Un cambio que azota nuestras costas

Un cambio que azota nuestras costas

La alteración climática es un hecho y ya no es evitable, por lo que ahora se trata de minimizarla e invertir en medidas preventivas

IÑIGO MORONDOIRUN.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, IPCC por sus siglas en inglés, es la referencia mundial en evolución climática. Sus informes, cinco desde 1990, son la base para las previsiones de centros de conocimiento e instituciones. En 2007, estimó que la subida del nivel del mar para 2100 sería de entre 18 y 59 centímetros. Su último informe, de 2014, eleva esa previsión a entre 25 y 82 centímetros y certifica, con un 95% de probabilidad, que la acción del hombre está detrás del cambio climático que sufre el planeta.

Los 24 ponentes (representantes institucionales, expertos e investigadores) que reunió el congreso Uhinak sobre cambio climático y litoral, celebrado esta semana en Ficoba, no albergan duda de que ese cambio es ya una realidad. No pretendieron en ningún momento defender su tesis, la dan por aceptada, pero hay datos de sus estudios que lo hicieron por ellos. La temperatura media del planeta sube y Euskadi, datos de Aemet en mano, no es una excepción. El nivel del mar también aumenta: durante el siglo XX, en nuestras costas, a 2 milímetros anuales, cuando antes el crecimiento era de apenas medio milímetro al año. Ahora, a razón de 3 milímetros anuales, va más rápido aún.

El Gobierno Vasco abrió en 2002 una línea específica para financiar estudios y proyectos y cuyo fruto es la Estrategia Vasca contra el Cambio Climático, un documento aprobado el pasado mes de junio y que prevé que, hacia el año 2100, el mar Cantábrico se eleve casi medio metro sobre su altura media actual. Aún peor, esa previsión «parte del informe IPCC de 2007», señaló Ainhoa Caballero, de Azti, por lo que cuando se actualice a los datos que el organismo internacional publicó el año pasado, será aún más pesismista.

Según lo presentado en Uhinak, el litoral 'natural' (playas como la de Hondarribia y marismas como las de Jaizubia y Plaiaundi), tienen mayor facilidad de adaptación y resistirán bien. Pero los efectos sobre la costa construida (playas urbanas, puertos o el propio aeropuerto) serán severos «porque el cambio climático puede ir más allá de los escenarios extremos que se tuvieron en cuenta al construir muchas de las infraestructuras», comentó Ángel Borja, también de Azti.

Una y otra vez se habló en la primera jornada de Uhinak de la «vulnerabilidad» de nuestras costas y, a cada mención, era inevitable el recuerdo de los primeros meses de 2014, con aquel gran temporal que tanto dañó la cornisa cantábrica, donde Gipuzkoa no sólo no fue excepción sino lo contrario, uno de los territorios más afectados. A aquel fenómeno de 2014 dedicó el congreso la mañana de su segundo día. Galo Díez, del Ministerio de Medio Ambiente, cifró en «15,4 millones de euros la inversión en reparaciones realizada en Gipuzkoa, la mitad del total gastado». La mayor parte fue para reparar el espigón de la Zurriola donostiarra y para construir una defensa frente a éste, en la otra margen de la desembocadura del Urumea. También hubo sucesivas actuaciones del Gobierno Vasco en espacios de su competencia que explicó la directora de Infraestructuras del Transporte, Almudena Ruiz de Angulo, aunque sin ponerles cifra.

Tormenta de temporales

Más interesante fue saber que las tormentas del 2 de febrero y del 3 de marzo de 2014 (los dos días en los que se causaron los mayores destrozos) no se salieron de las tablas ni en precipitaciones ni en vientos ni en oleaje. En la década previa, se habían producido hasta cuatro tormentas más potentes que la más fuerte de aquel invierno que, además, no tuvo lugar ninguno de esos dos días. Cualquiera de esos temporales se puede repetir con una regularidad aproximada de un lustro o una década.

Lo que hizo diferente aquel invierno fue una concurrencia de factores. Desde luego, las tormentas en alta mar eran fuertes y su llegada a tierra también. Coincidieron además, en muchos casos, en momentos de pleamar y llegaron desde la dirección en la que la costa se presenta más vulnerable. Pero sobre todo, fue la recurrencia lo que acabó por destrozar el litoral. Fue «el efecto acumulado», señaló Pedro Liria, otro científico de Azti. Liria contextualizó aquel gran temporal como lo que fue, una tormenta de temporales, y habló de un estudio previo que realizó para definir las zonas expuestas al riesgo de inundación por fuertes oleajes. «Utilizamos un temporal teórico, de características excepcionales, pero posible». El temporal de 2014 dio la razón a aquel estudio, y verificó sus previsiones, algunas llamativas, como que las olas podrían alcanzar el primer piso de unas casas de Zarautz. Con la altura media del mar más elevada, los efectos, lógicamente, serán peores.

Más lluvia en menos días

En esa previsión falta el factor de 'radicalización de la meteorología'. Robert Mojo, de la Fundación para la Investigación del Clima, expuso sus escenarios futuros de precipitación extrema para el País Vasco: periodos más largos de días secos, menos días con precipitaciones y notable intensificación de lluvia anual y «de eventos extremos». Más agua en menos días con temporales más duros.

De ahí que no sea extraño que en la aplicación de la Directiva de Inundaciones para Euskadi, elaborada por la Agencia Vasca del Agua URA y contada en Uhinak por Christian Stocker, se atienda especialmente al riesgo de riadas. «Los daños pueden ser más importantes. Sólo la crecida del Urumea en 2011 ha causado el mismo coste que los daños en el litoral en una década». El documento propone una serie de obras de protección que, en lo que se refiere a la comarca, detalla la sustitución de algunos puentes en Jaizubia y, «aprovechando futuras reformas urbanísticas, muros de contención en Behobia».

Lo más difícil de asumir en Uhinak fue la certeza de que este futuro es ya inevitable. Para que la realidad se ajuste a las previsiones más optimistas y no a las más pesimistas, caben ajustes como los que propone la Estrategia Vasca para el Cambio Climático: favorecer un modelo energético bajo en carbono, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero hasta un 40% para 2030 y un 80% para 2050, reforzar las infraestructuras, renaturalizar espacios, gestionar bien los residuos... Será caro, sí, pero no hay duda al respecto. «El coste que tendrían los impactos sería siempre mayor que adaptarse previamente a ellos», afirmó con contundencia Elisa Sainz de Murieta, del BC3, el Centro Vasco para el Cambio Climático.

Una cita internacional que confirma su deseo de repetir y de crecer

Uhinak, Congreso de Cambio Climático Litoral, ha sido una iniciativa conjunta de Ficoba y el centro de investigaciones Azti. El resultado de esta primera experiencia, con más de 140 asistentes acreditados (doblando casi la previsión) y la calidad de las ponencias escuchadas han llevado a los coorganizadores a anunciar que Uhinak continuará con la duda de su periodicidad, que «se confirmará próximamente». Uno de los éxitos del congreso ha sido su cualidad de internacional, con notable presencia de expertos de Aquitania y del País Vasco tanto entre los conferenciantes como entre los asistentes. «El cambio climático no conoce fronteras y por eso apostamos por un evento transfronterizo en contenido y en instituciones colaboradoras», decía el gerente del ferial, Ander Sarratea. Entre ellas estaban Gobierno Vasco y Diputación de Gipuzkoa, Consejo de Pirineos Atlánticos, Consejo de Aquitania y Aglomeración Sud Pays Basque. El deseo para ediciones futuras es incorporar «nuevas áreas geográficas e involucrar aún más al sector empresarial», que ya estuvo presente.

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