«La actividad digital es un nuevo elemento evolutivo a lo Darwin»

Kabigorri. Ugalde exhibió conocimientos científicos y dotes de gran comunicador. /  F. DE LA HERA
Kabigorri. Ugalde exhibió conocimientos científicos y dotes de gran comunicador. / F. DE LA HERA

El catedrático Jesús Ugalde habló en Kabigorri de digitalización, inteligencia artificial, moléculas y otras ramas de la ciencia

IÑIGO MORONDO IRUN.

El catedrático Jesús Ugalde ha regresado esta semana al ateneo Kabigorri. El pasado mes de noviembre dio una primera conferencia en la que explicó la historia de la Tierra, con los momentos clave desde la formación del universo (hace 13.000 millones de años) hasta la aparición de la sociedad humana (hará unos 10.000). Esta semana, retomando el hilo cerca de donde lo dejó, orientó su charla a la era geológica del antropoceno, marcada por los efectos de la actividad humana en el planeta y que arrancó en 1950.

«En torno a ese año ocurren varias cosas», afirmó. «La teoría de la información de Shannon, la lógica de los computadores de Neumann, el desarrollo de la física y la química de los semiconductores por Schockley y Brattain, el desarrollo de la cibernética de Wierner... Y todo empieza a acelerarse».

La charla de Ugalde fue toda una clase magistral aunque el científico dejó claro desde el primer momento que no tenía como objetivo que el público aprendiera nada en concreto, «sólo pretendo dar algunas pinceladas para que después podamos mantener una discusión informada, que siempre me parece lo más interesante de encuentros como este».

«Un tiempo excesivo ante las pantallas cambia la plasticidad del cerebro y la estructura neuronal»

Gran parte del discurso de Ugalde giró en torno a la digitalización, que ha marcado esta época geológica del antropoceno. Con comparaciones y ejemplos claros y comprensensibles, el catedrático fue desgranando los aspectos clave de la sociedad digitalizada, la que algunos apellidan 'inteligente'. «En Estonia, los ciudadanos tienen su DNI encriptado y con él no sólo pueden realizar trámites de todo tipo, también acceden a la información que tiene la administración y en la que se basa para tomar sus decisiones. Pero en Estonia han ido más allá y han implantado la ciudadanía virtual. Con el pago de una tasa, cualquier persona del mundo puede hacerse ciudadano virtual de Estonia. Ya hay unos 45.000».

Cuando todos los datos se recogen y se emplean logaritmos para analizarlos, surge la llamada inteligencia artificial, «que ayuda a que se haga un empleo más adecuado de los fondos públicos, por ejemplo, o a prevenir atentados». Tiene su vuelta también, «porque no tenemos un modelo explicativo de cómo funciona para que nuestro cerebro lo pueda entender, no comprendemos porque la inteligencia artificial toma las decisiones que toma». Mostró un gráfico en el que se recoge que, pese a ese desconocimiento, «la inteligencia artificial llevará a automatizar el 30% de los trabajos que hay en Noriega. Y el 70% de los que hay en Eslovenia. No tiene que ver con la riqueza del país. Los factores son otros. En cualquier caso, lo que hemos visto hasta ahora es que los robots no quitan empleos, los transforman.

Ugalde habló de los coches autopilotados que ya usa una compañía de taxis en Phoenix, Estados Unidos, «aunque sólo el 9% de la población parece dispuesta a usarlos y el 52% no los usaría nunca. General Motors va a crear una flota de taxis autoconducidos en otra ciudad este año y Ford lo hará en otra en 2020. Siempre existe una resistencia al cambio en la sociedad, pero no dura mucho tiempo».

Los datos de accidentes avalan los coches sin conductor, pero «¿es la inteligencia artificial mejor que la humana? Deep Blue nos ganaría a todos nosotros al ajedrez, pero en una carrera, le gano yo fijo. Quiero decir, la mente humana resuelve problemas que nunca ha visto y el ordenador sólo resuelve aquello para lo que lo fabricaron». Ugalde no teme la revolución de las máquinas. «La mayoría de expertos coinciden. Es muy improbable que todas las inteligencias artificiales se integren en una sola».

Salud y conocimiento

La digitalización del mundo está teniendo ya consecuencias sobre las personas. Están estudiados y contrastados los efectos que un exceso de uso de pantallas tiene sobre la mente: «desorden de hiperactividad, déficit de atención, adicción a internet y videojuegos, ansiedad... ¡hasta comportamientos suicidas por la privación de servicios digitales!». Pero lo más llamativo es que «se ha comprobado también que produce cambios en el cerebro, en su plasticidad y en la estructura neuronal. La actividad digital es un nuevo elemento evolutivo a lo Darwin».

Otro asunto que Ugalde puso en la mesa fue el de la conservación del conocimiento. La inmensidad digital parece capaz de engullir todo el conocimiento y la información que ha existido y existirá. «El problema es que siempre harán falta tres cosas para poder acceder a la información: electricidad, un equipo informático y un software compatible. Los libros no tienen tantas necesidades. Los coges y los lees...». Además, recordó, la digital «no es una tecnología limpia. Consume muchísima energía y requiere de muchos materiales cuya extracción minera implica la explotación humana y del medio ambiente. En un móvil está presente casi la mitad de la tabla periódica, más de 40 elementos».

Con todo esto y muchas otras cosas que contó y explicó, Ugalde propició un interesante debate con los asistentes a su charla y aunque no se comprometió a una tercera, dejó la puerta abierta de par en par.

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