«Nadie elige la prostitución si tiene opción»

Gure Morada. Numeroso público se acercó a escuchar la conferencia sobre prostitución impartida por Mabel Lozano./FOTOS: F. DE LA HERA
Gure Morada. Numeroso público se acercó a escuchar la conferencia sobre prostitución impartida por Mabel Lozano. / FOTOS: F. DE LA HERA

En su libro, 'El proxeneta', recoge un testimonio detallado de cómo funciona la mafia de trata de personas La directora Mabel Lozano explicó las claves de una tragedia que afecta a millones de mujeres

IÑIGO MORONDOIRUN.

«Es un tema difícil, así que lo que vamos a decir va a ser duro». La advertencia fue explícita y la promesa quedó cumplida. La actriz, directora y guionista, Mabel Lozano, activista comprometida contra la prostitución y la trata de mujeres, acudió el jueves con Zuriñe Ojeda, de la asociación feminista Gafas Moradas, a Gure Morada, la sede Podemos Irun.

Hablaron de prostitución y de trata de personas. Y fue duro. Durísimo. Lozano lleva quince años investigando, denunciando. Ha producido y dirigido varios documentales y también ha publicado un libro, 'El proxeneta'. Tiene un conocimiento vastísimo y la capacidad de transmitirlo con toda la claridad que el asunto requiere. Aportó datos y proyectó fragmentos de sus trabajos audiovisuales y todo ello fue duro. Durísimo. Pero quizá lo más difícil de digerir para los asistentes, casi un centenar, fue que muchas de las cosas dolorosas que contó ya las sabíamos. «En mi pueblo nunca nadie se preguntaba por qué no veíamos a las chicas de La Ponderosa, el club que había allí, comprando en la mercería o tomando un café».

8 millones al día

«La trata de personas la lleva Extranjería, así que la ley no ve víctimas, solo ve migrantes irregulares»

Lozano y Ojeda se declararon abolicionistas desde el minuto 1 de la conferencia. «Hay quienes defienden que debe haber libertad para que cada una haga lo que quiera. Quizá lo hagan con la mejor intención, pero es el argumentario de los proxenetas, de los 'tratantes', de esos que hacen negocio a costa de la explotación de estas mujeres».

Lozano incidió mucho en dotar de perspectiva a su audiencia, de hacer entender que «la gran mayoría de mujeres prostituidas son víctimas de mafias de trata de personas, sus familias pueden estar cautivas y ellas son agredidas, violadas, reciben palizas casi a diario. Enferman. Se mueren. Se suicidan. No eligen lo que quieren hacer. Incluso las que llegan a España habiendo aceptado venir para ser prostituidas, lo hacen porque no tienen otra opción, víctimas de la miseria más absoluta o de una guerra. No hay voluntariedad; como mucho, aceptación ante la imposibilidad de elegir, no tienen otra opción».

Proyectó un fragmento de su primer documental, 'Voces contra la trata de mujeres' (2005), para que se escucharan testimonios de aquellas que lograron dejar ese mundo atrás y vivieron para contarlo. Ellas incidían en los distintos condicionamientos, externos e internos, físicos y mentales, que les impedían salir y denunciar. Testimonios duros, durísimos, recogidos con habilidad: todas maquilladas igual, despersonalizando a unas muchachas que contaban una historia personal que en realidad era norma general. Y ocultando así también su identidad. «Porque detrás de esto hay mafias tremendamente violentas». Eso no hay que olvidarlo.

De esa parte, de las mafias, de la trata de personas, del negocio de la prostitución que mueve en España más de 8 millones de euros al día, Lozano ha aprendido más en los últimos tres años que en los 12 anteriores. «Un proxeneta que empezó a colaborar con la policía me contactó. Quería expiar sus pecados y que yo fuera su paño de lágrimas. Yo no quería serlo. Lo que quería era que me contara cómo funciona el negocio, cómo se captan chicas y cómo se traen, cómo se manda el dinero al país de origen, cómo se lava, cómo funcionan las mafias».

Esa información es la que se recoge en su libro 'El proxeneta' y en el documental homónimo que ha realizado. «Este hombre estuvo más de 30 años en 'el ambiente', como dicen ellos. Explotó mujeres, las violó, les pegó, las destruyó. Más de 1.500 chicas. Fue condenado y estuvo en la cárcel. Tres años». A su detención se sumó que había empezado a colaborar con una mafia extranjera «verdaderamente brutal, que hacía auténticas barbaridades como cortar brazos a las chicas con katanas». Además se enamoró de una mujer que había sido víctima de la trata «y, en la coincidencia de todo esto, poco a poco, empezó a darse cuenta de lo que había hecho, de que todas aquellas chicas que habían pasado por sus manos eran personas reales, como él, como la mujer que le gustaba. Las descosificó. Las humanizó. Por primera vez».

Le contó a Lozano todo. Le explicó como en los 80, los prostíbulos se nutrían de gente que no tenía nada más que problemas, pero que en los 90, el negocio creció de tal manera que entre las españolas y las inmigrantes no conseguían chicas suficientes, así que fueron a buscarlas a los países de origen. A comprarlas. La trata de personas es ahora el segundo negocio ilegal más lucrativo, sólo por detrás del narcotráfico, «con el que se lleva muy mal, por cierto», apuntó la directora. «Si hay una redada en un club y la policía comprueba que allí se trafica con droga, ese club no se vuelve a abrir. Los clubes que este proxeneta tenía siguieron abiertos aunque el fue condenado. La legislación en España es muy laxa. Aunque encuentren a cuatro mujeres que son víctimas de trata de personas, ¡ese club no se cierra!» Hay un evidente problema legislativo de base: «En España, la trata la lleva Extranjería. Esto quiere decir que la ley no ve víctimas sino migrantes irregulares; no pone el foco en los Derechos Humanos que se vulneran». Por si todo lo demás fuera poco.

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