Rafa Insausti (Entre el bar Rafael y el monte): «Los martes cerrábamos el bar y yo me iba al monte, así llevo 50 años»

Después de 50 años recorriendo montes, Rafa ya casi no necesita brújulas y altímetros.
/F. DE LA HERA
Después de 50 años recorriendo montes, Rafa ya casi no necesita brújulas y altímetros. / F. DE LA HERA

Hace casi una década que dejó de estar detrás del mostrador del Bar Rafael, pero no de cumplir la costumbre de ir al monte cada martes

YLENIA BENITO BIDASOANDV@GMAIL.COM

Miguel Delibes escribió una vez que «los hombres se hacen. Las montañas están hechas ya». Después de conocer a Rafa, añadiré que hay hombres que se hacen descubriendo esas montañas que ya están hechas. Con un mapa, una brújula, un altímetro y una curiosidad infinita, Rafa se ha convertido en algo más que el hombre detrás del mostrador del Bar Rafael. Desde hace cincuenta años, cada martes, se embarca en una aventura. Pocos dólmenes le quedan por descubrir, pero la montaña siempre tiene algo nuevo que ofrecer. Y él también. Por eso, no es de extrañar que no vaya solo a esas excursiones. Desde hace años reúne a un grupo de treinta personas para compartir brújula, mapa, altímetro y curiosidad por la montaña. Así se ha hecho Rafa y así se ha hecho a las montañas de nuestro entorno.

-¿Hoy te pillo en llano, Rafa?

-Sí, el día de ir al monte es el martes. Esta mañana he estado haciendo un poco de banco móvil en el club de remo de Hondarribia porque mi día libre solo es el miércoles.

«Aprendí mucho leyendo a Peña Santiago, en sus crónicas hablaba del monte en otra clave» «Me encanta buscar y descubrir dólmenes, los de la Sierra de Aralar los conozco casi todos»

-¿Tu día libre? Creía que te habías jubilado...

-(Risas) Sí, hace nueve años que dejé el Bar Rafael. Entonces algunos familiares me decían: «¿y qué vas a hacer ahora, Rafa? ¿Ya te vas a apañar sin ir al bar? Has estado ahí toda la vida...». Cuando estaba en el bar, eso era lo importante: trabajar. Estaba a gusto, pero cuando ha llegado la jubilación... ¡pues ha llegado!

-No te faltan cosas por hacer...

-No, no. Unos días hago bici, otros voy al club de remo a hacer banco móvil y los martes, sin falta, voy al monte.

-¿Y el miércoles descansas?

-El miércoles pienso la salida del próximo martes. Luego por la tarde siempre hago un pequeño circuito para visitar a los amigos. Voy a visitarles y decirles cinco palabras, sin molestar. Así paso mi día libre.

-En el Bar Rafael tendrías pocos días libres, ¿verdad?

-El martes, el día de ir al monte. ¡Ese era mi día libre! (Risas)

-Supongo que empezaste muy joven en el bar...

-Te iba a decir que nací allí, pero no. Nací en el antiguo Hotel Jauregui.

-¿Y eso?

-Mi padre vino a trabajar de cocinero al antiguo Hotel Jauregui. Yo nací allí, pero cuando tenía dos años mi padre cogió el bar. Entonces era el Bar Marina.

-¿Sabes por qué cogió el bar?

-En el tiempo de la guerra, el hotel cerró en invierno. Mi padre se fue a Francia una temporada, pero al volver estaban disponibles el Bar Marina, el Hotel Franco y la Pensión Chirla. Supongo que por la estructura, el hotel y la pensión serían más caros... Lo más asequible sería el bar y es lo que cogió.

-Y esto fue hace...

-Pues... 72 años. Yo tenía dos años cuando mi padre se puso al frente del bar. Por eso digo que yo nací en el Hotel Jauregui, pero mi hermano y mi hermana en el bar.

-Naciste en el hotel, pero te criaste en el bar...

-Eso sí. Con 14-15 años ya pasaba los veranos o los fines de semana en el bar. Pero también estudié bastante.

-¿Qué estudiaste?

-Primero en Lecaroz y luego me fui a Madrid a la escuela de hostelería, allí estuve hasta los 20 años que me fui a la mili.

-¿Fue duro estar tan lejos de Hondarribia?

-Lo pasé bien, me amoldé rápido. El primer año estudiamos para ser camarero, dirección de hotel y cocina. Después había que elegir en qué te especializabas.

-Elegiste camarero, ¿sí?

-¡Pues no! Elegí cocina, pero nunca estuve en la cocina del Rafael. (Risas) No me preguntes por qué... Empecé en el bar y ahí hice la vida. Me gustaba mucho.

-Han sido muchos años en el Rafael, habrás visto cambiar mucho Hondarribia...

-Muchos años, sí. Pero iba muy a gusto. Una vez escuché a alguien decir que uno es feliz si los días buenos superan, al menos, en uno a los malos. Yo soy de esta teoría. (Risas) Y sí, Hondarribia ha cambiado mucho. Antes, si los pescadores no iban a la mar, se pasaban el día en el bar. Había mucho 'txikiteo', había mucho ambiente en la Marina. Ahora las costumbres han cambiado.

-Y entre el 'txikiteo' y las partidas de mus, ¿tenías tiempo para ti?

-¡Claro! El martes cerrábamos el bar y yo siempre me iba al monte. Todos, ¡eh! Hiciese el tiempo que hiciese, cogíamos dos o tres el coche y nos íbamos al monte. Así llevo 50 años, ¡sin fallar! (Risas)

-¿50 años yendo cada martes al monte?

-Así es. Me gustaba mucho leer a un periodista de este periódico, a Peña Santiago. Él cada semana hacía una excursión y luego escribía una crónica. Yo siempre la ponía en el tablero del bar y luego la hacía, claro. Aprendí mucho con él porque hablaba del monte en otra clave. Sabía mucho de dólmenes, caminos antiguos, cromlech, ermitas... Así empecé a investigar, a marcar a lápiz los dólmenes...

-Empezaste yendo con dos o tres amigos y ahora...

-¡Ahora somos un montón! Este último martes hemos ido 39 personas. Con el tiempo, la gente se ha ido enterando de lo que hacíamos y se ha ido sumando. Ahora seremos una media de 32-35 cada vez.

-¿Cómo se organiza un grupo tan grande?

-Esto es algo informal, no hay compromiso. Nunca sé cuánta gente va a venir. Yo los miércoles preparo la excursión y se la paso a un compañero que la pasa al GPS y la manda al grupo. Así todos saben los kilómetros que vamos a hacer, el desnivel, por dónde vamos a pasar y... ¡dónde comemos! (Risas)

-Es una excursión con comida y todo, ¡qué buen plan!

-Antes llevábamos bocadillo, pero hace tiempo alguien propuso ir a comer un menú del día, votamos y desde entonces también busco dónde comer.

-Después de 50 años, poco te quedará por descubrir en el monte...

-¡Siempre hay algo por aprender! Mira, en la sierra de Aralar habrá 63-67 dólmenes y los conozco casi todos, pero me encanta seguir buscando y conociendo dólmenes, menhires o cromlech. Se aprende mucho en el monte.

-Pero para ir cada martes también habrá que estar en forma, ¿cuál es tu secreto?

-¡No fallar nunca! (Risas)