Amaia Adin (Cantante y compositora): «Creo en las virtudes, en el trabajo y en el estudio, pero no en los dones»

Amaia Adin en su taller de canto y voz, un lugar en el que aprender el oficio de cantante./F. DE LA HERA
Amaia Adin en su taller de canto y voz, un lugar en el que aprender el oficio de cantante. / F. DE LA HERA

Amaia Adin nació cantando, así que desde siempre ha tenido claro que su sitio estaba en el mundo de la música y ha peleado por ello

YLENIA BENITO BIDASOANDV@GMAIL.COM

Nueva York. 1944. A media tarde más de dos mil personas hacen cola en la puerta del Carnegie Hall. Las entradas para ese espectáculo llevan meses agotadas. La artista que ha llenado las butacas del teatro tiene 76 años y se llama Florence Foster Jekins. Dicen de ella que es la peor soprano de la historia, pero también la soprano que ha peleado contra todo y todos para, por fin, subirse a un escenario y hacer lo que más le gusta hacer. Cantar. Así es la música. Quien lo probó lo sabe, sabe que por la música podemos hacer de todo. Desde perder un autobús a dedicar las 24 horas de un día a sacar esa melodía que ronda por tu cabeza. Lo sabía Lady Florence y lo sabe Amaia Adin. Lo que no sabía la soprano es que, tal vez, lo que le falló fue no encontrar una buena profesora como Amaia. Alguien que supiese potenciar las virtudes de su voz y guiase su trabajo, porque si algo es la música es trabajo y constancia. Quien lo probó, también lo sabe.

-¿La música tiene más de trabajo o de don, Amaia?

-De trabajo, sin duda. De hecho, no me gusta utilizar la palabra don. Creo en las virtudes, no en los dones. El don creo que quita trabajo y estudio y si no trabajo, no voy a avanzar. Cuando me dicen que tengo un don siempre digo: 'no, lo que tengo son 20 años estudiando'.

-Hay quien piensa que los cantantes habéis nacido sabiendo cantar.

-Es un tópico, pero yo nací cantando. He cantado desde niña, pero no nací sabiendo cómo hacerlo. Eso lo he aprendido a base de estudio y mucho sacrificio.

-¿En vez de llorar cantabas?

-(Risas) Algo así. Siendo muy pequeña me organizaba mis propios espectáculos en casa y ya decía a todas horas que yo iba a ser cantante.

-Dicho y hecho.

-Sí. El problema es que cuando era pequeña a todo el mundo le parecía muy gracioso lo que hacía, pero no se imaginaban que no era una broma. Cuando la niña se hizo mayor, llegó y dijo: 'ya os dije que iba a ser cantante. No estaba de broma'. Y ahí se complica todo.

«Perdí un autobús a Barcelona por ir a buscar mi cuaderno de canciones, ¡no podía irme sin él!»

-Lo de 'mamá, quiero ser artista' suena muy bonito, pero...

-No es fácil. Eso es así, pero yo siempre lo he tenido muy claro. Además, nunca lo he visto como un sueño del que me iba a rescatar un cazatalentos. Yo desde siempre lo he visto como un trabajo para el que tenía que estudiar. Y es algo que cada vez tengo más claro: nunca voy a dejar de estudiar.

-Es una carrera de fondo, ¿sí?

-Totalmente. Y sobre todo hoy en día con el alcance que tenemos a tantas cosas y con todo lo que se le pide al cantante. Tiene que ser completo. Y, por suerte, a mí me interesó ser ese completo. ¡Ahí empezó mi aventura!

-Cuenta, ¿por dónde empiezas?

-Por buscar. No existe el estudio para ser cantante profesional, pero sabía que algo tenía que haber porque existían las cantantes. Empecé a buscar dónde estudiar. Así, escogí diseño de moda como excusa para poder irme a Barcelona.

-¿Excusa? ¿Te fuiste a escondidas?

