El cedro del Líbano del jardín de Bertiz revive a sus 130 años

Consejeras, alumnos y profesores ante al cedro intervenido. /  A.D.C.
Consejeras, alumnos y profesores ante al cedro intervenido. / A.D.C.

Estudiantes de la Escuela de arte de Pamplona lo han transformado en una instalación artística

ALICIA DEL CASTILLO OIEREGI.

A sus 130 años el cedro del Líbano del jardín botánico de Bertiz había llegado al final de sus días. «Probablemente fue plantado por Pedro Ciga y Dorotea Fernández, era una pena que desapareciera, no queríamos cortarlo y surgió la idea de hacer algo con él», apunta Gregorio Oyaregi, director del Parque Natural. De ahí surgió el contacto con la Escuela de arte de Pamplona y ayer mostraban los frutos del trabajo del último año: el cedro sigue en pie y en su tronco se han abierto unas hornacinas que acogen las tallas de animales creadas por los alumnos.

Las consejeras de Educación, María Solana, y de Desarrollo Rural Medio Ambiente y Administración Local, Isabel Elizalde, inauguraban ayer esta instalación artística realizada en un árbol centenario del Jardín histórico artístico. La iniciativa ha transformado un ejemplar de cedro del Líbano de 130 años que se había secado en un expositor de esculturas de madera.

En el acto de inauguración participaban también el director de la Escuela de arte de Pamplona, Pedro Sorbet Recalde; los profesores y profesora Iñaki Otsoa, Héctor Urra y Zuriñe Urbeltz, así como cuarenta alumnos del ciclo Técnicas escultóricas y el responsable del Parque Natural, Gregorio Oyaregi, y personal técnico.

Elizalde explicaba que la intervención tiene como objetivo «tomar conciencia de la importancia de conectar la naturaleza, el arte y la educación y de ese modo, se ha conseguido dar una segunda vida a un magnífico ejemplar. La majestuosidad del árbol hizo replantear a los gestores del Parque Natural la posibilidad de mantener un vestigio del mismo como recuerdo de sus impresionantes dimensiones, de manera que no se podía limitar la actuación a su mera eliminación y reposición».

Solana agradecía a la Escuela de arte de Pamplona su aportación ya que «la colaboración entre diferentes agentes y disciplinas hacia un mismo objetivo siempre funciona. La educación en arte ambiental es un ejemplo de ello, puesto que propone que el alumnado se reencuentre con su entorno natural y además le ofrece exhibir su trabajo fuera del aula, en un museo natural».

La actuación se ha desarrollado en un cedro del Líbano de extraordinarias dimensiones: 31,5 metros de altura y un diámetro normal a 1,30 m de altura de 148 cm. El ejemplar, plantado hace 130 años, se había secado, por lo que ha sido preciso intervenir para garantizar la seguridad de los visitantes, eliminando así riesgos de accidentes y planificar su reposición.

La propuesta de la Escuela de Arte de Pamplona mantiene catorce metros del tronco del árbol con sus ramas más significativas. En él se han horadado cinco hornacinas que albergan esculturas en madera sobre la fauna de la zona realizadas por lalos estudiantes del ciclo de escultura. El trabajo finalizaba en septiembre de 2018.

«Importante potencial»

Después de tratar con diversos artistas de la comarca, en 2017 se ofertó el árbol a la Escuela de Arte de Pamplona que, tal y como relatan los responsables del Parque , «supo interpretar nuestras inquietudes y voluntades, apreciando en el árbol un importante potencial y oportunidad de trabajo para sus alumnos del ciclo Técnicas escultóricas asumiendo la estrategia del Espacio natural protegido».

El profesor Iñaki Otsoa, el proyecto 'Nueva vida para el Cedro de Bertiz' ha sido «uno de los más ambiciosos y satisfactorios de cuantos han abordado por sus dimensiones, la belleza intrínseca del árbol monumental y la buena disposición de los gestores del parque para proporcionar los medios técnicos y humanos necesarios y para entender los ritmos de trabajo de un centro educativo». «Es muy importante la colaboración con agentes externos en proyectos reales que supongan una exigencia también real para nuestro alumnado y que, a la postre, conlleven la colocación de obra suya en nuestro entorno». El presupuesto para la adecuación del cedro del Líbano asciende a de 6.600 euros: la mayor parte se destinó al apeo controlado de la copa y ramas del cedro.

Las obras actualmente expuestas son un búho, talla realizada por Camilo Castaño Parra; un alimoche, por Luis Ascunce Ansorena; un trepador azul, por Natxo Loyola Eraso; un oso, por Marta López Antón; un herrerillo capuchino, por Bea Itoiz Mugueta; un lobo, por Estefanía Rubio Alfaro; un zorro, por Tasio López de Gereñu Chocarro y un ave, por Larraitz Ruiz Zeberio. Desde la escuela proponían ayer la posibilidad de que en un futuro las obras pudieran cambiarse por otras.

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