Cuestaciones a ritmo de cencerro

Niños y jóvenes participantes en la cuestación de Zubieta. /
Niños y jóvenes participantes en la cuestación de Zubieta.

Un año más los niños de Zubieta fueron los protagonistas la víspera de Reyes por la mañana | Zubieta, Ituren y Aurtitz son de las pocas localidades en las que se conserva la tradición de la cencerrada de víspera de Reyes

ALICIA DEL CASTILLO MALERREKA.

A pesar del frío, los niños de Zubieta volvieron a recorrer, vestidos de calle y bien abrigados, con las pieles en torno a sus riñones y con los joares o cencerros a sus espaldas, las calles de la localidad la mañana de la víspera de Reyes para protagonizar una cuestación.

Se trata de una de las pocas localidades de la comarca, junto con Ituren y su barrio de Aurtitz, donde se sigue celebrando la tradicional cencerrada infantil del 5 de enero.

Como todos los años, para las 7 de la mañana se empezó a escuchar en Zubieta el sonido de los joares. Los pequeños y jóvenes, comenzaron con la visita a los caseríos de los barrio de Mendrasa y Aurkidi. Hacia las 9 de la mañana llegaron al pueblo para dar una vuelta y visitar las casas del casco urbano y después, llegar también hasta los barrios de Amezti y Azkota. Como explica Izaskun Zubialde, «en cada casa y caserío hacen una parada tras hacer sonar los cencerros, para recibir a cambio, la voluntad de cada vecino. Posteriormente se hace el reparto de lo recaudado entre todos ellos». Este año, más de treinta niños han participado en este día.

Cencerradas

Las cencerradas infantiles del 5 de enero, víspera del día de Reyes, han

desaparecido en muchas localidades navarras. El significado de esta fiesta parece ser el que «el sonido de los cencerros actúe de faro acústico para que los Magos de Oriente, que caminan entre montes, bosques y caminos, a veces envueltos en nieblas, a veces un tanto confusos entre la nieve, no se pierdan y lleguen al pueblo desde el que se les llama para que puedan dejar su carga de regalos y juguetes en todos los hogares», según explica el elizondarra Gabriel Imbuluzqueta en un estudio realizado hace años sobre este tema. «La base de la fiesta consiste en que, por la mañana o por la tarde del 5 enero, los niños salen a la calle con cencerros, campanillas o esquilas, y en determinados lugares con tapaderas, cubos, latas, botes, etc., para correr alocados por calles y caminos que conducen a los montes cercanos con el fin de transmitir más allá del horizonte cercano la señal localizadora del lugar, haciendo sonar los instrumentos, carrera tras carrera hasta no poder más, aunque los niños en este día de ensueño siempre pueden más».

En Zubieta, Ituren y Aurtitz, a partir de las 12 de la noche es cuando la cencerrada de la víspera de Reyes alcanza su mayor dimensión etnológica ya que los joaldunak adultos hacen sonar durante casi toda la noche, sus cencerros, mientras los pequeños los escuchan, desde sus camas, con la tranquilidad de que los Reyes encontrarán el camino.