Ainhoa Gordo (Con buena letra): «Podríamos escribir casi con cualquier cosa, ¡hasta con café!»

Ainhoa Gordo en su lugar de trabajo con sus herramientas preferidas, una pluma y un tintero./FOTOS: FERNANDO DE LA HERA
Ainhoa Gordo en su lugar de trabajo con sus herramientas preferidas, una pluma y un tintero. / FOTOS: FERNANDO DE LA HERA

Una pluma y un tintero son las mejores armas de esta hondarribitarra de 25 años que acaba de apostar por lo que más le gusta: la caligrafía

YLENIA BENITO BIDASOANDV@GMAIL.COM

No nos damos cuenta, pero la caligrafía está en todas partes y por todas partes. Sí, sí. Está en este periódico que estás leyendo. En ese paquete de café que acabas de abrir. En las señales de tráfico que ves a diario. En los libros del cole de tu sobrina. En las cartas que te manda el banco. En las instrucciones de la aspiradora que acabas de comprar. En las recetas del médico (sí, ese jeroglífico indescifrable). Y en la invitación de boda que te acaban de dar tus amigos. Tal vez, alguna de estas caligrafías hayan salido de las manos de Ainhoa Gordo. Nuestra protagonista es de las pocas que aún escribe a mano y con pluma y tintero.

-Ojalá pudiera hacer esta entrevista con una Olivetti...

-La Olivetti tiene tinta, pero es una máquina. ¡Mejor hazla a mano!

-Pero sin bolígrafo, ¿verdad?

-¡Claro! Mejor con una pluma y un tintero.

-Como los periodistas de la Edad Media, ¡qué bonito!

-(Risas) No sé si entonces habría periodistas, pero sí, qué bonito es escribir con pluma oblicua y tintero.

-Así lo haces tú, ¿verdad, Ainhoa?

-Siempre que puedo, sí. No todo se puede escribir con caligrafía inglesa. Qué pena...

-Caligrafía inglesa, suena a que es elegante.

-Lo es. Es de mis preferidas, pero lo cierto es que la combino con otras.

-Seguro que ya de pequeña tenías buena letra, ¿me equivoco?

-No, pero no era consciente de ello. Recuerdo que me gustaba mucho hacer esos cuadernos de 'Rubio', pero no sabía lo que era la caligrafía. La descubrí más tarde en la universidad.

-¿Tus apuntes eran los mejores?

-Los mejores no sé, pero los más bonitos sí. Me gustaba más hacerlos que estudiarlos, claro. (Risas)

-¿Pasando a limpio los apuntes descubriste el mundo de la caligrafía?

-No, fue con un compañero de clase que siempre andaba haciendo letras celtas y góticas. Yo siempre le pedía que me enseñara, me llamaba mucho la atención. Creo que en ese momento nos gustaba porque nos parecían ilustraciones, ahí aún no éramos muy conscientes de que eran parte del mundo de la caligrafía. Estudiábamos diseño, así que ese tipo de cosas nos gustaban.

-A mí diseño gráfico me suena a ordenador, no a plumilla.

-(Risas) Bueno, el diseño gráfico es muy amplio, tiene muchas cosas diferentes. Para mí ha sido el punto de partida. De este modo, uno puede especializarse y hacer más cosas. Existen muchas cosas que sin ese conocimiento, no se podrían hacer bien.

-¿Cómo te especializaste en caligrafía? ¿Eso existe?

-Una especialización como tal, no, no existe. Durante el último año de carrera, propusieron un taller de caligrafía que organizaba la propia UPV. Me quedé sin plaza, me dio mucha pena. Me llamó tanto la atención, que busqué y encontré un master de tipografía y caligrafía. Era en Barcelona, así que me marché a la ciudad condal.

-Aquí empiezas a mancharte de tinta, ¿verdad?

-(Risas) A partir de aquí empecé a hacer más cosas, sí. He hecho muchos cursos centrándome en caligrafía y lettering.

-¿Y qué se hace en esos cursos? Supongo que escribir y escribir...

-Efectivamente. Me encanta eso de irme cuatro días a un monasterio en el que paso casi todas las horas del día sobre un libro, con mi tintero y mi plumilla, escribiendo. Es maravilloso. Vuelves con una paz...

-Así una se volverá experta también en entender todo tipo de letras, ¡hasta la de un médico!

-(Risas) Bueno, una cosa es imitar una letra y otra entenderla, pero sí que ves muchas letras que son casi ilustraciones.

-Hay vida más allá de la 'Times New Roman' o la 'Comic Sans', ¿verdad?

-¡Claro! En lo digital también se pueden hacer muchas cosas. Sí, hay vida más allá de las típicas tipografías del Word.

-¿Cómo surge la idea de ponerte por tu cuenta?

-Bueno, estar quieta no se me da muy bien. Al volver de Barcelona tuve mucha suerte porque siempre dicen que el trabajo no te viene a buscar a casa, pero a mí me vino a buscar.

-¿A casa?

-Sí, sí. Me llamaron para trabajar como diseñadora en una empresa de Irun y ahí he estado dos años, hasta ahora que he decidido apostar por lo que me gusta realmente.

-¿Era difícil compaginarlo?

-Sí, al final me di cuenta que para hacer las cosas bien, hay que dedicarles tiempo. Necesito una jornada completa, así que me dije: «voy a intentarlo».

-Y desde entonces, te enteras la primera de las bodas de por aquí.

-(Risas) Es cierto que hago muchas invitaciones de boda, pero también hago otras cosas. Al final, la caligrafía está en muchas partes.

-Incluso en una boda, la caligrafía no solo está presente en la invitación...

-Así es. Hay gente que piensa: «caligrafía en una boda, ¿para qué?». En muchas de las cosas que se colocan de decoración la caligrafía es la protagonista. Está presente en una pizarra, en el menú, en los números de las mesas, en las señales... ¡en muchas cosas!

-Pero donde tú puedes utilizar tu pluma oblicua es en las invitaciones, ¿sí?

-(Risas) Sí, ahí es donde más la utilizo, pero siempre mezclo. Hay una parte que hago a mano, la caligrafía y las ilustraciones, y otra que es digital. En una invitación, los nombres se pueden poner a mano, pero la fecha y otros datos es mejor ponerlos de forma digital. Todo en caligrafía quedaría muy cargado.

-¿También les aconsejas en cuanto al papel y el diseño?

-En todo lo que puedo, sí. Me gusta combinar diferentes colores, papeles, texturas... Me gusta que el resultado sea algo más que bajar a la imprenta de debajo de casa e imprimirte las invitaciones en un papel estucado brillante. Se seca rápido, queda apañado y listo. Ahora estamos teniendo un pequeño 'boom' en el mundo de la caligrafía, pero yo quiero que el resultado sea especial, diferente y personalizado.

-¿A qué te refieres? ¿La caligrafía está de moda?

-Sí, la verdad es que sí. También están saliendo muchas cosas nuevas como tintas artificiales...

-Que intuyo no te gustan...

-No y además no hacen falta. Realmente, podríamos escribir casi con cualquier cosa: café o el polvo de nogalina. No hace falta complicarse. En realidad, la piedra de tinta china, su barra y agua... ¡Es lo mejor!

-Y un poco de imaginación, que viendo tu web veo que haces más cosas...

-Sí, sí hago más cosas. La caligrafía dirigida a las bodas es el mercado más visible, pero también hago trabajos de diseño gráfico, láminas para regalar, ilustraciones, abanicos... Ya te he dicho que estar quieta no se me da bien. (Risas)

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