-¡Qué va! Solo que me fui sabiendo que yo no quería estudiar diseño de moda. Lo tenía tan claro que cuando fui a coger el autobús con mi maleta y mi guitarra, me di cuenta de que había olvidado mi cuaderno de canciónes. ¡Era lo más importante! Me di media vuelta, perdí el autobús y volví a casa a por el cuaderno. Sin mi cuaderno no podía irme, tenía claro que iba para buscarme la vida en el mundo de la música.

-Barcelona con tu cuaderno de canciones, ¿qué pasa entonces?

-Empecé a estudiar canto. Me formé con mucha gente diferente. Y entonces empecé a descubrir cosas.

-¿Cómo qué?

-Pues en todas partes me pedían algo grabado. Me informé, me gustó y empecé a estudiar producción musical. Me dije que para gastarme dinero en un estudio, mejor estudiaba y aprendía yo a grabarme. Una primera cosa que me enganchó. Luego vinieron más.

-¿Por ejemplo?

-La composición. Ves que lo que escribes es muy bonito, pero que las canciones no tienen lógica.

«Cada día tengo una cita conmigo misma, me siento y escribo porque así salen las buenas canciones»

-¿Las canciones tienen lógica?

-¡Claro! (Risas) Todo tiene un sentido. Cuando empiezas a estudiar, aprendes por qué esa canción suena en la radio y la otra no, por ejemplo. Así me he formado como creadora de canciones.

-¿Existe una fórmula para hacer canciones? Como una receta...

-Algo así, sí. Hay un patrón de acordes, el del canon de Pachelbel, ¿lo reconoces? Es la base de casi todas la canciones. Puedes juntar cuarenta canciones diferentes, ¡todas tienen ese patrón!

-¡Tenemos el éxito asegurado!

-(Risas) Bueno, no es tan fácil. Existen otros factores, pero así se aprende a hacer canciones. Así he aprendido yo, de un lado para otro por Barcelona. Ahora echo la vista atrás y me doy cuenta de que he tenido unos 'profesorazos'. Y no ha sido cuestión de suerte, ni de un don. ¡Ha sido trabajo!

-Seguro que no te quedaste quieta con la fórmula de canciones. ¿Qué más hiciste?

-Encontré un sistema de canto que se llama 'Voice craft'. Este sistema tiene como lema 'la voz no tiene límites, el único límite es la salud vocal'. Defiende que el cantante para ser bueno tiene que tener control de voz. Me gustó mucho y me embarqué en estudiar para ser profesora de 'Voice craft'. Así nació la semilla del taller de canto.

-Volviste de Barcelona para plantar esa semilla aquí en Irun, ¿sí?

-Sí, en Barcelona ya empecé a dar algunas clases, pero vine aquí y empecé de cero.

-Y supongo que habrá evolucionado hasta ser un diez...

-Ha cambiado mucho, sí. Es un taller de voz y canto para crear cantantes. En clase explico qué significa ser un cantante hoy en día porque el cantante no solo canta, también tiene que ser autosuficiente. Enseño a grabar, a tener un mínimo de armonía y de música, a componer... ¿Pero sabes en qué invierto el 80% de la energía?

-No...

-En la parte anímica. Siempre con la verdad, pero intentando levantar a las personas. Desde que entran por la puerta, a mis alumnos los llamo cantantes. Además, trabajo todo desde el optimismo. El no, no existe. Dime qué no te sale y yo te diré dónde ocurre y qué se puede hacer. Intento darle sentido a ese miedo. La voz es el reflejo de nuestro estado anímico y me gusta usar eso a nuestro favor. Puedes venir triste a clase y salir con una canción que te aporta felicidad.

-También hay espacio para quien trabaja con la voz, pero no canta.

-Vienen dobladores y locutores. Con ellos no trabajo por imitación. Si tienes que hacer una abuelita, no vamos a imitar a una, te voy a dar las herramientas para que crees una.

-¿Queda tiempo para la Amaia cantante?

-Esa es mi 'asignatura pendiente', dedicar tiempo a mi proyecto. De momento, cada día tengo una cita conmigo misma. Cada día me siento a escribir. Hay días que empiezo con la lista de la compra, el caso es sentarme, escribir y trabajar. De ahí salen las buenas canciones. Así que estoy buscando el equilibrio entre el taller y mi proyecto personal.