Alejandro García, Omel Domínguez y Óscar Pardo (Bar Ekialde): «Somos tres jóvenes que estamos intentando vivir de nuestro trabajo»

Alejandor, Óscar y Omel tienen el Ekialde lleno de pintxos y buen humor.
/F. DE LA HERA
Alejandor, Óscar y Omel tienen el Ekialde lleno de pintxos y buen humor. / F. DE LA HERA

Tres jóvenes de Sevilla, Hondarribia y Donostia han marcado, con su ilusión y su trabajo, un nuevo punto cardinal en el mapa hostelero de Irun

YLENIA BENITO BIDASOANDV@GMAIL.COM

En Irun ya no importa si uno pierde el norte. No hay problema. Lo que hay que encontrar es el este. Sí, como lo oyen. Desde hace algunos meses, a cualquier hora del día, la brújula puede indicarnos el este. No importa si es la hora del desayuno, la del hamaiketako, la de comer, la del poteo o si ya ha oscurecido. En el este están Alejandro, Omel y Óscar. Son unos 'sherpas' excelentes. Pueden guiarte para coronar un ocho mil o para tomarte una buena cerveza acompañada de un rico pintxo. No busques el norte. Ellos son el bar Ekialde de Irun.

-Ahora el este en Irun está claro, pero dime, Alejandro, ¿cómo lo encontrasteis vosotros?

-Pues todo empezó hace cuatro años cuando entré a trabajar en el Kursaal. Allí conocí a Óscar. Nos hicimos amigos, fuimos a Madrid juntos a visitar a mi hermana y se convirtió en mi amigo y mi cuñado. (Risas) Y a Omel lo hemos conocido hace unos meses en nuestro anterior trabajo. Yo entré a trabajar como encargado en un bar y aunque él se quería ir, lo convecí para que se quedara. Ahí nos juntamos los tres.

«Siempre queremos dar lo mejor a la gente que viene a nuestra casa porque nos ayudan a crecer»«Los del Muro no son competencia, son aliados y amigos, ¡y encima tienen a un Messi con ellos!»

-¿Y quién pensó en montar este 'campamento base', Óscar?

-Bueno, es algo que habíamos hablado antes muchas veces. Sí que teníamos la idea de montar algo, de hacer algo diferente en Irun, innovar... Pero eran solo ideas que se quedaron en el aire mientras trabajábamos juntos.

-Alejandro, tú tienes madera de lider. ¿Fuiste tú?

-Fue cosa de los tres, pero es verdad que Jorge, uno de los dueños del Muro, llevaba tiempo diciéndome que montara algo. Somos amigos desde pequeños, también conozco mucho a Guille y a Julen, y me ha animado muchas veces a hacer algo. De hecho, ya me había hablado de este local como cinco o seis veces.

-¿Qué más se le puede pedir a un amigo? ¡Buscó hasta el local!

-(Risas) Sí, pero a mí este local no me convencía mucho...

-Dicen las leyendas urbanas de Irun que está gafado...

-¡Eso es! Además la gente pensaba que era un lugar turbio, oscuro, con problemas, con olor a 'fritanga'...

-Y aún así, valientes, aceptasteis el reto. ¿Por qué, Omel?

-Yo llevaba unos años desencantado porque no me gustaba el sitio en el que estaba, pero la hostelería me gusta. Me gusta el trato con la gente, hablar con los clientes... Y bueno, también me apetecía trabajar en algo que fuera para mí, así que cuando Alejandro me lo propuso no lo dudé.

-¿Diste el 'sí, quiero' a la primera?

-(Risas) ¡Más o menos!

-Alejandro...

-Es que somos como un matrimonio. De hecho, hablamos de poner fecha a nuestra boda muy a menudo. (Risas)

-Un matrimonio a tres bandas y bien avenido, ¡casi nada!

-Somos un buen equipo, que es lo más difícil de encontrar. Mira, un 'maître' que tuve, que me lo enseñó casi todo, me dijo una vez que sin un equipo no eres nadie. Yo he intentado eso siempre, en todos mis trabajos. Reunir un equipo por el que darlo todo para que ellos también lo dieran todo por mí.

-¿Tomar las decisiones entre los tres, Omel, es sencillo?

