«Empecé encargándome de los decorados de las fiestas veraniegas de la discoteca Jennifer»

Mario mezcla humor y locura en muchos de sus escaparates y ninguno pasa desapercibido/Arizmendi
Mario mezcla humor y locura en muchos de sus escaparates y ninguno pasa desapercibido / Arizmendi

Empezó hace treinta años con los decorados de una discoteca y por sus manos han pasado ya cientos de comercios y sus escaparates

YLENIA BENITO

Todos los comercios tienen un trabajador de diez. Sí, sí. Un trabajador leal, que no falta ni falla nunca. Un trabajador al que no le importa hacer horas extra, las hace todas. Un trabajador que habla idiomas. Todos, no se le resiste ni el chino. Además, si se le cuida, puede ser el mejor vendedor. Ese trabajador se llama escaparate y Mario Echevarría sabe muy bien cómo cuidar a esos trabajadores para que sean los mejores.

-Aún hay quien duda de la importancia de un buen escaparate, Mario...

-El escaparate es un elemento vivo. No sólo es la tarjeta de presentación de cualquier comercio, también es el vendedor más fiel y abnegado de todos. ¡El que nunca se queja y siempre está ahí! Hay que cuidarlo...

-De cuidar escaparates tú sabes un rato, llevas 30 años como escaparatista.

-Toda una vida, sí. Treinta años ya, ¡cómo pasa el tiempo! ¿Sabes cómo empecé? Es muy divertido.

-Cuenta, cuenta...

-Me presenté a un programa que se llamaba 'Salario riesgo', de ahí salí.

-Salario riesgo, ¡menuda declaración de intenciones!

-(Risas) Pues sí. Era un programa que organizaba Adebisa. Consistía en presentar un proyecto, una idea empresarial. Era un programa que también dependía del ayuntamiento y en el que si veían que la idea tenía futuro, pues te daban una ayuda.

-¿En qué consistía esa ayuda? ¿Dinero?

-No, no. Formación. Era una especia de beca con la que te daban un año de formación con sueldo incluido. De esta forma, te tutelaban durante un año para que tú luego abrieras tu empresa.

-¿Y tú que presentaste?

-Después de treinta años, la cosa ha cambiado mucho pero entonces presenté un proyecto de 'animación comercial y escaparatismo'. Por aquel entonces, sonaba todo a chino. (Risas) Pero fue un programa que funcionó muy bien, los de la barquita que va de Hondarribia a Hendaya, creo que también salieron de ahí y yo aquí sigo desde entonces.

-¿Cómo se te ocurrió presentar un proyecto de escaparatismo?

-¡Gracias al poliestireno! (Risas)

-¿Poliestireno? ¿Eso qué es?

-Pues un poliespan sin bolitas. Te cuento. Yo en realidad vengo del mundo del teatro. Estaba en el grupo BAI (Bidasoako Antzerki Iraunkorra) cuando nos seleccionaron para ir a hacer un espectáculo al norte de Francia. Estando allí, lo que más me llamó la atención fue el apartado de decorados y vestuario. Me gustaba bajar allí y ver todas las maquetas, los escenarios... ¡y todo hecho con poliestireno! Era una maravilla. No pesaba nada y le podías dar la apariencia de lo que quisieras: madera, piedra...

-Fue como descubrir la pólvora.

-Pues sí. (Risas) Cuando intentábamos hacer cosas con el poliespan, nos daban ataques de caspa que duraban una semana. El poliestireno es el material que más utilizo en mis trabajos. Es genial.

-Descubierto el poliestireno, ¿por qué cambias el mundo del teatro por el del comercio?

-Después de once años de teatro, me di cuenta de que el teatro tampoco me daba para vivir. ¿Conclusión? Tenía que centrar mi vida en algo. Empecé a buscar qué hacer y ahí es cuando el programa 'Salario riesgo' se cruzó en mi camino. ¡Estuvo muy bien hacerlo, la verdad!

-No te ha ido nada mal. Y después de un año de formación, empezó tu trayectoria laboral. ¿Dónde?

-Pues me encargaba de los decorados de la discoteca Jennifer.

-¿Pero la discoteca Jennifer tenía escaparate?

-(Risas) No, pero tenía dos fiestas a la semana durante todo el verano. Cada una de una temática diferente y yo me encargaba de decorar la fachada, las barras, la entrada...

-Poliestireno a tope...

-Uy, ahí todavía utilizaba el dichoso porex. Pero hice muchos decorados, ¡qué veranos aquellos!, hasta que me 'fichó' Julián de la tienda Sport3. Fue la primera persona con la que trabajé en un comercio.

-Te sacó de la noche.

-(Risas) Algo así. La verdad, que en aquella época los comerciantes ya trabajaban sus escaparates. No se encargan sólo de colocar su género, pero yo conseguía un impacto visual más grande. Madre mía... ¡hemos hecho de todo! A Julián le convertimos el escaparate en una pecera con peces y todo.

-Todo era posible, incluso los premios.

-Los premios... Se han ganado todos los habidos y por haber. En esa época empecé a trabajar con muchos comercios de Irun. Un año, en el concurso de escaparates de San Marcial, los tres comercios ganadores eran trabajos míos. (Risas)

-Habrás trabajado con todo tipo de objetos: material deportivo, libros...

-Ay, sí. Los escaparates que hice con Ana Azurmendi para Oskarbi también los recuerdo con mucho cariño, pero los más locos ¿sabes dónde han sido?-¿Dónde?-En Bed's. Con Pilar he hecho de todo. ¡Hasta un Cristo crucificado!

-¿Cómo? ¿De verdad?

-Sí, sí. Esa anécdota es muy divertida. Un año, para Semana Santa, le hice una cruz de almohadas. Le puse su Cristo crucificado y en vez de poner un cartel con el tradicional 'inri', puse 'no dejes que tu almohada te crucifique'. Bueno, ¡qué fue aquello! A los pocos días una señora escribió una queja en el periódico y se presentó con el párroco en la tienda para retirar el escaparate. Pilar creía que le iban a quemar la tienda. (Risas)

-El escaparate de la polémica, ¿qué pasó?

-Pasó que a Pikolin le encantó y envió un cargamento de almohadas a Irun y que en el Facebook la publicación tuvo 25.000 visitas.

-Los escaparates son buenos vendedores, pero también tienen humor.

-¡Claro! O deberían de tenerlo. Es algo que intento transmitir a mis alumnos. Ahora ya no sólo me dedico al escaparatismo, también hago proyectos y reformas e imparto muchas formaciones. Estoy todo el día de un lado para otro.

-¿Nuestros comerciantes son buenos alumnos?

-¡Sí! Estoy encantado de que Bidasoa Activa me haya llamado. Antes ya había hecho alguna cosa en Hondarribia también. Por aquí hay mucho nivel, sí, pero yo no les hago la pelota. ¡Pregúntales! Si algo no está bien, les digo: «suspenso». (Risas)

-Después de 30 años, lo de 'Salario de riesgo'...

-No ha sido tan riesgo. Estoy contento, llevo 30 años trabajando y 20 impartiendo formación. Ahora además he ampliado mi trabajo y también hago proyectos y reformas, estoy muy contento.