Hondarribia con firma Albizu

A la izquierda, Enrique Albizu con una imagen de la Semana Santa hondarribitarra. A la derecha y arriba con el cuadro 'Pescadores' que está en el Ayuntamiento de Irun y abajo, uno de los tres lienzos suyos que adornan el salón de plenos de Hondarribia/
A la izquierda, Enrique Albizu con una imagen de la Semana Santa hondarribitarra. A la derecha y arriba con el cuadro 'Pescadores' que está en el Ayuntamiento de Irun y abajo, uno de los tres lienzos suyos que adornan el salón de plenos de Hondarribia

El pintor Enrique Albizu, pupilo de Montes Iturrioz y considerado uno de los 'Maestros del Bidasoa', habría cumplido noventa años el 15 de julio

YLENIA BENITO

Existe una forma de conocer Hondarribia que no aparece en las guías turísticas. Hay una manera de saber cómo son, o eran, los hondarribitarras sin conocer a ninguno personalmente. Basta con mirar algún cuadro que lleve la firma de Enrique Albizu.

Son incontables sus obras con personajes hondarribitarras o paisajes de la ciudad. Tanto es así, que el pintor recibió en 2005 la Insignia de Oro de la Ciudad. El pleno del Ayuntamiento acordó otorgarle el galardón por «haber llevado el nombre de la ciudad a cuantos acontecimientos artísticos ha participado y por ser el creador de la excepcional galería de personajes propios de este pueblo, tanto de pescadores como de agricultores, además de haber sabido interpretar y plasmar la belleza serena de nuestro paisaje».

Enrique Albizu nació en Valencia, pero pasó la mayor parte de su vida en Hondarribia. Como él solía decir, «no tenía ascendencia ilustrada». Su padre era forjador, pero él no aprendió el oficio. Siendo aún un niño comenzó a interesarse por la pintura en la Escuela Municipal de Dibujo de Irun. El profesor era Gaspar Montes Iturrioz, quien le puso la calificación de 'sobresaliente'. Más adelante ganó algunos premios con sus dibujos, así que se fue a estudiar a Italia.

El país transalpino y Venezuela fueron sus destinos más lejanos. El primero para estudiar y el segundo para trabajar. Emigró a Caracas, pero su añoranza por Hondarribia lo trajo antes de lo previsto de vuelta.

Así, en el pequeño taller que tenía en 'Pinpirin', su casa, realizó la mayoría de sus obras. Lienzos que, sin embargo, han sido expuestos en multitud de salas lejos de Hondarribia. Muchos han vuelto y algunos, por ejemplo, decoran las paredes del salón de plenos del Ayuntamiento de la ciudad.

Retratista

Los retratos inundan la extensa obra del hondarribitarra. Por sus pinceles han pasado arrantzales, José Miguel Barandiaran, los retratos de los alcaldes de Irun, niños, aitonas... Albizu exploró a conciencia el universo. No solo hondarribitarra, sino bidasotarra.

Cuenta su hija Oaya que «le gustaba ir al puerto-refugio para ver la descarga de los barcos y observar a los pescadores para luego plasmarlos en su obra. También pasear por Santiagotxo, para ver los caseríos, hablar con los caseros y después pintarlos».

El pintor, por su parte, decía que «el arte del retrato es la interpretación de los rasgos físicos, de la mentalidad y de la fisonomía espiritual de la persona que uno va a llevar al lienzo». Y es que en muchos casos, esos retratos tenían nombre propio. En ellos podemos reconocer a hondarribitarras como 'Tomás, el carnicero' (1972) o al 'Gabarrero' (1987).

El estilo Albizu

Enrique Albizu dejó constancia en uno de sus últimos escritos que «siempre he sido fiel a mí mismo, con el apoyo amoroso y constante de María Josefa, mi esposa». Sus obras las clasifican dentro del realismo. Bien es cierto que mirar sus cuadros es como mirar la realidad, pero a Albizu le gustaba matizar el significado de realismo. «Disiento de que realismo en pintura es 'la representación de las cosas tal cual son'. ¿Puede alguien dudar de que Goya no es Velázquez, o Ticiano no es Boticelli? ¿No es distinta la realidad para cada uno de ellos?», escribió en el libro que se editó para una exposición en 1994.

Cuando a Albizu le preguntaban qué era la realidad para un pintor, respondía que «para mí la realidad es inaprensible, emocionante incentivo, que hace vivir al pintor una constante vigilia. El misterio de la luz delimitando las formas; envolviendo y poetizando la 'realidad' en la que el pintor se introducirá, intentando desvelar ese misterio, para infundir a la realidad, como una segunda vida».

Eso es precisamente lo que tiene Hondarribia en los cuadros de Albizu, una segunda vida. Los personajes, los lugares, los momentos y los paisajes de la ci udad tienen vida en esos marcos. Es la Hondarribia con firma Albizu.

 

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