Bera homenajea a las víctimas del 36

Un momento de la inaguruación de la escultura en la Plaza del ayuntamiento. / A.D.C.
Un momento de la inaguruación de la escultura en la Plaza del ayuntamiento. / A.D.C.

Frente a la cantera se han colocado un mural y una placa explicativa, y una escultura en la Plaza

ALICIA DEL CASTILLO BORTZIRIAK.

«Argaitza es un lugar oscuro, triste, no sólo por su apariencia, sino también por su historia», recordaba Jon Abril el domingo en el homenaje que Bera rendía «a todas las víctimas de la Guerra del 36, personas represaliadas, encarceladas, asesinadas, personas que tuvieron que abandonar sus casas, y, en definitiva, a todas quienes sufrieron aquella barbarie».

De espaldas a la cantera, a Argai-tza, «probablemente el lugar de Navarra donde más personas se asesinaron», los asistentes al acto parecían mostrar de forma simbólica su repugnancia por lo ocurrido y que no olvidan los hechos ocurridos. Más de 130 personas fueron ejecutadas en esa cantera, «por lo que merece ser reconocido como uno de los principales puntos memorialísticos de la represión franquista».

Los actos fueron sencillos, pero emotivos. Se presentó un mural realizado por Nahia Semper, Nerea Fagoaga y Andrea Gouraud, en memoria de los olvidados, también, un panel explicativo con lo sucedido en la localidad en aquellos años y se pudo escuchar a Katti Irastortza al violín, mientras se depositaban flores ante el mural, y a Petti. Se leyeron textos de los Baroja y del historiador local Fernando Mikelarena, en los que se recogían testimonios muy duros, de lo sucedido en la cantera. «Se hablaba en el pueblo, con gran misterio y por los rincones, de los camiones que llegaban de noche y paraban en la cantera... La gente que vivía en los caseríos de encima de la cantera salía de noche de sus casas para no oír las ametralladoras ni los lamentos...Parece ser que la cantera de Vera es un lugar de fusilamiento, que va tomando unas proporciones horribles. Se fusila de noche...», son fragmentos de los textos que se leyeron.

A continuación, los actos se trasladaron a la Plaza del ayuntamiento. En ese lugar convocaron con un bando en el 36 a muchas familias de Bera, a las que dieron tres opciones: «o a Gipuzkoa, o a Francia, o a fusilar». Muchos tuvieron que huir.

De nuevo se vivió una escena simbólica. Se habían preparado sillas en la Plaza, para los asistentes. Pero de pronto comenzó a llover y las sillas vacías, bajo la lluvia, parecieron recordar a todos aquellos vecinos que se vieron obligados a dejar sus casas y su pueblo.

Dos jóvenes, Suhar Iratzoki y Ka-ttalin Berasain, interpretaron un aurresku de honor y después tomaron la palabra Silvia Mazizior y Ane Miren Seminario, familiares todos ellos de represaliados. «Ya no se puede hablar de justicia y reparación... han pasado 82 años. Pero sí se puede hablar de reconocimiento», decían llenas de emoción. A las víctimas, «sobre todo les decimos que gracias por su dignidad».

Acompañaron a los descendientes de las víctimas y a los representantes municipales -el alcalde, Josu Iratzoki , y el concejal Aitor Elexpuru-, el director general de la dirección general de Paz, Convivencia y derechos humanos del Gobierno de Navarra, Alvaro Baribar y parlamentarios como Virginia Aleman.

Refugiados bajo los arcos del ayuntamiento, en cuyo sótano se situaba el calabozo, se desarrollaron los actos. El tiempo dio una tregua justo en el momento de inaugurar la escultura realizada por Mikel Iriarte Antxorena, que explicaba que consta de tres partes, todas en acero corten. La escultura en sí, representa las personas y se sitúa en una de las esquinas exteriores del ayuntamiento, las placas en el suelo en memoria de los olvidados y también unas huellas en el suelo, en recuerdo de todas aquellas familias a las que obligaron a dejar su hogar.

Los emotivos actos finalizaron con dos interpretaciones de la Coral de Bera. Todas estas actividades han sido organizadas por el Ayuntamiento de Bera, junto con voluntarios del municipio.

 

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