Casco y linterna para adentrarse en la historia

La luz de las linternas ayudaba a ver mejor todos los detalles que esconden las minas de Irugurutzeta. /DE LA HERA
La luz de las linternas ayudaba a ver mejor todos los detalles que esconden las minas de Irugurutzeta. / DE LA HERA

EKAITZ RETAMOSAIRUN.

Son las cinco y media de la tarde y niños, jóvenes y mayores ya tienen en sus cabezas los cascos y linternas para descubrir las curiosidades de los yacimientos de Peñas de Aia durante la época minera. Antes, el tren verde había acercado desde el Museo Romano Oiasso hasta los hornos y las minas de Irugurutzeta, en el entorno de Meaka, a la veintena de visitantes, con la guía Malen Arzac a la cabeza.

Antes de llegar al punto álgido de la visita guiada, que es el de adentrarse en una de las minas de la zona, los curiosos comienzan la ruta en el espacio que hoy en día se ha adecuado para el Centro de Interpretación. «Antiguamente esto era el silo, que es donde se guardaba el mineral», comenta Malen. Ahora está acondicionado con paneles informativos de la historia minera, además de herramientas y máquinas utilizadas en la antigüedad.

Los nueve hornos de los once que había en la zona de Meaka son el siguiente atractivo de la visita guiada. Como curiosidad, Malen explica que «en los altos hornos de Bilbao explotaban el mineral recogido aquí, en Irun», y añade que «es uno de los patrimonios industriales más importantes de la ciudad, e incluso del País Vasco». Garazi aprovechaba para sacar fotos de cada detalle del recorrido, acompañada de su padre. «Le he engañado para que venga conmigo», apunta entre risas la joven.

Antes de pisar el piso húmedo de una de las minas de Irugurutzeta, Malen avisa, «dentro hace una temperatura de alrededor de 13 a 15 grados, por lo que os aconsejo que os abriguéis bien». Al entrar se escucha «¿no vamos a trabajar, no?», seguido de las risas de los presentes.

Una vez dentro, se recorren cerca de 130 metros de los 200 que tiene la mina. «Hay más por la zona y los minerales que se conseguían se transportaban hacia los hornos o bien mediante vagonetas o gracias a unas cuerdas», explica la guía.

Técnicas y colores

Dentro de las minas, Malen descubre a los visitantes las dos técnicas de trabajo que había en la antigüedad para conseguir los minerales que después serían tranpsortados a los hornos. «La de torrefacción, que consiste en hacer fuego al lado de la roca, para que se caliente, se resquebraje y salten pedazos, y después con el pico les daban forma». Así se trabajaba hasta el siglo XVII, y a partir del siglo XIX, se empleaba la técnica de «huecos y pilares», que consitía en «hacer un hueco a no mucha altura, pero dejando ciertos pilares en las paredes para que no se cayeran».

En el recorrido minero se van descubriendo los colores de los diferentes tipos de minerales que había en estas minas de Peñas de Aia. «El color naranja es el de óxido de hierro, el gris el de carbonato de hierro, el turquesa el de óxido de cobre y el blanco es el de carbonato de calcio», indica Malen apuntando con su linterna. José y su familia sevillana miran atónitos a esas paredes, «todo nos está impresionando mucho».

A la salida de la mina, que indica el final de la visita, Mila explica que «está siendo una experiencia estupenda, acompañada de mis amigas. Hemos estado antes en el Museo Oiasso y ahora aquí. Nos ha salido el día genial. ¡Hasta la gozada de montar en el tren verde!». Ellas vienen desde Donostia para pasar el día en Irun, y no podían terminar de una mejor manera que visitando la iglesia del Juncal.

Una bonita experiencia para los iruneses y también para los turistas que vienen a conocer la comarca del Bidasoa.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos