Madiel Kibangou (Maddi Sormena): «No hago ropa africana, es ropa de aquí mezclando telas y culturas»

Madiel ha unido el estilo africano y vasco en su nueva tienda, Maddi Sormena, de la parte vieja de Hondarribia.
/FOTOS: F. DE LA HERA
Madiel ha unido el estilo africano y vasco en su nueva tienda, Maddi Sormena, de la parte vieja de Hondarribia. / FOTOS: F. DE LA HERA

Nació en Congo, pero lleva una década viviendo y trabajando en Hondarribia porque es muy 'burugogorra' y le encanta vivir aquí

YLENIA BENITO BIDASOANDV@GMAIL.COM

«Si vas a intentarlo, ve hasta el final. De lo contrario no empieces siquiera». Así comienza un poema de Bukowski y la historia de Madiel Kibangou. Nació en Congo/Pointe-Noire, pero su corazón se ha vuelto verde como su querida Hondarribia. Estudió secretaría, pero ha sido peluquera, community manager y repostera antes de ser diseñadora de ropa. 'Maddi Sormena', su tienda y su marca, es el resultado de una filosofía de vida. Esa que no permite rendirse, esa con la que siempre se va hasta el final. En este caso, estamos ante un final-comienzo. Y es que la nueva tienda que acaba de abrir es el final de muchos intentos.

-No eres de las que se rinde...

-No, no. Reconozco que hay momentos en los que he querido tirar la toalla, pero siempre he sacado fuerzas para intentarlo y pelear un poquito más. Así es como se consiguen las cosas y se cumplen los sueños: a base de trabajo y de intentos.

-De intentos tú sabes un rato. Antes de abrir las puertas de 'Maddi Sormena' ha habido otros sueños...

-Así es. Mira, yo estudié secretaría. Lo estudié porque quería mi abuela, a ella le hacía ilusión y no pude llevarle la contraria. (Risas)

-Las abuelas son sabias, seguro que no te aconsejó mal.

-No, no, pero no era lo que a mí me gustaba. No me motivaba, así que cuando vine a Hondarribia, como me gustaba mucho el mundo de la imagen, estudié peluquería.

-Espero no ser indiscreta, pero... ¿por qué cogiste un billete del Congo a Hondarribia?

-Ah, vine con el padre de mi hijo. Él es un hondarribitarra que trabajaba en África, nos conocimos allí y yo vine a Hondarribia.

-No habrías oído hablar de Hondarribia nunca, ¿verdad?

-¡Qué va! Y ahora, aunque ya no estoy con el padre de mi hijo, no cambio esta ciudad por ninguna del mundo. De hecho, creo que soy la única de mi país en Gipuzkoa. Siempre busco a ver si hay alguien más, pero nunca encuentro. El Congo tiene convenios con Francia, pero no con España. Sé que la gente de mi país se traslada a Francia y sé que algunos a Hendaia, que está aquí al lado, pero a mí me gusta Hondarribia. Yo me siento más de Hondarribia que los vikingos. (Risas)

-Benetan?

-Bai, bai, benetan. Mira, después de estudiar peluquería, me contrataron en 'María Jesús Echeverría', pero hubo un momento en el que me sentí sola y decidí volver a casa. Toda mi familia estaba allí y yo aquí me sentía sola con mi hijo tan pequeño. Volví y creo que aguanté tres semanas. ¡Ni un mes! (Risas)

-Tu corazón ya se había vuelto hondarribitarra...

-Mi familia me llama 'la blanca', ¡imagínate! (Risas) No sé, yo ya me había hecho a la vida de aquí y allí, en el Congo, me sentía una extraña. Decidí volverme y volver a intentarlo.

-Si vas a intentarlo, ve hasta el final. ¿Qué hiciste?

-Pues intenté trabajar de peluquera otra vez, pero entonces descubrí que soy alérgica a los productos químicos de la peluquería.

-Vaya, ¿cómo no te diste cuenta antes?

-Bueno, antes notaba algo raro, pero los médicos me decían que era alérgica al polen. No le di importancia, hasta que un día se me hincharon las manos y los pies como si me hubieran echado agua hirviendo.

-Tocaba volver a intentar algo...

-Sí, estuve dos años sin poder trabajar, así que empecé a hacer pequeñas cositas. Comencé a hacer repostería y a estudiar francés con un certificado para poder dar clases.

-¿Te debatías entre ser repostera o profesora?

-(Risas) Sí, hacía pasteles o tartas por encargo. Me lo pedían amigos o conocidos e incluso me planteé abrir un negocio. Ahí fue cuando me acerqué a Bidasoa Activa y conocí a quien me ha ayudado muchísimo: Beno.

-Beno, buen consejero, siempre detrás de proyectos bonitos.

-Ay, sí. Es una persona maravillosa, ¡lo que le he mareado! (Risas)

-¿Por qué?

-Pues porque mi primera idea era montar algo dedicado a la repostería, pero luego cambié radicalmente de idea.

-¿Qué pasó?

-Pues que estudiando un curso de 'community manager', que me recomendó Bidasoa Activa, pensé que podría montar una página web en la que vender mis diseños.

-Espera, entre tartas y pasteles, ¿cómo aparece la costura?

-Fue de casualidad. Cuando fui a mi país traje unas telas de allí. Las tenía en casa y quería hacer algo con ellas, así que un día encontré una máquina de coser en 'Wallapop' y la compré.

-¿Habías cosido alguna vez?

-¡Nunca! Hasta mi hijo me dijo: «ama, ¿qué haces? ¡Si no sabes coser!» (Risas) Pero yo compré la máquina de coser y empecé a hacer cosas pequeñas. Empecé haciendo bolsas de tela. Fueron un éxito, ¡las vendí todas! Entonces, viendo tutoriales en internet, me lancé a hacer faldas y pantalones. Luego quise hacer vestidos, así que busqué la forma de hacer mis propios patrones.

-Así es como empiezan los grandes imperios como Inditex.

-(Risas) Uy, yo voy mucho a Zara y a tiendas así. Voy para inspirarme, para ver qué es lo que se lleva. Yo no hago ropa africana. Es ropa de aquí uniendo mis dos culturas y mezclando telas de África con las de aquí.

-Pero empezaste vendiendo a través de tu página web, ¿sí?

-Sí, 'maddisormena8'. Ahí vendí mis primeros diseños, hasta ahora que ya tengo una pequeña tienda.

-¿Por qué 'maddisormena8'?

-Maddi por mi nombre, sormena por la creatividad que creo que tengo y el ocho porque mi hijo nació un día ocho y yo en el mes número ocho. ¡Así de fácil!

-Ahora no hace falta tener conexión a internet para comprar tus diseños...

-Eso es, estoy en la parte de vieja de Hondarribia. En la calle Juan Laborda, ahí está la tienda Maddi Sormena. Me ha costado, pero lo he conseguido.

-Si vas a intentarlo...

-Hay que ir hasta el final. Ha sido una locura de papeleo y de mucho trabajo, pero Beno me ha ayudado mucho y mis amigos me han motivado todo el rato. Ahora estoy feliz. Después de muchos quebraderos de cabeza, tengo mi pequeña tienda en la que poder trabajar y hacer mis diseños. Es una tienda-taller, así que también hago arreglos o si a alguien le gusta una tela, se la puedo adaptar al modelo que elija.

-Y tu abuela quería que fueras secretaria...

-Pues está encantada con lo que hago porque lo importante es valerse por una misma. Eso y a pelear por lo que una quiere es lo que me enseñó mi abuela.