Una aventura extraordinaria

Iñaki Oscoz, Alberto Corchón y Daniel Landa, durante la presentación del libro. / F. DE LA HERA
Iñaki Oscoz, Alberto Corchón y Daniel Landa, durante la presentación del libro. / F. DE LA HERA

Los iruneses Alberto Corchón e Iñaki Oscoz presentan su libro '657 dientes de mono' | El cuaderno de Gloria Álvarez sobre los hechos reales vividos en la selva paraguaya en 1944 es la base de este relato novelado

MARÍA JOSÉ ATIENZA IRUN.

1944. El mundo se había vuelto loco, descarnado en la más atroz de las guerras conocidas hasta entonces. Desde Japón a las costas de Noruega, desde el norte de África hasta Borneo, desde Estados Unidos hasta el corazón de Europa, el delirio conquistaba todo el planeta y la demencia de Adolf Hitler había arrebatado ya el futuro a millones de almas.

Mientras la Segunda Guerra Mundial seguía su escalada bélica, en los confines de la selva paraguaya se estaba librando otra batalla. Una lucha diferente, ajena a las bombas y a los desembarcos; un relato silencioso de héroes y jaguares que a nadie importaba; una aventura extraordinaria de hombres y bestias, de tribus invisibles, de tapires y anacondas; una epopeya que ha estado oculta durante 75 años. Hasta hoy».

Con estas palabras, el periodista y editor Daniel Landa abre el prólogo de '657 dientes de mono' (Viajes-alpasado), el libro que acaban de publicar los iruneses Alberto Corchón e Iñaki Oscoz. Los dos primeros párrafos de Landa abren boca para degustar la aventura que Gloria Álvarez Valdés vivió de niña con su familia en la selva paraguaya, donde su padre, don Isaac, capitaneaba un campamento recolector de mate, formado por unas 60 personas.

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Junto con el editor, los dos autores presentaron su obra el miércoles pasado, en una sala de la Biblioteca CBA que se quedó pequeña ante la numerosa asistencia de familiares, amigos y personas interesadas en esta historia excepcional. Para ambientar el relato, se instaló en la misma sala una pequeña exposición, con varios collares fabricados con dientes de animales, un cráneo de jaguar, la piel de una anaconda y una bombilla con yerba mate.

La delegada de Cultura del Ayuntamiento, Juncal Eizaguirre, presentó a los protagonistas y dio la palabra a Daniel Landa, quien explicó cómo llegó el relato a la editorial madrileña Viajesalpasado.

«Estamos en Irun, el lugar donde tenía que iniciarse el final de esta historia», dijo el editor para empezar. «Nosotros seleccionamos historias que merezcan la pena, aunque se hagan esperar. Ésta ha esperado 75 años y tan importante es su contenido como la forma en que ha llegado a ver la luz, porque ha sido fruto de la determinación de muchas personas».

Isaac Álvarez, el protagonista principal de '657 dientes de mono'; su hija Gloria Álvarez Valdés, que recogió en un cuaderno de notas todos sus recuerdos para que aquella aventura no cayera en el olvido; el marido de Gloria, Álvaro Corchón, que se empeñó en ordenar el relato para poder compartirlo y el amigo de la familia, Iñaki Oscoz, que como profesional de las letras ayudó a darle forma, son, junto al editor, esas personas cuya determinación ha hecho posible la publicación del libro.

Daniel Landa conoció la historia de Gloria «hace unos años», a través de Iñaki Oscoz. «Tengo un relato impresionante que sucedió en la selva de Paraguay en 1944, me dijo Iñaki». Para entrar en materia, Oscoz contó a su amigo editor una anécdota que le dejó «alucinado». Fue, nada menos, que la lucha en el río entre don Isaac y una anaconda gigante que le había rodeado y estuvo a punto de estrangularlo. Jaguares salvajes, enfermedades tropicales y una de las tribus más temidas de América, los caníbales guayakíes, fueron otras de las amenazas que el grupo de recolectores encontró en la selva. No todos sobrevivieron.

Los guayakíes

Pidiendo perdón por los 'spoilers', editor y autores avanzaron algunos de los eposodios de '657 dientes de mono'. «Todo lo que se cuenta en este libro, se vivió en Paraguay en 1944», aseguró Alberto Corchón al inicio de su intervención. «La superficie de Paraguay es como la de la España peninsular y, en aquellos tiempos, tenía 800.000 habitantes. Todo aquel territorio estaba cubierto de densos bosques, en los que vivían varios colectivos indígenas que no estaban censados». En una de esas zonas selváticas se asentaron con sus familias los recolectores de materia prima «para elaborar la hierba mate, producto muy importante en la cultura paraguaya y en los países del entorno», añadió Alberto Corchón. «Al poco tiempo de estar asentados, se les presentó un contratiempo serio, cuando un colectivo de indígenas guayakíes mató a una de sus vacas».

En aquel medio, cuando ocurría un hecho así, «el colectivo perjudicado se organizaba y salía tras los indígenas siguiéndoles a tiros, pero en esa oportunidad no reaccionaron así». Don Isaac, responsable del grupo, les animó para que no lo hicieran, «argumentando que aquellos salvajes mataron la vaca que encontraron, sin pensar que era propiedad de alguien, igual que cazaban un jabalí o un mono», continuó Corchón.

Como el colectivo salvaje estaba asentado cerca, don Isaac sugirió la conveniencia de dejarles comida y se organizaron para ello. «En seguida vieron que se la llevaban, lo que produjo la sensación de que se había acertado. Al poco tiempo, se encontraron con la sorpresa de que, al retirar la comida, los guayakíes correspondían dejando alguna cosa, objetos simples, que no tenían utilidad para los receptores, «pero que evidenciaban que aquel colectivo estaba correspondiendo al trato cariñoso que recibía».

Algo que llamaba la atención era la cantidad de dientes de diversos animales, que depositaban cuando se llevaban la comida. Pero lo que más impactó a los recolectores de mate «fue un collar de más de 600 dientes de mono. Era evidente que perforar todos aquellos dientes había supuesto un gran esfuerzo para aquel colectivo que, como herramientas, sólo contaba con piedras, palos y huesos», añadió Corchón.

Iñaki Oscoz confesó que cuando recibió esta historia «no sabía qué hacer con ella, porque me quedaba un poco grande. Sabía que molaba y que tenía que salir a la luz por Gloria, por Alberto, por la familia y por Irun. Se nos ocurrió una forma de montarla y le pedí ayuda a Daniel Landa para moverla por las editoriales, pero cuando la conoció quiso editarla él mismo. El proceso ha sido complicado, pero maravilloso y creemos que no ha quedado mal. Ya juzgaréis cuando compréis el libro y lo leáis».

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