Luis Laguardia Zubia (Socio y propietario de 'Amuebladora de Gros', en Irun): «Trato muy bien a mis clientes porque a ellos les debo lo que soy»

Luis posa en su tienda del Paseo Colón junto a sus 'amigos' los muebles.
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Luis posa en su tienda del Paseo Colón junto a sus 'amigos' los muebles.

Es un profesional de la venta de muebles y de todo lo que esta profesión conlleva. También, un enamorado de Irun, aunque vive en Hondarribia

MAÑUDE LA PUENTE DELAPUENTEMANU@YAHOO.ES

Nació hace sesenta años en el Paseo Colón y en la casa cuyo bajo alberga la tienda 'Amuebladora de Gros', una empresa familiar que igual no llega a la cuarta generación. Es la posibilidad que a corto plazo apunta Luis Laguardía Zubía, de 60 años y con cuerda para rato. Casado con mi buena amiga Maite Martínez Rodríguez, es el aitatxo de Luis (Natalia) y Javi (Laura) y el aitona de Marco (cinco años) y Cloe (2). Hijo de Jesús y Juanita (ambos fallecidos), pertenece a una familia muy conocida en Irun. Sus hermanos son Jesús, Coro, Marijose, Beatriz, Rosi, luego sigue él y cierra Pedro. Estudió en San Marcial y Lekaroz, para continuar en La Salle Profesional, con una Maestría de Carpintería. También ha realizado cursos de decoración y diseño por ordenador. Empezó a trabajar con veinte años y lleva cuarenta de actividad en la empresa que fundó su abuelo Atilano en 1950. Luego continuó su aitatxo Jesús, a quienes siguieron en la tarea Luis y Pedro, cada uno en su punto de negocio que comparten como propietarios y socios. Nuestro interlocutor es una persona de conversación fácil a quien le encanta caminar por nuestros montes, lo mismo que estar y disfrutar con su familia.

-¿De quién heredaste el nombre?

-De mi abuelo materno.

-Te conozco un pelín y sé que eres como muy de Irun.

-Y es así, aunque llevo trece años residiendo en Hondarribia. Siempre he sido una persona muy identificada con el pueblo, donde he vivido y he trabajado muy a gusto. Bueno, sigo en ello.

-¿De estudios, qué tal? Cuéntame lo de Lekaroz...

-No era el mejor de la clase, pero me defendía y al final sacaba todo. Lo de Lekaroz, muy sencillo: éramos siete hermanos y todos menos Pedro conocimos internados. Los aitas bastante tenían con el trabajo. Y te diré que Lekaroz imprimía carácter. Cuando venía una señora a visitarnos, familiar o conocida, el beso en la mano era saludo obligado.

-¿Qué recuerdos guardas de tu juventud?

-Bueno, era un chaval revoltoso y muy movido. Lo pasé muy bien, con mucho fútbol, mucho frontón y mucho monte. Bueno, las cartas tampoco faltaban en mi entorno. La Atsegiña y el Pasaka eran testigos de nuestras grandes partidas de mus, tute y truk.

-Y a trabajar con 20 años, ¿no?

-Sí, al terminar los estudios. Me gustaba el oficio y, además, todos los hermanos siempre hemos ayudado a los aitas en la tienda. Yo me quedé fijo y es que mi futuro se había enfocado siempre hacia la tienda. Pedro y yo estábamos poco menos que 'condenados' a seguir en el negocio. El resto de los hermanos ya tenían sus vidas encarriladas.

-¿Qué recuerdos guardas de tus padres?

-Excelentes. Mi padre me enseñó el oficio. Fue un buen padre y un buen jefe. Y mi madre, también. Era una gran vendedora y aún siendo donostiarra de origen se ganó a medio Irun.

-Y tomas el mando de la tienda, que es un auténtico clásico en Irun.

-Entre las que hoy existen, es la más antigua, con 66 años de actividad. Mi abuelo Atilano, que era el ebanista del hotel María Cristina, compró el espacio, construyó la casa y montó la tienda. Y fue abriendo otras en Donostia (la originaria), Irun, Eibar, Andoain y Pamplona. Todo para sus siete hijos. Ahora estamos Pedro y yo, que nos compenetramos a la perfección. Yo en la tienda del Paseo Colón y él en la de sistemas de descanso de la calle Fuenterrabia.

-¿Cómo fueron tus inicios profesionales?

-Como todos, aprendiendo desde abajo. Empecé montando muebles por las casas.

-¿Qué vendiais entonces?

-Sobre todo, muebles de hogar, como sofás, dormitorios, lámparas, salones... Se vendían a buen precio y el negocio también era bueno.

-Y llegan las crisis.

-Y en 1992 se notó la de la aduana, que fue más coyuntural que otra cosa, pero con las lógicas consecuencias económicas. Se notó, pero no demasiado. Mucho peor es la crisis de la que dicen que estamos saliendo. Ésta sí que es económica.

-Pero siempre habéis salido de todas, ¿no es cierto?

-Sí, parece que vamos retomando posiciones y sacando la cabeza. Ahora tenemos mucho cliente joven. Es el punto fuerte de nuestro trabajo.

-¿De dónde es la clientela?

-Sobre todo de Irun y Hondarribia y también de Navarra hasta el Baztán lo mismo que de Iparralde. Hemos captado mucho cliente gracias a los precios que ofrecemos y que son muy competitivos. Antes se vendían piezas macizas, con más madera y de alta calidad y precio. Ahora, conservando los estándares de calidad, es otro mueble y con precios más asequibles que entonces. Hay que estar al día, asimilar los cambios y adecuarse a las necesidades del cliente.

-Además, tú eres como muy peleón, ¿no?

-Pues sí, tengo un carácter fuerte y soy un luchador. Tanto mi hermano Pedro como yo nunca hemos tenido miedo a trabajar y metemos todas las horas que haga falta.

-¿Os afecta la venta por internet?

-Se nota, sí y éste es un tema delicado. No hay que olvidar que la venta del mueble es más que una transacción. Que nadie se olvide de que hay que transportarlo y montarlo.

-¿Y qué me dices de ese 'gigante' que hay en Baiona?

-Tres cuartas partes de lo mismo y añado que los precios no son tan baratos como dicen. Nosotros ofrecemos mejores condiciones en muchas situaciones de venta.

-La atención personalizada también cuenta...

-Por supuesto. Yo trato bien a los clientes porque a ellos les debo lo que soy. También procuro aconsejarles. Todo es poco.

-¿Y vuestro futuro inmediato?

-Yo me veo en la tienda hasta los 65, siempre con Pedro al lado. ¿Sucesión familiar? Me da que no llegamos a la cuarta generación. Sería una pena, pero...

-¿Y cómo te encuentras?

-Hecho un toro. Los clientes mantienen mi ilusión por trabajar.

-¿Y qué tal te cuida Maite?

-Genial, Mari Tere me hace sentirme como un rey y eso me ayuda en el día a día. Eso vale todo.

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