierto criterio.

-Desde luego, no se olvidó de nadie. En su discurso estuvieron los académicos, sus colegas nominados, los directores, el equipo de la película, su familia, su cuadrilla y hasta su ciudad natal. Fue una noche en la que salieron a relucir muchas madres, incluida la suya: «A mi madre, María Elena Erauso, de Irun». Eso fue lo que dijo y aquí emocionó a mucha gente.

-Sí, creo que no me dejé a nadie. Se lo dediqué a mis hijos, a mi chica y a mi madre. Mi padre murió hace años y mi madre es una campeona. Era justo y necesario que le dedicara el premio. Y la coletilla de Irun... No sé cómo salió, pero salió supongo que porque ahí están mis raíces. Me emociona que haya emocionado a mucha gente. Y tengo que decir que, en el equipo de la película, hay más gente del Bidasoa, un grupo importante de Irun, Hondarribia y Hendaya. Están Alex Abajo, Ricardo Aramburu, Ane Muñoz, Demetrio Elorz... Hay más, que me perdonen si no me acuerdo.

-¿Y dónde están las raíces de su afición por la fotografía y por el cine?

-Todo empezó en el Colegio Público Dunboa. Había un profesor que era aficionado a la fotografía y nos daba cursos de revelado. Ahí empecé a coquetear un poco con la fotografía. Luego, mis hermanos se compraron una cámara reflex, que fue la primera cámara que tuve en mis manos. Pero entonces, yo no pensaba que ser fotógrafo pudiera ser una profesión. En mi época de estudiante, o ibas a la Universidad o hacías un oficio. Mi padre era electricista y yo estudié electrónica en el Instituto Bidasoa.

-¿Cómo fue su paso, después de terminar en el Instituto Bidasoa, a la Escuela de Cine y Video de Andoain?

-Fui allí un poco por casualidad, para ampliar posibilidades de trabajo y me encontré con un lugar que me encandiló. Tenía una profesora que se llamaba Yolanda, que ya está jubilada, y el primer día de clase nos puso 'Taxi Driver'. Cuando empezó a explicarnos el significado de cada plano, a hablarnos sobre los juegos de luces y a leer entre lineas las imágenes, me dejó emocionado. Supe que eso era lo que me gustaba y que era a lo que me iba a dedicar. Me gustaría nombrar a otro profesor de la escuela, Menó Martín, que también es de Irun y que me ayudó mucho a entrar en el mundo laboral.

-Javier Aguirre se ha dado a conocer ahora, pero tiene un amplio curriculum de documentales, cortos y películas. ¿Ha sido 'Handia' su trabajo más difícil?

-He tenido suerte de entrar rápido en el mundo del cine. He hecho muchos trabajos, pero sí, 'Handia' ha sido el más complicado. Es una película de época, en la que además hay un gigante. La película se iba complicando a medida que avanzaba el guión. Y luego salen París, Londres... y no había presupuesto para ir a París, ni para ir a Londres. Los decorados se han hecho en Euskal Herria, recorriendo muchos pueblos y todas las capitales para ver qué podíamos hacer.

-Pues lo han hecho muy bien, porque nos hemos creído al gigante en París y en Londres.

-Todo el mundo dice que para el presupuesto que tiene, la película está muy bien, que parece mucho más cara. Ahí, el mérito es de los directores. Ellos son los que han sabido cómo hacerlo.

-Nada más regresar de Madrid, ha vuelto al trabajo. ¿Qué tiene ahora entre manos?

-Estoy acabando dos películas. Una es 'Dantza' de Telmo Esnal. Rodamos parte en Hendaya y en Irun y la hemos acabado hace poco. La otra es 'Oreina' de Koldo Almandoz. Las dos están en la fase de postproducción. Ahora voy a empezar la siguiente película con Moriarti e Irusoin, Se titula' La trinchera infinita', se rueda parte en Andalucía y parte en Euskadi y va sobre los topos dela Guerra Civil.

-El suyo es un oficio fascinante pero incierto. ¿Ha habido algún momento en el que haya pensado en tirar la toalla?

-Ha habido momentos difíciles. Con la crisis hubo un bajón muy importante, no especialmente para mí, pero sí para muchos compañeros que tuvieron que buscarse otro tipo de trabajo. Pero no, no ha habido ningún proyecto en el que haya tenido la tentación de tirar la toalla. Me gusta mucho lo que hago y me siento muy afortunado por poder trabajar en esto.

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