El sol acompañó a la bendición de los campos

Los baserritarras portan la bandera y la imagen de San isidro Labrador, en la procesión celebrada ayer. / F. DE LA HERA
Los baserritarras portan la bandera y la imagen de San isidro Labrador, en la procesión celebrada ayer. / F. DE LA HERA

Los baserritarras celebraron el día de San Isidro con procesión y misa y una animada fiesta en el monte San Marcial

MARÍA JOSÉ ATIENZA IRUN.

Bajo un sol espléndido y con una temperatura más que agradable, los baserritarras iruneses celebraron ayer el día de su patrón, San Isidro. Por unas horas, dejaron aparcados sus quehaceres con el campo y el ganado y acudieron al monte San Marcial para participar en los actos organizados por la sociedad Irungo Euskal Kirolak, encargada de preparar el programa de cada 15 de mayo, desde hace 43 años.

La jornada festiva comenzó a las 10.30, con la tradicional procesión, en la que la figura de San Isidro fue llevada a hombros por cuatro baserritarras, mientras un quinto portaba la bandera con la imagen del Santo labrador. Alrededor de un centenar de personas, entre ellas el alcalde, José Antonio Santano, y varios miembros de la Corporación, participaron en este acto religioso.

El repique de campanas acompañó a la procesión desde la ermita hasta las campas de San Marcial, donde el párroco, Iñaki Larrea, recitó una oración en euskera, en la que pidió protección a San Isidro. El sacerdote bendijo después los campos y animó a los asistentes a entonar los tradicionales cantos irundarras de la festividad de San Isidro.

«Para encontrar relevo generacional en el caserío, este sector necesita ayudas»

De nuevo en procesión, los baserritarras regresaron a la ermita de San Marcial para asistir a la misa. Un caldo servido en la cantina y una exhibición de deporte rural, amenizada por bertsolaris y trikitilaris dieron paso a la comida de hermandad, que reunió a unas 30 personas.

La fiesta estuvo muy animada, pero, al igual que en años anteriores, la media de edad de los asistentes puso de manifiesto la mayor inquietud del sector. «Nuestra preocupación es que no hay continuidad generacional», decía Juan Cruz Ruiz de Arbulo, presidente de Irungo Euskal Kirolak. «Los baserritarras jóvenes han buscado fuera otros recursos para su economía. Echan una mano, pero en el caserío sólo quedan los mayores. Para encontrar relevo, este sector necesita ayudas en todos los aspectos».

Entre la escasa representación juvenil, Marina, que subió al monte acompañando a su aitona, suscribía las palabras de Juan Cruz. «El aitona ya tiene años y hay que darle ayuda para mantener el caserío. Los fines de semana, echamos una mano, pero quedarnos allí, lo vemos difícil. Hay que meter muchas horas y, hoy en día, no le vemos futuro».