-Sí. Lo más importante es eso, que las decisiones se toman entre los tres. O estamos los tres de acuerdo o siempre gana la mayoría. (Risas)

-¿La decisión de aceptar este local fue unánime o necesitó desempate?

-Analizamos los pros y los contras y nos lanzamos. Hemos tenido el apoyo y la guía de los del Muro siempre, ¡eso ha sido muy importante!

-Tenéis los mejores vecinos, Óscar. No son competencia.

-Para nada. Estamos todos de acuerdo en que juntos somos más fuertes y lo estamos comprobando cada día. Los viernes y los sábados la calle Leguia está hasta arriba.

-Omel...

-Nos han ayudado en todo. No son para nada competencia. Yo muchas veces antes de entrar a trabajar voy al Muro a comerme un pintxo. Nunca me lo quieren cobrar y siempre les acabo tirando la moneda. (Risas) ¡Nos llevamos muy bien!

-Ellos también son un equipazo, ¿verdad, Alejandro?

-¡Hombre! Y encima tienen a Messi. Yo por Miguel pagaba todo el dinero de mi cuenta, ¡es Messi! Les admiro. Cuando viene alguien y me dice que se va al Muro, yo le digo: «¡Claro! Vete, es el bar de uno de mis mejores amigos».

-Ya habrá tiempo de fichajes en el mercado de verano, contadme cómo ha sido darle la vuelta al local. ¿Complicado?

-En lo que más tiempo y dinero hemos invertido ha sido en cambiar la extracción del local. Hemos limpiado todo a fondo. Ahora ya no huele a 'fritanga'. Hemos puesto luz, un cañero diferente y... ¡nosotros detrás de la barra!

-Siempre con una sonrisa, pero habrá sido duro. ¿Sí, Omel?

-Sí, no te vamos a engañar. Al principio estuvimos trabajando y montando el bar al mismo tiempo. En nuestros ratos libres veníamos aquí y currábamos, pero ha merecido la pena. Desde el día que abrimos todo está saliendo genial.

-¿Cómo recordáis aquel 11 de marzo, Óscar?

-Feliz. Fue un día muy feliz. Estuvo muy guay. Vino mucha gente, la calle estaba llena de gente celebrando y pasándolo bien.

-Abrir y olvidar todas las complicaciones anteriores, ¿verdad, Alejandro?

-Bueno, hay cosas que no se olvidan. Que tuvimos que atrasar y adelantar la apertura hasta tres veces.

-¿Qué pasó?

-Pues siempre pasaba algo, siempre había algún imprevisto y nosotros queríamos abrir sin problemas. Cada vez que me acuerdo de lo de la tele...

-Omel...

-¡No cuentes eso! Mira, me entra hasta calor... (Risas)

-Alejandro, tienes que contarlo.

-¡Claro que lo voy a contar! ¿Ves esa tele de ahí? Pues para que funcione, tuvimos que pasar un cable de treinta metros. Lo compramos, estuvimos dos horas para colocarlo y cuando llegamos a la tele...¡se había roto! Vuelta a comprar otro, lo colocamos con más cuidado, subimos la tele y...¡la tele rota! A tres días de abrir...

-Sigue tú, Omel.

-Le tuve que pedir a mi padre que me llevara con la furgoneta a comprar otra corriendo. Volvimos al bar y la colocámos entre todos, ¡vinieron hasta los del Muro a ayudar!

-La joya de la corona, Óscar.

-Sí, sí. Ahí tenemos una tele que se ve desde el otro lado de la calle.

-Una razón para elegir el este, el Ekialde. ¿Hay más, Alejandro?

-¡Claro! Estamos intentando hacer las cosas lo mejor posible y ofrecer calidad. Tenemos buenos vinos, buena cerveza y pintxos ricos a un euro. Pero aún así, igual nuestro punto fuerte somos nosotros. Somos tres jóvenes intentando vivir de nuestro trabajo, levantar esto y ofrecer lo mejor. Y sin la gente no somos nada, eso está claro. Por eso, intentamos dar el mejor servicio a esa gente que viene a nuestra casa y que nos está ayudando a crecer. De momento, nos dicen que están contentos y eso nos está dando ánimos para seguir y pensar cosas nuevas cada día.